La Navidad... ¿Ya fue? Entre el embole, el reviente y la vuelta a lo simple

Esta fecha para muchos mendocinos ya no es lo que era. ¿Cómo nos comportamos y cómo hay que comportarse en estas fiestas? ¿Por qué nos volvemos todos tan locos?
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Federico Croce

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La Navidad... ¿Cómo la vivimos?(playbuzz.com)

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Llega la Navidad. Comprar regalos, organizar menú, ponerse de acuerdo, comer acá, comer allá, correr de un lado a otro, brindar, poner buena cara, emocionarse, abrir regalos, dar besos, comer pan dulce y confituras, salir a saludar a otro lugar en donde hay más parientes, llegar a acostarse, tratar de dormir aunque sea un poco, levantarse para ir a almorzar a otro lado, no quejarse del calor.

Llega Año nuevo: organizar en dónde juntarse, organizar el menú (¿Compramos comida? ¿Cada uno lleva algo?), tratar de estar con la parte de la parentela con la que no estuvimos en Navidad, cenar, esperar a que den las 12, brindar, prometer (y prometerse) cosas, abrazar y besar a todos (incluido el que esté medio beodo, o a la que llora), festejar o enojarse (según el gusto personal) con el que tire petardos o fuegos artificiales, saludar de nuevo, partir a alguna fiesta o a la casa de amigos.

Si nos ponemos a pensar, las fiestas de fin de año se han convertido en una vorágine más o menos así como se describe arriba. Automáticas. Maratónicas. Mecánicas. Y cada vez más carentes de su sentido original. 

Hay que cumplir requisitos e ir tachando ítems, no vaya a ser que no hagamos "lo que se debe hacer". Hay que reír, estar alegres, ser felices, no perderse nada, disfrutar "de prepo", y satisfacer expectativas.  

Pero... ¿Qué pasa si justo sentimos que estamos en un tiempo del año en el que ya lo único que queremos son vacaciones? ¿O simplemente, no tenemos ganas de fiesta? ¿O queremos estar solos? ¿O con otra gente?

¿Vale la pena sacrificarnos por la Navidad y el Año Nuevo? ¿Es sensato que por imposiciones o por costumbres familiares o sociales estas celebraciones se transformen en una tortura? Y por último... ¿La lista de cosas a cumplir no desdibujan el sentido de estas fiestas?

Todos los años reflexiono sobre esta última semana, y trato de recordar lo que significa este día para mí. Vengo de una familia católica, religiosa. Navidad para nosotros es para compartir en familia. A mí eso es lo que me gusta hacer en Navidad. Pero a veces el problema surge cuando empezamos a debatir: ¿Cuál familia? ¿La paterna o la materna? ¿La nuclear, o la extendida? ¿Más o menos parientes? Y caemos en la tentación de las discusiones, las corridas, y las complicaciones.

En Año nuevo lo mismo: hay que hacer fiesta. Disfrutar, ¿Dónde la hacemos? ¿Dónde nos juntamos con amigos? ¡Queremos baile! 

Es por esto que con esta columna quiero dar una sencilla voz de alerta. Quiero que tengamos cuidado: que nuestras tradiciones y costumbres no se conviertan en imposiciones. "Pasarla bomba" no debe ser un deber. "Saludar a todos" esas noches no tiene por qué ser una obligación.

Creo que tenemos que permitirnos, en este caso como en el resto de la vida, la libertad. Ni asumir las fiestas como un momento crucial del calendario donde tenemos que hacer lo que la familia quiere sí o sí, ni hacernos los ermitaños y mandar a todos a freír buñuelos son soluciones. Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos y saber qué es lo que quiere nuestra mente y nuestro corazón: que lo que hagamos, lo hagamos porque queremos, y no "porque hay que hacerlo". 

Las fiestas son para nosotros, y no nosotros para las fiestas. 

No compremos el manual que nos obliga a celebrar taxativamente de tal manera y que nos obliga a cumplir con lo que no queremos. Seamos libres y creativos. No hay mejor actitud para comenzar un nuevo año que la honestidad con uno mismo y con los seres queridos. Encontrémonos con las cosas que sí nos gustan de cada festividad, y hagámoslas. Y si no queremos hacer nada, pues lo decimos, y nos vamos a dormir. 

Volver a encontrar el sentido

La mejor forma de destrozar la Navidad es repitiendo un ritual carente de sentido, por el solo hecho de tener que repetirlo. El desafío es volver a la esencia de la fiesta, porque es la verdadera clave para disfrutarla. Si sos religioso, la respuesta es simple: conmemorás el nacimiento de Jesucristo. Volver a sentir ese calor, esa emoción que otorga la fe mantendrá viva la verdadera naturaleza de ese encuentro con tu familia y tus amigos. 

Si no creés, si para vos es un feriado más, pienso que debés ser sincero y vivir la fiesta "a tu gusto": cumplir ritos solo por imposición es un bajón y no sirve para nada. 

Mi humilde invitación final es a pasar unas lindas fiestas, cada uno "con  su onda". Sinceras. Verdaderas. Disfrutadas. Para que verdaderamente tengas una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

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