Opinión Editorial de MDZ

Los ingresos de Kerchner y los egresos de la Administración Pérez

La oposición distrae y se entretiene con denuncias sin fondo real, cuando deberían investigar realmente a fondo muchas cosas, inclusive su propio paso por la Administración.
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Los ingresos de Kerchner y los egresos de la Administración Pérez(Alf Ponce / MDZ.)

Los ingresos de Kerchner y los egresos de la Administración Pérez | Alf Ponce / MDZ.

Los ingresos de Kerchner y los egresos de la Administración Pérez(Alf Ponce / MDZ.)

Los ingresos de Kerchner y los egresos de la Administración Pérez | Alf Ponce / MDZ.

Esta es una historia de muertos que se admiran del degollado. Arranca con una gestión provincial que, con la imposición de Francisco Pérez como candidato a gobernador y su triunfo electoral, continuó con un descalabro histórico y estructural de Mendoza.

A poco de gobernar, el mandatario y el equipo que conformó, integrado por referentes de prácticamente todos los sectores de su partido, llevaron adelante una gestión que malusó los fondos provinciales y que hasta despilfarró recursos cuya existencia ni siquiera estaba garantizada. Lo hizo, a sabiendas de su debilidad política. Con el supuesto fin de frenar los reclamos gremiales, sus movilizaciones y carpas en la Legislatura, les dieron más de lo que pedían y hundieron a la provincia en la incertidumbre.

Sus funcionarios fueron vistos crecer en lo personal, pasando a habitar grandes propiedades y conducir lujosos vehículos, al mismo tiempo en que la Justicia miraba para el costado y Mendoza aceleraba un irremediable derrumbe.

Sin que la centenaria Constitución permitiera la vital herramienta que representaría la posibilidad de una elección revocatoria de mandatos a medio término, tuvimos que aguardar hasta el final, como corresponde. El voto popular los desalojó del poder y, sin ofrecer consideraciones de valor sobre lo que votó, sobrevino una nueva Administración.

A unos catorce meses del nuevo comienzo, la misma troupe que aplaudió a funcionarios como Ricardo Jaime, Julio de Vido o José López, y aduló a Cristina Fernández de Kirchner, pero sobre todo, que usaron los fondos de Mendoza como moneda de pago por alargar su agonía política, salieron a platear públicamente un presunto hecho de corrupción: el ministro de Hacienda, Martín Kerchner, cobraría "tres sueldos", dijeron primero, para corregir luego a "tres ingresos" y agregarle, recientemente, la posibilidad de un cuarto.

Cuando Kerchner asumió no tuvieron nada para decir sobre su capacidad para ejercer tal vez el más crucial cargo del Estado en esta coyuntura: el de ordenador y administrador de sus fondos. El funcionario ya tenía en sus espaldas 20 años que podrían haber sido auscultados en detalle. Y si lo hicieron, no hallaron nada.

Ahora, cuando braman en tono de "denuncia" lo que todo el mundo conoce como gastos propios de la Administración, que la gestión Pérez cobró en silencio y sin que nadie lo subrayara, atento a su legitimidad expresa, pretenden con eso justificar un triste rol que cumplen como opositores.

Una oposición está para encontrar otros caminos y desentrañar la corrupción; para acercar otras voces a los proyectos y, juntos, sostener los pilares de la institucionalidad y, con ellos, empujar al crecimiento y el desarrollo de Mendoza y los mendocinos.

Como la Legislatura se llenó de aquellos que alguna vez fueron parte de la gestión anterior, no se puede pedir más nada de su parte, cuando ni siquiera han sido capaces de hacer una autocrítica y mucho menos de mirar a los ojos a la sociedad y pedirle perdón. Algunos conductores de la Administración Pérez, inclusive, se sienten obligados a esconderse de la gente ante la posibilidad latente de que les reclamen la deuda contraída con la sociedad.

Kerchner no está usando fondos de Mendoza. La trampa en la que la oposición quiere hacerlo caer es en obligarlo a renunciar a los gastos de representación que recibe para conducir o asistir a diferentes reuniones federales y, de ese modo, que terminen siendo pagados por las arcas provinciales. Otra vez la compulsión al despilfarro. Esta vez, disfrazada de "fiscalización" opositora, una pose falsa que siempre resulta de agrado a los superficialistas.

La verdad de fondo de la situación es que el ministro estaría errado si sumara esas sumas a su declaración patrimonial personal, porque no le pertenecen. En ese sentido, la AFIP en el artículo 141 del decreto 1344/98 ya establece que "se entenderá por gasto de representación toda erogación realizada o reembolsada por la empresa que reconozca como finalidad su representación fuera del ámbito de sus oficinas, locales o establecimientos o en relaciones encaminadas a mantener o mejorar su posición de mercado, incluidas las originadas por viajes, agasajos y obsequios que respondan a esos fines".

Cuando se lo acusa, en tanto, de recibir "un cuarto ingreso" de la Comisión Interjurisdiccional, se peca de burro: no es un órgano nacional ni provincial, sino un ente multijurisdiccional.

El picudeo político nos ha dejado en el barro en el que pedaleamos a diario.

Es obvio, necesario e imprescindible la actividad de control. Y para la oposición es una de sus tareas fundamentales. El daño y la corrupción de más de medio siglo han deteriorado severamente al Estado y, en consecuencia, el perjuicio extremo ha impactado de lleno en nosotros, los ciudadanos. No se puede obviar y lo debemos exigir.  

Pero se requiere también, y es condición sine qua non, que sea inteligente y responsable legal y políticamente.

Los años electorales alimentan la fruición denunciante y, en muchos casos, le quita seriedad y legitimidad a las denuncias.