Imputables a los 15: el peligro de matar al mensajero

Si bien representa un acto de reparación y justicia en casos de conciencia sobre el acto cometido, en muchos casos los adolescentes son solo el brazo armado o la carne de cañón de bandas delictivas que, ciertamente, no están dirigidas por chicos y siguen activas.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

Imputables a los 15: el peligro de matar al mensajero

Fuera de toda lógica y con impune extemporaneidad, el Gobierno nacional reflotó esta semana, con el Congreso en pleno receso, el debate sobre la baja en la edad de imputabilidad de los menores de edad.

Tirado el anzuelo en los medios, el tema prendió y reavivó el debate en las calles y los hogares, con una presumible mayoría dispuesta a apoyar la reducción de 16 a 15 años la edad mínima para ser penalmente responsable de un hecho.

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La postura de los lectores en la encuesta de MDZ. La postura de los lectores en la encuesta de MDZ.

De esta forma el Ejecutivo arranca el 2019 con apoyo en al menos una iniciativa mientras en materia económica casi todos los ítems siguen en rojo social.

El vínculo (y el castigo) a los menores de edad ante el delito ha estado en debate prácticamente desde la última modificación de la normativa al respecto, que se firmó en 1980. Juristas, políticos, legisladores, dirigentes sociales y referentes de todos los sectores de la ciudadanía se han pronunciado tanto a favor como en contra de bajar la edad de imputabilidad establecida a los 16 años.

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Especialistas vinculados a Unicef y Naciones Unidas han coincidido en que el encarcelamiento de chicos que cometen delitos graves es directamente proporcional a la reincidencia. Así lo postuló Luis Pedernera, miembro del Comité de Expertos de Derechos del Niño de Naciones Unidas, al señalar que “la reincidencia en el delito en menores baja cuando no se los priva de libertad”.

La pregunta retórica que se hace el especialista, y que hoy se replica en el arco político, es: “¿Quieren resolver el problema o perpetuarlo y reproducir la violencia que la cárcel genera?”. En este sentido vale preguntarse si las cárceles de la provincia o el país son verdaderos espacios de formación y reinserción o “escuelas del delito”, como muchas veces se las critica.

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Vinculado a este último concepto está uno de los objetivos en los que basó su planteo el Gobierno, que es el de “evitar una carrera delictual”, según lo dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. A decir por las edades de imputabilidad establecidas en la mayoría de los países europeos (que promedia los 13 años), Estados Unidos (en torno a los 12) y el resto de Latinoamérica (13 en promedio), a los 15 años un chico debería ser, en Argentina, consciente de sus actos delictivos. Ahora bien, esto es ver solo la foto y no la película completa, en la que el implicado tiene (o no): una familia, relaciones y una situación habitacional, social y económica que lo rodea y condiciona.

Por eso la rebaja de la edad de imputabilidad debería ser, si no secundaria, al menos paralela a un análisis del contexto y la situación bajo la cual se cometió el delito, ya que un chico de 15 años podría recibir una condena de 15 años por ser el brazo armado de una banda narco, de ladrones, o carne de cañón en disputas territoriales, por ejemplo.

Encerrar al mensajero, en ese caso, no serviría para evitar que muchos más de ellos corran la misma suerte ni mucho menos resolver de fondo el problema de la inseguridad. Para eso hay que ver de dónde vienen y, principalmente, qué factores directos e indirectos pudieron influir para que un adolescente cometa un acto terrible como puede ser un homicidio o una violación.

¿Es un acto de justicia que un adolescente pague por un crimen que cometió si es consciente de sus actos? Ciertamente, sería un acto de reparación. ¿Es justo que viva en un contexto criminal o violento que lo condicione en su accionar? Sin duda, no lo es.

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