Opinión Los cambios de opinión en Protectora

La frazada les quedó corta

José Ramón y Mario Vadillo enfrentan con sus idas y vueltas el peor escenario para un dirigente político: la pérdida de credibilidad. Por qué hoy representan más que a la nueva política, a dos políticos nuevos que adoptaron rápido algunos viejos vicios.
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Marcelo Arce

La frazada les quedó corta

La frazada les quedó corta

Habrá que buscar en la historia reciente de Mendoza a una partido que, tras haber logrado irrumpir de manera sorpresiva en el escenario electoral, tan rápidamente haya comenzado a dilapidar su capital político como lo están haciendo en la actualidad José Luis Ramón y Mario Vadillo.

No le pasó a FISCAL, el partido creado por Aldo Giordano, que se impuso como cuarta fuerza en la provincia en tiempos del "que se vayan todos" de 2001. Tampoco a la Izquierda, que afloró en las legislativas de 2013 como una opción legislativa, y que desde 2017 ha comenzado a perder peso específico en las urnas.

El primero logró extender cierta influencia en la Legislatura por varios años incluso luego de la muerte su fundador y la Izquierda desencantó a muchos votantes, pero luego de atravesar un par de elecciones más con buenos resultados. Y apostando siempre a su forma de entender y de ejecutar la política.

Lo de Protectora es un caso particular: las idas y vueltas de sus dos principales dirigentes (por no decir que ellos dos engloban casi a la totalidad de la dirigencia de ese sector) está haciendo mella en la base de sustentación de todo político como es la credibilidad.

Con lo que vino después, hoy es casi una anécdota como intentaron despegarse rápido en mayo de Héctor Bonarrico, el estrambótico pastor que incluyeron en las listas del Partido Intransigente (PI). "Nosotros no tenemos problemas en que se diga que es del PI. Pero no es de Ramón y Vadillo. Nosotros lo sacamos por su cambio de posiciones con nosotros", argumentan.

Rápido lo sacaron. A menos de un mes de asumir su banca, mientras en la campaña nunca objetaron las posturas que Bonarrico había tenido.

Ramón aún no termina de explicar los motivos principales de su vuelta en el aire en la votación de la Cámara de Diputados por la despenalización del aborto.

Una hipótesis es que, en realidad lo que le sucedió fue que su apuesta a votar a favor de la ley chocó con su realidad personal y contra la de su entorno que le recriminó (y mucho) que apoyara una proyecto que iba en contra de sus convicciones. La persona le ganó al político en este caso y ese "No" que dijo para el aborto lo llevó a uno de los peores lugares como es la burla y la descalificación por la  evidente panquequeada.

El problema no es que haya dicho que no. El tema es que solo dos días antes había dicho que sí. Y el renunciamiento final, se produjo además con un acting innecesario que tuvo, irremediablmente, destino de meme. 

Con Vadillo sucedió algo similar, aunque con menos impacto público. El diputado provincial o bien pecó de ingenuo, o bien se hizo el ingenuo. Pero de ninguna manera podía estar al margen de que si tanto él como sus otros compañeros de bloque habilitaban el quórum en la sesión especial del martes, muy posiblemente el Gobierno hubiera conseguido aprobar su ley de ampliación de miembros de la Suprema Corte.

No era un secreto que la maniobra fue apelar al faltazo de dos diputados del PJ para lograr empatar la votación para que terminara desempatando el presidente de la Cámara , Néstor Parés. Para ello, el oficialismo necesitaba un par de legisladores opositores sentados en sus bancas para que den quórum. Y Ramón y Vadillo estuvieron dispuestos a ello y después de muchos rodeos en público, finalmente terminaron reconociendo que se prestaban a la jugada oficialista.

¿Qué pasó el martes a la noche luego del partido de Argentina? El propio Parés disparó su teoría. Para el jefe de diputados Ramón instruyó a los suyos para que no se sienten en sus bancas porque sucumbió a una estrategia del juez Mario Adaro, de extracción Justicialista como se sabe, quien desde la Corte supuestmente se oponen al proyecto de ampliación.

En las propias palabras del legislador ultraoficialista "yo lo hago responsable a Ramón de lo que pasó. Su principal asesor es Guzman (Mauricio, un ex funcionario lafallista) quien fue subsecretario de quien hoy es ministro de a Corte que es Adaro. Esto es una maniobra del PJ y de un ministro de la Corte. Estoy convencido, inocente no soy", sostuvo Parés.

La denuncia es incomprobable, como la mayoría de las teorías conspirativas. Alfredo Cornejo está obsesionado con esta ley que ya le ocasionó varios fracasos en la Legislatura y cualquier método para sacarlo de diputados vale.

Una reforma institucional de este tipo, no puede ser aprobada sin acuerdos políticos y a las apuradas. El gobierno se queja de que lleva siete meses discutiendo el tema. Si necesita tomarse siete más no hay apuro. 

Con estos tropezones, Ramón y Vadillo  están demostrando que no son la nueva política. Más bien que son nuevos en la política. Y que ya tienen incorporados asimismo algunos vicios que tanto se esfuerzan en decir que llegaron para desterrar.

Es muy probable que por la acumulación de estos episodios, Ramón termine abandonando la idea con la que fantaseó de largarse a  trabajar para una candidatura a gobernador en 2019. Parece ser que la frazada, que tanto los popularizó, en realidad les está quedando corta.