Esos Sampaolis que creen que todos somos giles

Famosos o desconocidos, a nadie le gusta rendir cuentas. Por más disculpas a posteriori, la primera reacción es la que nos define. Este fin de semana, 1 de cada 4 mendocinos dio positivo en los controles de alcoholemia.
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Rubén Valle

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Así como no hay un solo Barros Schelotto, tampoco hay un único Sampaoli. Son incontables los émulos del calvo director técnico de Selección Argentina que no se bancan someterse a un control. Sea de alcoholemia o de otro tipo. Consideran que la portación de apellido, cartel o contactos los exime de cumplir con las normas. Qué tupé. Suponen que con ellos hay que hacer la vista gorda, mirar para otro lado. 

Aunque después pidan disculpas, como de manual  hace todo famoso cuando su caso gana las redes sociales y les cae la ficha de un papelón sin retorno, la primera reacción es la que realmente cuenta. Es la que define a Sampaoli y a todos los demás. 

Lo que se quiere es minimizar una falta como si se tratara de una simple calentura, una "cuestión del momento", como si se tratara de un fulbito de barrio. Tanto el Sampaoli sobrador con el "cobrás 100 pesos por mes, gil" con el que prepeó al policía de Casilda o Juan Cabandié, cuando era candidato a diputado por el FPV y amenazaba a una agente de tránsito de Lomas de Zamora sacando chapa de hijo de desaparecido, lo que en realidad no toleraron es que los trataran como uno más. 

A ellos se debería sumar a políticos, empresarios, deportistas y personajes impresentables (pero cercanos al poder) que apelan a su alto o mediano conocimiento público y chapean con sus contactos para zafar de una multa a todas luces justificada. Los mismos que en otros ámbitos gustan dar lecciones de civismo y levantan el dedo acusador hacia aquellos que no son funcionales a su visión de la vida, la política o los negocios.

Entre el domingo y lunes e Navidad los controles de alcoholemia en Mendoza reflejaron un dato que debería meter miedo: 1 de cada 4 automovilistas controlados en los operativos de alcoholemia dieron positivo. 

Que quede claro, no estamos hablando de los loquitos de la pirotecnia, los cuales, hay que reconocerlo, cada vez son menos y están logrando que el balance de las fiestas sea menos trágico que en años anteriores.

Los que realmente encienden las alarmas son los indolentes borrachos al volante, esas armas sobre ruedas frente a las cuales la aggiornada Ley de Seguridad Vial poco puede hacer. 

Son los que, como Jorge Sampaoli, creen que todos somos giles. Cobremos $100 o más que el vapuleado agente de tránsito que hace su trabajo como corresponde.