Inflación (44%) y pobreza (33%): dos golpes de realidad al optimismo

El índice de precios de noviembre colocó al país en el podio mundial, detrás de Venezuela y Sudán del Sur, mientras que el número de pobres nos acerca a Nicaragua y El Salvador. Dos índices que golpean a Macri donde más le duele, mientras que ni el “club del 40” salvó la ropa en lo salarial.

Cristian Avanzini

Macri tendrá mucho de qué hablar con Margarita Barrientos en su tradicional visita navideña al comedor Los Piletones.

Macri tendrá mucho de qué hablar con Margarita Barrientos en su tradicional visita navideña al comedor Los Piletones.

La luna de miel tras el exitoso G20 en Buenos Aires duró poco. Dos semanas después, los elogios de los líderes de las potencias al camino emprendido por Argentina y su “vuelta al mundo” quedaron como una linda foto de cumpleaños que contrasta con la cruda realidad: la pobreza rompió volvió a superar el 30% y alcanzó su nivel máximo en 10 años.

En un jueves fatídico, el presidente Mauricio Macri recibió dos datos que le dieron donde más le duele: más de 13 millones de argentinos están en la pobreza y la inflación -que se desacelera pero a un ritmo menor al proyectado- rozó el 44% en noviembre.

Ambas cifras ponen al país en banda roja a nivel internacional y regional. A nivel mundial, Argentina ingresó al “podio” de inflación, solo superada por Venezuela, con un ya absurdo 1.370.000% y Sudán del Sur, con un 106,4%. Detrás está Yemen, con un 42%.

La foto del ranking cuando Argentina estaba a un paso de ingresar al podio de inflación, donde está ahora con un 43,9%. (Fuente: FMI)

A nivel pobreza, la suba de 5 puntos porcentuales del 28% del año pasado al 33% actual ponen a nuestro país al nivel de El Salvador, y cerca de Bolivia, donde se ubica en el 36,4%, aunque con una salvedad con mayúsculas: en el vecino país el índice bajó más de 25 puntos, desde casi el 60%, en los últimos diez años. En la escena global, estamos dentro de los 50 países con más pobreza con Grecia como única sorpresa por encima en el ranking.

Las cifras de pobreza e inflación ponen al país en banda roja a nivel internacional y regional.


Salarios en patines, inflación en moto

El eufemismo de los “aumentos salariales” también tuvo su cuota de latigazo en noviembre, cuando la caída del salario real acumulada alcanzó el 15,4% según el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET). 

En el segundo trimestre del año la inflación puso quinta y hacia final de año le saca tres cuerpos al 15% de aumento salarial al que aspiraban Gobierno y privados para este año. Los gremios con más gimnasia paritaria (léase: poder de fuego propio) lograron entrar al “club de los 40” y solo pudieron tocarle el talón a la suba de precios.

Sindicatos como Camioneros, Bancarios y Petroleros fueron negociando reajustes durante el año y terminaron con aumentos salariales por sobre el 40%, lo cual solo hizo que perdieran menos.

A fin de año los salarios habrán perdido, en promedio, casi 20 puntos contra la inflación.

Los estatales de Mendoza son el otro selecto grupo que alcanzará (o casi) a salvar la ropa contra el IPC. Las cláusulas gatillo activadas en los últimos meses compensarán en gran parte el impacto de la inflación, cerrando un aumento promedio del 46% para este año, ya que el saldo restante, correspondiente a la inflación de enero, llegará con el próximo sueldo. 
En un contexto de números complicados, y en honor a la verdad, la estabilidad laboral estatal compensa, sin embargo, el pequeño desfasaje salarial.  Como plus, el gobierno provincial mantiene la compensación por inflación para el año próximo, cerrando paritarias con monto fijo más cláusula gatillo o, directamente, un ajuste mensual de acuerdo al IPC que el gremio elija. La propuesta, tal como está la cosa, es un privilegio que hoy los privados miran con la ñata contra el vidrio.

La baja de la inflación de un 40% en 2016 a menos del 25% al cierre de 2017 había sembrado una esperanza generalizada fogoneada por el Gobierno nacional, que se entusiasmó con una baja de 10 puntos para este año. En un escenario diametralmente opuesto, en el cierre de año la única esperanza de los trabajadores es no recibir el temido telegrama de despido y la de los empresarios, que el año electoral no termine de destruir la economía. A prender velas.

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