Escuchen: las mujeres abortamos

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Gabriela Figueroa

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Escuchen: las mujeres abortamos(Télam)

Escuchen: las mujeres abortamos | Télam

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Soy una bruja. Mis pechos excitaron a un sacerdote.

Morí en la hoguera.

Yo soy hija extramatrimonial. A mi mamá le decían puta. Mi papá no me escondió más cuando aprobaron la ley de igualdad entre los hijos matrimoniales y extramatrimoniales. Yo nunca me sentí extra nada. Ni sentí que mi mamá fuese una puta. Ni que mi papá no me quisiera ni me fuese a desheredar.

Yo soy una cornuda desdichada. Mi marido me engaña con cuanta mujer se le cruce. Pero soy católica. Me casé para toda la vida. Lo que no sabía era que la vida era esta mierda. Y que el galán que me llevaba flores resultó ser un perverso. Pero es el padre de mis hijos. Y debo cuidar mi familia.

Yo soy una infiel con dignidad. Dejé de amar a mi marido y voy a optar por el divorcio. La bendición de la nueva ley es que no tengo que probar que él tiene la culpa, que él es un mal tipo, que él... simplemente no funcionó. Me voy. Se deshace la sociedad. Me equivoqué al elegirlo.

Yo sufro violencia. Mi novio me pega, pero es porque me quiere demasiado. Se arrepiente. Pide perdón. No lo va a hacer más. Y así años. Hasta que no se dio cuenta. Me mató. No tuvo la culpa. Fue sin querer. Nunca lo hubiese hecho a propósito.

Yo aborté. Nunca pensé que me iba a tocar tomar esta decisión a mí. Yo que soy tan Susanita, y justo ahora que Juan falleció y yo me quedé sola con los tres chicos, que no puedo con mi vida. Decí que la abortera era amiga de mi amiga y no me cobró caro. La plata me la prestó mi mamá.

Yo aborté. Porque al atorrante se le rompió el forro. Se borró al día siguiente que nos encamamos. Nos sacamos las ganas. Y bueno, esto es así. Yo no pienso cargar con un pendejo que no sé ni de quien es. Sí, nos calentamos en el baile y nos teníamos vistos desde hacía tiempo. No me arrepiento. La vida es así. Los hijos deben venir del amor, no de un polvo por ganas.

Yo aborté. Y me voy a ir al infierno porque soy católica y mi religión no me lo permite. Pero sería la vergüenza de mi familia: madre soltera. No me he recibido, tengo 18 años. Fui a un lugar que me dijeron. No paro de sangrar. No sé qué hacer. No sé a quién recurrir. Siento que ya no tengo fuerzas y tengo miedo de morirme.

Señores y señoras representantes del pueblo argentino: las mujeres abortamos. El tema es si lo vamos a hacer con asistencia médica legal o en forma clandestina.

Escuchen: las mujeres abortamos. La cuestión es si las mujeres con poder adquisitivo van a seguir engrosando los bolsillos de los médicos o el Estado se va a hacer cargo de este tema de salud pública.

No les estamos pidiendo permiso: las mujeres abortamos. Queremos saber si se va a blanquear el increíble hecho de que las mujeres tenemos sexo por placer y no sólo para ser reproductoras de la especie humana y que hay un grave problema de educación sexual. Nadie aborta porque quiere. El aborto es el último eslabón de una cadena con muchos eslabones rotos previamente.

Lo acepten o no: las mujeres abortamos. No nos hablen ni del feto, ni de la vida, ni del Nirvana, ni del habría que haber habido. No hay mujeres presas por haber abortado. Hay mujeres muertas. Hay familias destruidas. Hay mujeres mutiladas con agujas de tejer.

Las mujeres deseamos, tenemos relaciones por placer, cogemos, procreamos, abortamos, parimos, criamos, amamos, desamamos, y ningún legislador o legisladora nos va a dar permiso o no para ello. Sean honestos y dennos una ley para que no se muera ninguna mujer más por ningún motivo.

Soy una bruja. Mis pechos excitaron a un sacerdote. Morí en la hoguera. Estos días mi espíritu va a estar sobrevolando el Congreso de la Nación Argentina para ver la humanidad siguió evolucionando.