¡Espejito, espejito!: ¿Qué hago si nadie me dice qué hacer con mi votito?

El país no será el mismo después de la histórica votación del jueves en Diputados. El debate fue mucho más allá de la despenalización del aborto y sirvió para ver qué clase de representantes tenemos.
Avatar del

Edu Gajardo

1/2
¡Espejito, espejito!: ¿Qué hago si nadie me dice qué hacer con mi votito?(Pachy Reynoso/MDZ)

¡Espejito, espejito!: ¿Qué hago si nadie me dice qué hacer con mi votito? | Pachy Reynoso/MDZ

¡Espejito, espejito!: ¿Qué hago si nadie me dice qué hacer con mi votito?(Pachy Reynoso/MDZ)

¡Espejito, espejito!: ¿Qué hago si nadie me dice qué hacer con mi votito? | Pachy Reynoso/MDZ

El debate por la despenalización del aborto superó cualquier expectativa y concentró el interés de toda la sociedad. Como nunca vi en este país, se trabajó bajo una consigna y se debatió -en muchos y buenos casos- con argumentos sólidos y exposiciones fundadas que uno quisiera escuchar también en otros temas que se han tratado en el Congreso. Sin embargo, también hubo otros casos en los que -tristemente- pudimos comprobar que hay gente que no tiene muy claro para qué fue elegida ni cómo debe actuar cuando no le bajan línea.

Por encima de cualquier cosa, el representante (sea electo o designado por algún gobernante) debe tener claro que el fin de su presencia en un cargo (en el Congreso, en un ministerio o en cualquier organismo del Estado) es y será siempre el bien de la República y de la Nación que confió en ellos para ser parte de los poderes que definen el destino del país.

Durante el debate por el aborto muchos legisladores quedaron al descubierto en sus limitaciones para hacerse cargo del puesto y del poder que representan cuando no hay alguien que les diga en qué momento se tiene que levantar la mano. Así se demuestra, además, que este mal incrustado en la clases política nacional genera que -en muchos casos- tengamos representantes que no son capaces de hacer su trabajo de la manera que el puesto que ocupan exige.

El que es legislador -o gobernante- no está en el lugar que tiene para decidir en torno a lo que piensan en su casa, a lo que le dice su religión o a lo que le salió en el horóscopo. Está para tomar decisiones pensando en el bien de la República y como garante para que el Estado pueda cumplir con el rol que establece la Constitución.

En el debate por la despenalización muchos legisladores no fueron capaces de despegarse de sus creencias o de las presiones de sus cercanos. Priorizaron esas cuestiones y se olvidaron que lo se discutía en el proyecto (que es lo que ellos deben estudiar). No era un debate para definir cuándo se inicia la vida u otra situación similar, sino que se trataba de legislar respecto a una situación que ya ocurre en el país y que no podemos ocultar.

El problema mayor, es que no sólo en este tipo de cuestiones las personas que ejercen el poder se dejan llevar por sus "cosas personales". Si comenzamos a revisar nos encontraremos con decenas de casos donde el político se deja llevar por sus "creencias o convicciones" y no por el bien común.

Un tema tan importante como el que se debatió en Diputados "desenmascaró" una triste realidad que nos afecta a todos, el escaso nivel de algunos representantes a la hora de hacerse cargo de un tema en solitario (y sin la opción cubrirse tras el bloque que los apañó para llegar al lugar que hoy ocupan) no están a la altura de las circunstancias.

Las listas sábana, los partidos, las alianzas y los mismos votantes desinformados han hecho su parte en esta historia, porque ninguno de ellos estaría allí si no existiera un sistema que permite que este tipo de personas llegue a un puesto de privilegio. Un lugar en cual reciben sueldos que -para muchos de ellos- son verdaderas becas de cuatro años.

Entonces, que no nos extrañe que tal como algunos legisladores, tengamos gobernantes o funcionarios que antes de pensar en en la Nación (o la Provincia), consulten con su esposa o con su guía espiritual la decisión debe tomar respecto a una ley, a un proyecto de inversión o cualquier otra cuestión que nos afecte a todos. Eso, antes de priorizar datos técnicos, estudios o exposiciones que los lleven a tomar decisiones tal como lo necesita y exige la República.

Eso sucede, y más seguido de lo que pensamos.