Los DDHH y la democracia son inseparables

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Santiago Cantón

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Los DDHH y la democracia son inseparables(Pachy Reynoso / MDZ)

Los DDHH y la democracia son inseparables | Pachy Reynoso / MDZ

Los DDHH y la democracia son inseparables(Pachy Reynoso / MDZ)

Los DDHH y la democracia son inseparables | Pachy Reynoso / MDZ

 El 24 de marzo de 1976 fue el comienzo de la noche más larga de la historia argentina. El plan sistemático de desapariciones, torturas, ejecuciones extrajudiciales, robo de bebés y terror generalizado afectó a toda la sociedad argentina y directamente a decenas de miles de personas en todo el país. Pero ese plan no se limitó únicamente a nuestro territorio, se amplió asimismo hacia países vecinos mediante la colaboración y coordinación con fuerzas de seguridad de otros países. El brazo del terror, llegó inclusive al corazón de Washington DC con el asesinato en 1976 del ex canciller chileno, Orlando Letelier y su compañera de trabajo Ronni Moffitt, mediante la explosión de una bomba mientras transitaba una de las avenidas más importantes de la capital estadounidense.

El terrorismo de Estado no tenia ningún límite, ni legal, ni ético, ni moral, ni territorial. Representaba el mal absoluto. Solo el tiempo parecía que podía ponerle límites. Pero afortunadamente para todos los argentinos hubo un límite. El movimiento de derechos humanos surgido principalmente con familiares y amigos de las víctimas directas de la dictadura se transformó rápidamente en una marea incontenible que ni siquiera el terror ilimitado de la dictadura pudo frenar.

El movimiento de derechos humanos fue crucial para denunciar y documentar las violaciones a los derechos humanos. Durante esos años, cuando la muerte y la tortura eran la regla para perseguir, intimidar y silenciar a la sociedad, el movimiento de derechos humanos alzó la voz para salvar a miles de personas; para que no quedaran en el olvido las violaciones masivas y sistemáticas; y para que el mundo entero conociera la verdadera cara de la dictadura. 

Gracias al trabajo de los organismos de derechos humanos, la existencia de un plan sistemático fue reconocida tanto a nivel nacional como internacional. A nivel nacional, la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) en sus conclusiones sostuvo que "no se cometieron «excesos», si se entiende por ello actos particularmente aberrantes. Tales atrocidades fueron práctica común y extendida y eran los actos normales y corrientes efectuados a diario por la represión".

La justicia nacional desde el año 1985 en el juicio a las Juntas Militares, fue contundente al establecer que el plan sistemático "aseguraba que la ejecución de las acciones se iba a desarrollar sin ninguna interferencia y en la clandestinidad más absoluta. Para ello, no sólo se utilizaron los recaudos necesarios para impedir la intervención de los mecanismos usuales de prevención del delito (ej. "área liberada"), sino que se adoptó la estrategia de negar la existencia de los hechos ante todo reclamo de cualquier autoridad o de familiares de las víctimas".

A nivel internacional la Corte Interamericana de Derechos Humanos se refirió al Plan Cóndor como la operación que "sistematizó e hizo más efectiva la coordinación clandestina entre fuerzas de seguridad y militares y servicios de inteligencia de la región. Las operaciones clandestinas incluyeron en muchos casos la sustracción, supresión o sustitución de identidad y apropiación de niños y niñas, para lo cual mujeres embarazadas eran detenidas en el marco de las referidas operaciones y mantenidas vivas. En numerosos casos los niños y niñas recién nacidos o nacidas en cautiverio eran entregados a familias de militares o policías o de terceros, luego de que sus padres fueran desaparecidos o ejecutados". "Esta operación fue muy sofisticada y organizada, contaba con entrenamientos constantes, sistemas de comunicación avanzados, centros de inteligencia y planificación estratégica, así como con un sistema paralelo de prisiones clandestinas y centros de tortura con el propósito de recibir a los prisioneros extranjeros detenidos en el marco de la Operación Cóndor".

A estas declaraciones sobre la existencia de un plan sistemático, se le suman muchas otras, como la de las Naciones Unidas u otras organizaciones internacionales de gran prestigio. Sin embargo, esporádicamente, se pueden escuchar voces minoritarias, que continúan negando la existencia de un plan sistemático. Es incuestionable que estas personas tienen todo el derecho a expresar sus opiniones libremente, pero sería productivo, en beneficio de la democracia, que antes de expresarlas se informaran debidamente. De lo contrario, la única explicación es que mienten con malicia o creen que el mundo entero fue fácilmente engañado.

Los defensores de derechos humanos argentinos y de la región no dudaron en arriesgar sus vidas para que el mundo entero tomara conocimiento que lo que estaba pasando no era un golpe de Estado más, sino un plan de coordinación de crímenes contra la humanidad en el Cono Sur. La sociedad argentina tiene una deuda impagable con el movimiento de derechos humanos. Gracias a ellos no solo se le puso un límite a los crímenes de lesa humanidad, sino que también fueron una pieza clave en el desprestigio internacional de la dictadura que, junto a otros factores, abrió la puerta para la llegada de la democracia. 

El principal pilar de esa democracia nacida en 1983 fueron los derechos humanos. Al liderazgo de los organismos de derechos humanos, se le sumó el liderazgo político que aportaba la democracia. A solo 5 días de haber asumido la presidencia, el ex presidente Alfonsín firmó el Decreto 158/83, ordenando someter a juicio a los militares que integraron las Juntas que llevaron adelante el plan de violaciones masivas y sistemáticas a los derechos humanos. Ese mismo di?a, mediante el Decreto 187/83, también se creó la CONADEP para recibir denuncias y pruebas sobre violaciones a los derechos humanos, averiguar el destino o paradero de las personas desaparecidas, determinar la ubicación de niños sustraídos de la tutela de sus padres, y emitir un informe final con una explicación detallada de los hechos.

La visión fundacional se completo? con la primera ley de la nueva democracia: la ley 23.040, que declaró insanablemente nula la ley de autoamnistía de los militares que buscó construir un escudo de impunidad para evitar ser juzgados por las decenas de miles de desapariciones, ejecuciones, torturas, violaciones, robo de bebes, y otras graves violaciones a los derechos humanos.

Asimismo, conociendo la realidad regional y entendiendo que los pasos que se estaban dando eran de relevancia más allá de nuestras fronteras, se ratificó la Convención Americana de Derechos Humanos. Argentina se transformó inmediatamente en un líder indiscutido, regional y mundial, en la lucha por la justicia y la dignidad del ser humano. En el mundo entero, la palabra Argentina pasó a estar asociada con los derechos humanos. Más allá de las diferencias que existieron, el movimiento de derechos humanos y el liderazgo político se unieron para darle un fuerte contenido ético y moral a la naciente democracia argentina.

El 24 de marzo nos permite reflexionar sobre la importancia de los derechos humanos en la democracia argentina y la necesidad de continuar profundizando los logros de las últimas décadas, no solo para hacer justicia por los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, sino para que los ideales de derechos humanos garantizados en la Declaración Universal, a 70 años de su aprobación, se hagan realidad. 

A nivel universal, durante las últimas décadas el abanico de los derechos humanos se ha ido ampliando para incluir derechos que décadas atrás no tenían el mismo desarrollo conceptual, ni técnico que tienen en la actualidad. Para comprender mejor el impresionante desarrollo expansivo de los derechos humanos durante el último cuarto de siglo basta ver la lista actual de los mecanismos especiales de protección de derechos humanos de las Naciones Unidas: de los 44 mecanismos temáticos de protección que existen actualmente, solo dos existían el 10 de diciembre de 1983: el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas y el Relator Especial sobre ejecuciones extrajudiciales.Es decir, la gran mayoría de las temáticas de derechos humanos de Naciones Unidas fueron desarrolladas con más profundidad con posterioridad al retorno de la democracia. Por ejemplo, entre los procedimientos especiales temáticos creados solamente en los últimos seis años, figuran el Experto Independiente sobre adultos mayores, el Relator Especial sobre derecho a la privacidad, el Experto Independiente contra la violencia por discriminación basada en la orientación e identidad sexual, el Relator Especial sobre el derecho al desarrollo, el Relator Especial sobre derechos humanos y medio ambiente y el Grupo de Trabajo sobre empresas y derechos humanos. Indudablemente tres décadas después de la recuperación de la democracia, la agenda de derechos humanos es mucho más rica y variada.

Este cambio en la agenda de derechos humanos nos obliga a ampliar la agenda interna para continuar enriqueciendo nuestra democracia. Ese paso se debe dar consensuando una agenda con los organismos de derechos humanos. La experiencia universal enseña que solo agendas a largo plazo con un amplio consenso en la sociedad, permiten lograr resultados sostenibles.

Los derechos humanos y la democracia son inseparables. A pesar de haber transcurrido más de tres décadas desde la recuperación de la democracia, las deudas pendientes son más que significativas. La discriminación, la desigualdad, la pobreza, la inseguridad ciudadana, la impunidad son solo el comienzo de una larga lista de deudas que tiene el Estado con la sociedad. La democracia que nación en 1983 se abrazó a los derechos humanos para pagar esa deuda y lograr una Argentina donde estos derechos lleguen a cada hogar. Este 24 de marzo, a 70 años de aprobada la Declaración Universal de Derechos Humanos, nos debe ayudar a reflexionar para que los derechos consagrados en esa Declaración dejen de ser una mera aspiración y se conviertan en acciones concretas. (*) Secretario de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires.