Los 101 años de la Carta Magna de Mendoza

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Roberto Grillo Solanilla

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Los 101 años de la Carta Magna de Mendoza

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Los 101 años de la Carta Magna de Mendoza

Los 101 años de la Carta Magna de Mendoza

Frente a la necesidad, de impulsar en Mendoza una Reforma Constitucional y Política, que incluya la actualización de ambos regímenes, entiendo que como sociedad no debemos paralizarnos.

Son tiempos, en los que se impone abandonar, la malhadada costumbre de repetir Gre-Gre, para no decir Gregorio. Venimos deslizándonos, con una inercia en el que un statu quo pacato, sugiere -siempre- que nunca es buena la oportunidad, para nada.

¡No hagan olas, es la expresión conservadora, del atraso!

Íntimamente, deseo, que la inteligente y jerarquizada iniciativa, realizada con una amplia convocatoria, por la Sra. Vicegobernadora, fructifique.

Han pasado 101 años, de la sanción de nuestra sabia Constitución y aggiornarla a la altura de los tiempos, sería una buena forma de rendir homenajes a nuestros Constituyentes del dieciséis.

Durante muchos años, como apoderado de la UCR y otras, desde lo personal, he manifestado la conveniencia de anexar procesos, que amplíen las formas de participación ciudadana. Que traten de igualar posibilidades en la representación política y que incrementen controles y mecanismos de democracia semi-directa, dentro del sistema republicano.

Es un desafío, incorporar en nuestra Carta Magna, modernas organizaciones de representación territorial -que aseguren una participación más adecuada de las minorías-. ¿Por qué no discutir la iniciativa del Instituto del Defensor del Pueblo, con autonomía funcional? Debemos resolver el principio de autarquía financiera al Poder Judicial, otorgándole jerarquía Constitucional. Instituir al Ministerio público como un órgano extra poder; consolidar un régimen municipal de autonomía plena -que establezca los principios rectores, en materia de coparticipación municipal de impuestos-. Regular la participación de la provincia en regiones interprovinciales, así como la celebración de tratados regionales y convenios internacionales, conforme lo establece la Constitución Nacional, serían -entre otros- postulados importantes para nuestra Carta Magna.

¿Puede la dirigencia, seguir distraída, frente a Institutos paquidérmicos y corporativos, como el Juri de enjuiciamiento? ¿No se escuchará la crítica generalizada, sobre órganos -de hoy dudosa capacidad de resolución- que todo lo dilatan? ¡Creo que es tiempo de tomar el toro por las astas!

Incluso, el controvertido plazo de duración, del mandato de la primera magistratura provincial, debe ser tema de análisis. ¿No sería razonable habilitar la posibilidad de sólo dos períodos, para todos los mandatos de representación política? Nadie quiere instituciones que se perpetúen en el poder. Pero en un criterio lógico, no parece atinado limitar -únicamente- el mandato del Ejecutivo Provincial, que con la imperiosa validación de las urnas, tiene la máxima responsabilidad, de batallar el rumbo de la administración Provincial. Me resisto a consentir, que el imprescindible impulso que necesita la Provincia, se pueda proyectar con un Ejecutivo -principal custodio del bien común- debilitado, frente al resto de los factores de poder, que en su mayoría, conservan incólumes sus lugares, para la toma de decisiones corporativas. ¡No hay que esconder "nada" bajo la alfombra! Todo merece ser debatido.

En esta inteligencia, es importante advertir, que el buen espíritu que debe presidir un proceso de reforma, no puede transformarse en un contrapunto, entre picardías del folclore político-partidario que, siempre, terminan degradando la discusión, e impidiendo a las agrupaciones con representación parlamentaria, realizar un debate orgánico y sistematizado de ideas, con una imprescindible mirada de los intereses comunes. 

Es un buen tiempo para que la Política se jerarquice y restañe sus heridas con la comunidad. Mendoza debe liderar en el país, una vertiente que asuma posiciones de vanguardia y represente corrientes democráticas, de diversas procedencias, en el abanico del pensamiento republicano.

Abandonar las prácticas anacrónicas que han profundizado el deterioro de la provincia, remontar el nivel de mediocridad y atraso de los últimos años, es el gran desafío, para no eternizar a Mendoza, en la intrascendencia.

La Provincia tiene que impulsar el agrupamiento de dirigentes y estudiosos, con estatura de estadistas. No hay más lugar, para mezquindades sectoriales, ni dobles intenciones. No hay otra forma, para que Mendoza recupere, peso específico en la región y armonice con normas del ámbito Nacional. 

En la política con mayúsculas sobran, aquellos que quieren detentar inútilmente el poder. El poder, debe servir para realizar los cambios que mejoren la calidad de vida de los "ciudadanos", si no, no sirve para nada.

Hay, quienes se pavonean diciendo representar a "la "gente"" y sólo se entretienen en un juego estéril de vanidades, intrigas y discusiones, insignificantes, para los reales intereses de nuestra sociedad y de nuestro desarrollo.

Mayoritariamente, Argentina, votó por un cambio. Es entendible, que se levanten voces, que expresen miradas diferentes e incluso antitéticas, sobre el pasado, el presente y el futuro del país.

Podría -en lo personal- hacer un interminable detalle de lo que considero incongruencias y falsedades del "modelo" que se fue. Sin embargo -con cada tema en su andarivel- siento que hay que dar vuelta la página, para que el miedo y la visión agorera, (muchas veces, superficial), no se apoderen del futuro.

Durante 35 años, de pertenencia a la UCR -inalterablemente- he respetado en forma orgánica, todas sus decisiones y lo seguiré haciendo. Con ese camino recorrido, estoy más convencido que nunca, que nuestro partido tiene la responsabilidad insignia, de acompañar -como protagonista medular- un cambio de paradigma. La conducta ética y las convicciones, no son incompatibles, con un espíritu modernizador y reformista. Con los principios como bandera, pero desprendiéndonos de las prácticas y clichés populistas, para no empantanarnos en el error y quedarnos al costado del camino.

Con esa mirada, me gustaría señalar, que lo que más moviliza la prosperidad de los pueblos, son los desafíos y los emprendimientos comunes, no la visión nostálgica. Las acechanzas del pasado, pueden generar impulsos de cambio, o por el contrario, enredarnos en sus telas de arañas y paralizarnos.

Una visión de futuro -que hilvane a todos los mendocinos, sin rótulos partidarios- es la que, a mi humilde entender, debería impregnar cualquier actualización de nuestra norma fundamental.

Siempre la verdad -por más dura que sea- para hacernos libres. Siempre el consenso -por más difícil que sea- para desterrar arbitrariedades y garantizar la democracia.

Pero, también, ¡siempre la esperanza!

No me cansaré de recordar, que mis esperanzados alumnos y todos los jóvenes mendocinos, no desearían repetir, aquella frase del orador de la Revolución de Mayo, Juan José Castelli, que antes que cortaran su lengua, dijo: "Si lo ven al futuro, díganle que no venga".