La trumpificación de las derechas

Avatar del

Francisco Louça

La trumpificación de las derechas

La trumpificación de las derechas

 ¿Será verdad que nadie pudo predecir que íbamos a llegar a tener en 2017 un Trump en la Casa Blanca? No, no era fácil de predecir, pero el hecho es que la farsa se instaló en el poder. Difícilmente se podría encontrar a alguien más ligado a los "reality shows" y, por tanto, menos serio (la gracieta de amenazar con invadir México), más arrogante (la crítica a Australia por los refugiados), más tosco (mujeres), con más odio (inmigrantes, la defensa la tortura), más egoísta (la defensa de los negocios de su hija, sus negocios que se superponen a las relaciones internacionales), o más vulnerable (la evaluación de Putin y el odio a China). Trump se comporta como un adolescente mimado con un tweet nuclear en las manos y con una ansiedad que permite preveer que reaccione inmediatamente a cualquier provocación.

Pero lo verdaderamente notable es que si no se pudo predecir la victoria de Trump, ya no se puede anticipar nada. El efecto de la globalización financiera es precisamente eso: todo lo que era sólido se desvanece en el aire. La globalización ha devastado los pilares del funcionamiento institucional del capitalismo moderno y ha abierto la puerta a todos los fantasmas trumpistas. Merkel inventó a Le Pen, como Cameron inventó a Farage y Clinton inventó a Trump. Provocó la crisis de los esquemas tradicionales (después de la explosión de los partidos en Italia, Brexit y la crisis española, mientras que en Francia sólo queda un candidato del centro y de la derecha, Macron, que es un aventurero fuera de los viejos partidos). Provocó una crisis de los gobiernos, que ya no gobiernan. Alienó a los poderes regionales, que temen a la democracia como la peste. Alentó mecanismos punitivos, como las reglas del euro, para consagrar la lógica TINA (no hay alternativa) en un principio sagrado.

Así, creó un constitucionalismo paralelo y manipulador que es el nuevo orden de las cosas. Ahora, este orden necesita reclutar heraldos y cultivadores. Debe ser reproducido por todas partes, debe ser trivializado incluso por las figuras políticas más atolondradas, debe invitar a los que ven en él una oportunidad para ascender, debe crear un nuevo sentido común de la agresividad y de la alienación, en el que todo es posible. Pacheco Pereira ha llamado la atención sobre este esfuerzo de trumpificación de las derechas portuguesas y esto tendrá consecuencias profundas. El CDS será más audaz y, con el PSD, inventará una austeridad que defienda humillar a los de abajo. En este llamado a las armas, como también señala Pedro Mexía, nuestros neoconservadores son los primeros en acudir al llamamiento, incluso cuando sus líderes estadounidenses se sientan obligados a distanciarse de la farsa trumpista.

Rui Ramos, una de las lumbreras del neoconservadurismo del Observador, se indigna ante esta crítica, que cree un ataque indirecto, contra la "derecha democrática y liberal, muy temida por las oligarquías instaladas como un posible agente de reformas" . Por lo tanto, para Ramos en una guerra no se limpian las espingardas y es el momento de la resistencia: "Los demócratas liberales - no sólo a derecha, sino también a izquierda - tienen que resistir este delirio de guerra civil (la" división del mundo entre Trump y sus enemigos "), esta militarización del pensamiento, esta anulación de la complejidad, que nos obligaría a tomar, no las posiciones que corresponden a nuestros valores, sino puestos de combate de una fantasía nihilista". Paulo Rangel, que pretende una mayor respetabilidad, se entretiene argumentando al mismo tiempo que el trumpismo no existe y que, como existe, es la izquierda la que se parece a él. No tiene por qué ser cierto, pero tampoco se esfuerza en el apaño, y se adentra en unos juegos florales en los que la ambigüedad se convierte en la razón última.

Por lo tanto, tenemos una derecha o trumpificada (sus temas son los que sirven para el realineamiento electoral, véase Fillon), con el argumento definitivo de que la alarma anti-trumpista es un ataque a la cruzada ilustre de la derecha liberal (Ramos) o que acusa a la izquierda, a los otros, de trumpificarse (Rangel). No es una gran defensa.

Y es que ni siquiera necesita ninguna defensa. La derecha, la derecha que cuenta, está cómoda con la agresividad trumpista. Es incluso lo que necesitaba para renacer. Acostumbrémonos.

(*) Francisco Louça. Catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado. Fuente: http://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2017/02/14/a-trumpificacao-das-direitas/ Traducción:G. Buster para sinpermiso.info

Temas
  • donald trump