Locura en Peatonal Sarmiento: reino delirante de zombies postapocalípticos

Mirá los videos. Ayer, la típica arteria menduca era un "menjunje" total. Gente por doquier, pidiendo, protestando, festejando... Sin importarle un bledo lo que hacía el otro.
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Federico Croce

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Manifestación de gremios frente a la puerta de la Legislatura protestando por el posible tratamiento de la ley que aumenta el número de miembros de la Corte(Federico Croce/MDZ)

Manifestación de gremios frente a la puerta de la Legislatura protestando por el posible tratamiento de la ley que aumenta el número de miembros de la Corte | Federico Croce/MDZ

Festejos en Peatonal y San Martín por la clasificación de la Argentina hacia los octavos de final del Mundial 2018(Federico Croce/MDZ)

Festejos en Peatonal y San Martín por la clasificación de la Argentina hacia los octavos de final del Mundial 2018 | Federico Croce/MDZ

Locura en Peatonal Sarmiento: reino delirante de zombies postapocalípticos(Gentileza)

Locura en Peatonal Sarmiento: reino delirante de zombies postapocalípticos | Gentileza

Manifestación en la plaza Independencia, para pedir la sanción de la ley de aborto legal, seguro y gratuito(Federico Croce/MDZ)

Manifestación en la plaza Independencia, para pedir la sanción de la ley de aborto legal, seguro y gratuito | Federico Croce/MDZ

Los zombies solo quieren comer cerebros. No les importa más nada.

El martes pasado, en un espacio de tres cuadras, en la peatonal Sarmiento de la Ciudad de Mendoza, se produjo un hecho curioso e inusual: tres grandes aglomeraciones de gente, por motivos muy diferentes.

En la zona de calle Patricias Mendocinas y la plaza Independencia, una gran cantidad de mujeres mantenían vivo el reclamo por la sanción de la ley que permita el aborto seguro, legal y gratuito.

Frente a la Legislatura provincial, representantes y afiliados de distintos gremios protestaban contra el posible tratamiento de ampliación del número de miembros de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.

En la esquina de Peatonal y San Martín, se reunieron quienes, emocionados, festejaron el triunfo de la Selección Argentina y el boleto hacia octavos de final en el mundial de fútbol.

Buenísimo: gente expresándose. Lo otro sorprendente, y lo que motiva mi reflexión de este miércoles, tiene que ver con que a muchas personas que participaban en estos grupos les pregunté si sabían por que se habían juntado otras personas en sectores cercanos: absolutamente nadie supo responderme. Los que estaban festejando por el partido, no tenían idea por qué cantaban las que estaban en la Plaza Independencia, y por que tocaban bombos los de la puerta de la Legislatura. Las que estaban en la plaza no supieron responderme qué se trataba en la casa de las leyes. Los de la vereda de calle Patricias ni se fijaron en los otros movimientos de gente.

Como Sociedad... ¿Estamos interesados en un progreso común, o solamente tenemos una 'realidad individual' que es la que importa? ¿Nos interesa saber qué lo inquieta al otro, por qué se queja, qué le pasa? ¿Bloqueamos al que opina distinto, o al que no comparte nuestras 'luchas'? ¿Lo anulamos de nuestra vista?

¿Hay una realidad colectiva por la que luchar y vivir, o cada quien se construye la propia?

La luz de los profesionales sobre el asunto

"En el siglo XX se lograron conquistas sociales, al mismo tiempo que se seguía justificando el apartheid, la segregación en EEUU, y quienes fueron héroes en una guerra se convirtieron en verdugos en Vietnam. Grandes manifestaciones apoyaban causas humanitarias, mientras se los reprimía ellos seguían convencidos de las causas que los llevaba a manifestar. En un momento quienes repudiaban el dominio y la violencia se convirtieron en violentos. Cada uno (individualmente) independiente de las causas que defendía, ponían su corazón y hasta su vida en pos de una causa que creían noble. No por eso dejaba de ser soberbio pensar que debían "imponer" su verdad a como diera lugar, aunque eso implicara aplastar al otro", me dijo la psicóloga y psicopedagoga Nancy Caballero cuando la consulté.

Charlé también con el psiquiatra Jorge Rozen, y lo "enganché" justo saliendo de un evento en el que se conjugaba el arte y el psicoanálisis... y el mismo le sirvió para aportar una visión sobre la cuestión. "Estoy saliendo de una charla con psicoanalistas en donde me di cuenta de que lo que siempre hacen las escuelas psicoanalíticas, o muchas de ellas, es que hablan para sí mismas. Presentaron un intríngulis, una lengua que solo entienden los propios. Algo de esto que viví, puedo trasladarlo a este cuestionamiento que vos hacés: el discurso de muchas posiciones políticas, pensá en la que quieras, está dirigido a escucharse a sí mismo, y no escuchar a los otros. De hecho ni se intenta que el otro te escuche", reflexionó.

"Es cierto, cada grupo social va poniendo sus prioridades de acuerdo a los intereses que son particulares a ese grupo; y algunos salen a manifestarse en el espacio público. Pero esto es un reflejo de las sociedades actuales que constituimos: son sociedades fuertemente fragmentadas y por ello los intereses de cada colectivo o grupo son los que priman por sobre los de los otros", explica el psicólogo Miguel Conocente. 

"Esto lo vemos cotidianamente en muchas situaciones que se producen en los espacios públicos, como en acciones que tienen que ver con el ordenamiento del tránsito. Un ejemplo: es más importante dejar a mi hijo en la puerta de la escuela y estacionar en triple fila que el perjuicio que puedo ocasionar al resto. Si uno pregunta -yo lo he hecho-, te responden: "Es que tengo que dejar a mi hijo en la escuela". Es decir, nada más importa, salvo el interés particular. Bueno, estos intereses particulares a veces se agrupan", sigue Miguel.

"Esto no es exclusivo de la Argentina, pero si creo que tiene que ver con cierta posición cultural en relación a la diferenciación entre lo público y lo privado. Nuestro país tiene problemas en esto, y está a la vista de todos. Cuando los grupos se manifiestan, lo hacen de una manera que es casi una caricatura: todos manifestándose, pero todos separados, y por cosas diferentes", continúa Conocente. 

"Entiendo también que esto es una característica de la época. La lógica de mercado que nos atraviesa a todos de una o de otra forma, hace que estemos más ocupados en aquello que nos parece fundamental a cada uno, y muy poco ocupados en lo que hace al lazo social. Nuestros lazos sociales están visiblemente debilitados. Por momentos aparecen como si fueran fuertes, porque tienen que ver con los intereses de algún sector -que pueden ser muy nobles, por supuesto-... pero lo que se da es la regencia de la falta de cohesión. Esto lo podemos ver en todos los niveles, todos los aspectos, todos los grupos etarios y todas las clases sociales", finaliza Miguel. 

¿Y qué hacer?

"Poco a poco hemos ido centrándonos en nuestras necesidades, nuestras convicciones, y en los últimos años declaramos enemigos a quien no piensa (en todo y en cada detalle) como yo. Se perdió el ejercicio del debate, y cualquier almuerzo familiar o asado de amigos puede convertirse en una descalificación personal, con nada de empatía hacia la persona, y mucho menos a su historia de vida que puede influir en su manera de ver la realidad. Y esto alcanza para terminar con vínculos de años, para producir separaciones familiares. Se deja de lado el axioma de los vínculos afectivos: "El contenido nunca puede estar por encima del vínculo". Si somos capaces de no escuchar a quienes queremos, con quienes tenemos una relación, ¡Cuánto más con un desconocido!", aporta Nancy Caballero.

Es que cada persona está centrada en SUS pensamientos, creencias, ideologías, necesidades, etc. sin importarle qué le ocurre a quien está al lado. En la época de la hiperconectividad, no sabemos que necesita el otro. Es que para esto debería mirarlo a los ojos, escucharlo (sin juzgarlo), dejar el celular un momento, y sobre todo poder mirar con sus ojos (empatía). ¿Es demasiado trabajo?

Departiendo con Nancy -por Whatsapp, por mail, por teléfono-, ella me explicaba que en una investigación que mostraba como se teñía de dolor el área correspondiente del cerebro cuando sufría un hijo o una pareja era casi similar a la del dolor propio. Dicha área iba disminuyendo poco a poco proporcionalmente cuando quién sufría era menos cercano, hasta llegar, lamentablemente, a no aparecer empatía cuando quién era afectado era un chico de la calle, con obvia sospecha por parte de quien se enteraba, que debía ser un delincuente. 

Quiere decir que se fue achicando el foco de interés, de empatía, de necesidad de compartir, a los afectos muy cercanos y especialmente conocidos. ¿Y el altruismo? ¿Y el "haz bien sin mirar a quien"?. Se va circunscribiendo a círculos de allegados. Aquellos que comparten ideas, intereses o pasiones. No quiere decir que no existan personas generosas, que donan sus vidas por los demás. Pero como sociedad se perdió la capacidad de involucrarse con quien está frente al otro. Cada persona se ensimisma en el motivo por el que protesta o festeja. Y no faltará quién diga que si cree tener razón acuse a otras de "provocar" por hacer una manifestación igual a la de los otros.

"Es tristísimo ver como pocos piensan en el bien común, prima el interés personal, el rédito que se puede sacar de una crisis, el peso de imponer una idea como real, aunque no tenga ningún asidero, pero se repite hasta que parezca cierta. ¿Y el bien común? ¿Y la verdad? Usamos eufemismos y decimos 'post verdad', que suena mejor que mentira", opina Caballero.

Nuestra sociedad tiene hoy herramientas extraordinarias que facilitan la vida, e imposiciones que crean necesidades que no son reales. Pero mientras veamos en la puerta de la Iglesia de la peatonal servir el desayuno a gente en situación de calle, a jóvenes recorriendo rincones con caldito caliente, gente arreglando ropa para que quien la lleve se sienta digno, docentes que duermen en escuelas albergues, médicos que paran sus autos cuando ven un accidente, gente muy pobre que comparte lo poco que tiene con el vecino más necesitado, y, sobre todo quien se cuestione porqué nuestra sociedad funciona así e intente modificarlo, posiblemente no con grandes arengas, sino con pequeños gestos, podemos esperar que esto mejorará. Mirar al de enfrente desde su mirada es el desafío. No naturalicemos la indiferencia.

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