"Garantismo Celestial" (o las miserias de la Doctrina de la Salvación)

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Walter Burriguini

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"Garantismo Celestial" (o las miserias de la Doctrina de la Salvación)

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"Garantismo Celestial" (o las miserias de la Doctrina de la Salvación)

"Garantismo Celestial" (o las miserias de la Doctrina de la Salvación)

 En el universo católico, los pecados mortales son las faltas o transgresiones que ofenden profundamente a Dios (matar, robar, violar, masturbarse, faltar a Misa los domingos sin justificación, etc.). Y el propio Dios decreta dos condiciones para los que comenten tales transgresiones y quieren recibir su perdón, evitando así la pesada condena que merecerían (caer en el Infierno). En primer lugar, aceptar que hace dos mil años Jesús de Nazareth asumió y pago con su tortura y espantoso asesinato la culpa de todas las malas acciones de toda la humanidad. En segundo lugar, arrepentirse sinceramente.

Una cosa debe quedar clara de entrada sobre esta creencia: nada tiene que ver con asumir las propias responsabilidades o con la Justicia o (menos aún) con la cordura. Implica que ni el criminal más despiadado del mundo necesita afrontar consecuencias si da por cierto una conjetura muy cómoda y conveniente (que alguien ya las afrontó por él) y experimenta una sensación determinada (remordimiento).

Pongamos por caso a Lucas Gómez, el mendocino que torturo, sodomizó y asesino a la niña Florencia Di Marco en la provincia de San Luis a principios de abril. En el universo católico, bastaría que un minuto antes de morir este personaje abyecto se arrepintiera sinceramente y aceptase de corazón que la culpa de todas las maldades de la humanidad (incluidas las suyas) quedó saldada hace dos mil años gracias a la muerte de Jesús de Nazareth... ¡¡¡para que las puertas del Cielo se le abran de par en par!!!

Sinceramente, me cuesta imaginar un sistema más arbitrario, caprichoso e imprudente que este.

¿O qué opinaría Ud., amigo lector, de indultar y premiar con la libertad a los asesinos, ladrones y violadores de Argentina que se arrepintieran sinceramente y aceptasen de corazón (por decir lo primero que se me viene a la cabeza) que la tortuosa muerte del General Manuel Belgrano asumió y pagó las culpas de todas las malas acciones de los argentinos? ¿Le parecería sensato o edificante? Estoy seguro que no, incluso si Ud. admira profundamente a Manuel Belgrano y es católico. ¿Por qué festeja entonces como la cumbre de la sabiduría y la bondad que premien en forma indiscriminada a cualquiera que se arrepiente sinceramente y acepta de corazón que la muerte tortuosa de Jesús de Nazareth asumió y pagó todas las culpas de toda la humanidad?

Y he aquí, a fin de cuentas, el legado más trágico y doloroso de las religiones: hacer que gente decente y perfectamente razonable admita doctrinas descabelladas y obscenas sin detenerse a reflexionar acerca de sus implicancias lógicas y morales más profundas.