"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados"

Anticipo de libro de Pablo Salinas que se presentará el jueves a als 17 en Ciencias Politicas.
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Pablo Salinas

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"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados"(Andrés Casciani.)

"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados" | Andrés Casciani.

"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados"

"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados"

"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados"(Andrés Casciani.)

"La Justicia Federal en el banquillo de los acusados" | Andrés Casciani.

Antecedentes históricos

 Introducción

En Argentina, entre 1975 y 1983, las Fuerzas Armadas y de seguridad perpetraron actos, enmarcados en un plan criminal basado en la persecución por las ideas políticas, con detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzosas y torturas. Para ello, la Justicia federal fue incluida para brindar impunidad. 

El plan se apoyó en 340 centros clandestinos de detención. 

El Ejército tuvo el control operacional, es decir, la voz de mando en lo que se denominó como una operación conjunta entre todas las Fuerzas Armadas y de seguridad con un solo objetivo común. Además, se sirvieron de todas las estructuras del Estado, tanto físicas (instalaciones y vehículos, por ejemplo) como institucionales. A nivel institucional, la importancia central de la Justicia federal radicaba en que, conforme a la Ley 20840 -previa al golpe de Estado de 1976-, la competencia para intervenir en la llamada "lucha antisubversiva" la tenía la jurisdicción federal. 

Por eso, y al tratarse de una Justicia relativamente pequeña, puesto que por provincia hay uno, dos o tres juzgados federales, es que la junta militar decidió utilizarla para encubrir su accionar. Debemos sumar el hecho de que los jueces y fiscales federales son designados por el presidente de la Nación, en este caso el general Jorge Rafael Videla, a cargo por disposición de la junta militar devenida órgano máximo de la dictadura argentina. 

En apretada síntesis, el Ejército y todas las Fuerzas Armadas y de seguridad junto con la Justicia federal penal en la Argentina llevaron adelante el plan criminal del terrorismo de Estado basado en la Doctrina de Seguridad Nacional y en dos herramientas: la desaparición forzada y la tortura.

Como muy bien explica la investigadora francesa Marie-Monique Robin en Los escuadrones de la muerte (2005) la estrategia fue diseñada por Roger Trinquier en su libro La guerra moderna. Con esa estrategia es que Francia actuó en la represión colonial de Argelia, retratada en el cine en la película de Gillo Pontecorvo La Batalla de Argel. Las fuerzas francesas que actuaron aplicando el terrorismo de Estado en Argelia fueron comandadas por el general Jacques Massu, quien implementó junto a Paul Aussaresses la tortura y los escuadrones de la muerte. 

Según relata el diario El País 

En 1955 llegó a Argelia, primero a Philippeville. En junio de ese mismo año torturó por primera vez. El martirizado era un sospechoso detenido tras una serie de sangrientos atentados. "Si de algo me arrepiento, es de que no haya hablado antes de morir", relató. A finales de agosto, ordenó matar a cientos de personas en respuesta a un ataque del Frente de Liberación Nacional (FLN) a la ciudad y la minería de El Halia. "Me era indiferente: había que matarlos, es todo". A los dos años, en 1957, el general Massu le encargó restaurar el orden en Argel. Allí puso en pie un verdadero "escuadrón de la muerte", nombre que él empleaba y que desde entonces cobraría una siniestra carta de naturaleza (Teruel, 2013). 

Tanto Massu como Aussaresses estaban convencidos del uso de la tortura, al punto tal que Massu escribió el libro La verdadera batalla de Argel justificándola. 

La tortura era un medio para obtener información de quienes integraban la célula revolucionaria y todos los días el Centro de Operaciones Tácticos (COT) se reunía para compartir la información obtenida bajo tortura para apresar a las personas indicadas por las víctimas y así aplicar el terrorismo de Estado. Las bases de la represión fueron la desaparición forzada y la tortura. 

Luego de ser torturadas las víctimas eran asesinadas y sus cuerpos arrojados al mar. Los cuerpos que volvían a las costas eran llamados "los camarones de Marcel Bigeard", en referencia al general que estaba a cargo de la represión. Tanto Massu como Aussaresses y Bigeard luego de la represión colonial en Argelia se dedicaron a sostener el uso de la tortura. Incluso Aussaresses fue condenado por apología de la tortura y tanto Bigeard como Massu escribieron numerosos libros a favor de la tortura. Este modelo fue exportado a Argentina, Brasil, Estados Unidos y diversos países del mundo por parte de Francia, según explica Robin (2005). 

La doctrina de seguridad nacional que fundamentó la represión en Argentina se nutrió de la escuela francesa y también a través de ella del sistema nazi que lo fundamentaba.