Las Pascuas, o la fiesta de la hipocresía

¿Se trata de la celebración religiosa más importante para la mayoría de los habitantes del país, o de una mini-vacación? ¿Este feriado largo es de reflexión y recogimiento, o sirve simplemente para descansar?
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Federico Croce

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Imagen meramente ilustrativa: Reñaca, repleta de argentinos (muchos de ellos, mendocinos) en estas Pascuas.(Fede Croce / MDZ)

Imagen meramente ilustrativa: Reñaca, repleta de argentinos (muchos de ellos, mendocinos) en estas Pascuas. | Fede Croce / MDZ

El Greco y la imagen de Jesús en el Vía Crucis.(web)

El Greco y la imagen de Jesús en el Vía Crucis. | web

La crucifixión de Cristo bajo la mirada de Salvador Dalí.(web)

La crucifixión de Cristo bajo la mirada de Salvador Dalí. | web

Las Pascuas, o la fiesta de la hipocresía(Fede Croce / MDZ)

Las Pascuas, o la fiesta de la hipocresía | Fede Croce / MDZ

La fiesta de Pascua de Resurrección es la celebración principal de los cristianos. Derivada de la Pesaj -que conmemora la huída de Egipto del pueblo judío -el paso de la esclavitud a la libertad-, tomó un nuevo significado para los creyentes en Jesús y celebra para ellos la victoria de la divinidad ante la muerte: la creencia en la resurrección.

Cuando comencé a pensar el tema de esta columna, me acordé de la opinión de un colega. Al intercambiar pareceres sobre el Acto Central de la Fiesta de la Vendimia, expresó que el cuadro de la Virgen de la Carrodilla es siempre el más aplaudido, pero a su vez, el más hipócrita: "La gente se emociona y saluda con el pañuelito, pero te aseguro que ni el 10% de esos van a misa, o rezan. Ni hablemos de la generosidad hacia el prójimo, la práctica de la caridad, etc", comentó.

Creo que la celebración de la Pascua, en una población que se dice cristiana en su mayoría, está sufriendo una situación parecida. Citando a José Luis Martín Descalzo, hay en el mundo de la fe algo que resulta verdaderamente desconcertante: la mayoría de los cristianos creen sinceramente en la Resurrección de Jesús; pero asombrosamente esta fe no sirve para iluminar sus vidas. Creen en el triunfo de Jesús sobre la muerte, pero viven como si no creyeran.

Hice un ejercicio, inspirado en una reflexión que alguna vez leí, y salí a la calle Arístides (a la puerta de MDZ) el jueves santo a preguntarle a algunas personas: ¿Cuál es el eje de sus vidas? ¿En qué se apoyan sus esperanzas? ¿Dónde está la clave de sus razones para vivir? Las respuestas fueron diversas: "Mi familia es mi eje y la esperanza de que esté bien es lo que me hace trabajar día a día". "Los deseos de realizarme y triunfar en lo que emprenda es lo que me empuja". "Quiero estar orgulloso de mí mismo". "No pienso mucho en el futuro: yo vivo el presente". "La posta es disfrutar del cuerpo, de la salud, del dinero y divertirte mientras puedas"". Estas fueron algunas de las respuestas. Ninguno me nombró al prójimo, al extraño, al que la pasa mal, al que necesita una mano.

Entonces pensé: ¿Cuál es la última razón de mi vida? ¿Qué es lo que justifica mi existencia? Todos, todos, de algún modo nos planteamos estas cuestiones. ¿Acumular cosas? ¿Acumular reconocimientos? ¿Acumular sabiduría?

Como estaba con el tema de la Pascua, y para no meter la pata, hablé con un cura amigo, que me explicó que para los cristianos la respuesta es una sola: "Lo que cambia e ilumina nuestras vidas es la seguridad de que son eternas, y el punto de apoyo de esa seguridad es la resurrección de Jesús. Él venció a la muerte, y también a mí me ayudará a vencerla. Por eso creemos en la resurrección final y los cristianos nos ayudamos unos a otros en la de cada día", me respondió.

Discúlpenme, pero creo que ese mensaje de triunfo del amor, de eternidad, y de vivir el día a día con alegría y altruismo se le olvidó a todo el argentino que se dice cristiano.

Si los cristianos creyeran verdaderamente en esto... ¡Cuántas cosas cambiarían! No habría tantos amargos, ni tantos derrotistas. Habría más gente iluminada constantemente por la esperanza. Se trabajaría sabiendo que el laburo dignifica. Habría conciencia social. Te preocuparías por ayudar al otro. No pondrías carita de pena al leer que una familia vive en un basural mientras te tomás el café con leche y, después de un suspiro, a seguir bajando la página con el mouse.

¡Qué bien estaría el mundo si todos creyeran verdaderamente que el dolor y las privaciones son vencibles gracias a la acción concreta de cada uno en lo pequeño, en la capacidad de modificar para mejor la vida del "prójimo/próximo" que está a nuestro alcance y viviéramos, en consecuencia, en la alegría!

Pero no: las Pascuas son, en realidad -para el que le da el bolsillo, obviamente- mini vacaciones. O, a lo sumo, cuatro días para acumular celebraciones y ritos litúrgicos.

Lo esencial de los cristianos -que repito, practicantes o no hacen a la gran mayoría de los habitantes de la Argentina según los censos y estadísticas- es ser testigos alegres y activos de la resurrección. Es ser mensajeros del gozo por el triunfo del Amor.

¿Lo son?

¿O la gente los ve como seres tristes, aburridos, cerrados? 

¿O la gente los ve como algo obsoleto y pasado de moda?

¿O la gente los ve, y vuelvo a citar a José Luis Martín Descalzo, como espantapájaros pregoneros de la muerte, del pecado y del infierno únicamente?

¿O la gente los ve como personas que solo enjuician, condenan, reprenden?

Repito, a los cristianos se nos olvidó que ante todo somos eso: testigos de la resurrección, mensajeros del gozo.

La paz, la alegría, la actitud positiva ante la vida y la fraternidad hacia el otro no te las da un rito determinado o el cumplimiento de tal o cual precepto. Comienzan dentro del corazón y surgen desde una determinación personal a ejercerlas.

Brindar confianza, seguridad, sosiego, serenidad, o ayuda al que tenés al lado es una actitud mucho más "pascual" que ir a las siete iglesias, dejar de comer carne por un día o permitir que te laven los pies en una palangana durante una misa larga.

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