¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza?

Jesús, el indigente que un héroe anónimo salvó de las llamas, no activará el expediente, no hará lobby ni irá a los medios
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Santiago Montiveros

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¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza?(Gentileza)

¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza? | Gentileza

¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza?(Alf Ponce / MDZ)

¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza? | Alf Ponce / MDZ

¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza?(Alf Ponce / MDZ)

¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza? | Alf Ponce / MDZ

Los mendocinos somos porfiados. Nos gusta no tanto romper las normas cómo crear normas nuevas. Ser un rebelde implicaría muchas cosas a escala política o social, pero ser el creador de nuevas reglas implica un acto de soberbia inexplicable.

Sabemos que no hay que tirar hojas que caen de los árboles a las acequias, pero lo hacemos; y para tapar ese hecho, las rociamos con el kerosene que tenemos guardado para el lampazo y las prendemos fuego. Listo. Creemos que una nueva norma -esta de volver cenizas a las hojas que tiramos a la acequia- borra el incumplimiento de la regla que lo prohibía.

Siempre tiene que haber alguien vigilando. Entonces, el mendocino saluda al buchón y hasta ofrece su amistad y su propia buchonería contra el resto del vecindario, si hiciera falta. Y el vigilante, si no es obligado a vigilar, no lo hace: prefiere la vista gorda, que le puede traer beneficios e incentivos, mientras que lo contrario obtendría por ser responsable.

Así, una cosa lleva a la otra. Por ejemplo, a una sutil anomia (falta de normas) o al desinterés por las formas que hacen que seamos parte de un mismo barrio o de una misma ciudad, sin molestarnos. En este caso, si viéramos algo que no cuadrara con nuestra forma de vida, puede pasar lo mismo que con las hojas secas de otoño.

Por ejemplo, un indigente cuya pobreza da miedo, aunque no tenga ni fuerzas para moverse y ocasionar daño alguno. Aquí es preciso preguntarnos si el atentado contra el indigente, que dijo apellidarse Juárez y resultó ser Jesús Contreras, va a quedar en anécdota pintoresca de fin de semana o el fiscal Fehlmann, de Capital, antes de irse al nuevo cargo que lo espera en la Justicia Federal, impartirá justicia.

La otra opción es que ya consideremos a Jesús una norma de las cenizas de la sociedad, en la que no logró insertarse.

Jesús, el indigente que un héroe anónimo salvó de las llamas, no activará el expediente, no hará lobby ni irá a los medios. No debe siquiera votar. ¿Hay justicia para "los Jesús" de Mendoza? ¿O los magistrados volverán a argumentar que estar saturados de trabajo y que "primero es lo primero", sabiendo que Jesús no está, siquiera, en un segundo ni tercer lugar?

En la avenida en donde prendieron fuego a esta persona, hay cámaras. Hay que identificar a los autores del atentado como si Jesús tuviese el apellido más ilustre de Mendoza y su familia fuese la más poderosa. Sólo allí confirmaremos si hay o no justicia, si todo es un simulacro o si, fatalmente, Jesús fue consumido por el fuego de nuestra ignorancia y ya es cenizas.