El odio de unos y el amor de los bomberos héroes

El odio es un grito pero también una posición silenciosa de los poderosos frente los procesos de cambio que benefician a las mayorías sociales.
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MARCELO PADILLA

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El odio de unos y el amor de los bomberos héroes(Infobae)

El odio de unos y el amor de los bomberos héroes | Infobae

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El odio necesita siempre de un chivo expiatorio. Es una condición psicológica y social. Se lo puede explicar, analizar y hasta comprender. Jamás entender ni acompañar. El odio está dentro de uno en lucha constante contra el amor. Este mecanismo también funciona en lo social. Odiar es un acto, un sentimiento, una reacción de impotencia que impide sopesar las cargas de uno u otro lado. El odio engendra lo peor que una sociedad puede desnudar: la homofobia, la misoginia, el racismo, el fascismo, el egoísmo, el individualismo, el sálvese quien puede. Hasta el racismo de clase y el racismo de la inteligencia.

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El odio es un grito pero también una posición silenciosa de los poderosos frente los procesos de cambio que benefician a las mayorías sociales. Y paradójicamente, en la confusión general de los que confunden intencionalmente, el odio también se le inyecta a quienes tienen mucho que perder en un proceso de cambio. Hablo de sectores medios y trabajadores que en las crisis entran en pánico y actúan con desesperación. Y la desesperación a veces lleva a la espontánea (aunque acicateada) organización del odio.

El chivo expiatorio es una necesidad antropológica en las culturas. La demonización del otro, la puesta en el otro de todos los males, la culpabilización en una persona o en un gobierno. Dicho esto podemos pensar que hoy el odio de muchos está canalizado, desplazado hacia la figura de Cristina y su gobierno. Pero pregunto ¿pueden mirarse hacia sus propias prácticas cotidianas? ¿Podemos mirarnos nosotros mismos? ¿Qué hay de nosotros, como colaboración por acción u omisión en este gran lío? Somos sociedad porque tenemos estructuras sociales que sostenemos con las ideas y las prácticas. ¿Cuánto hay de responsabilidad en los que se quejan mañana, tarde y noche en que este momento crítico se haya planteado así?  No se trata de buenas o malas intenciones. Se trata en todo caso de intereses y lo mejor que uno podría hacer es identificar cuáles son los intereses de unos y de otros. Quiénes hacen lo que hacen para que sus intereses tengan mayor rentabilidad y quiénes para defender a los de su condición. Es inexorable que el actual gobierno llega a su fin en un año y pico más. Y nadie sabe por dónde se canalizará el descontento real y el insuflado por los que no quieren más cambios a favor de los que menos tienen.

Ahora bien, seamos alguna vez sinceros con nosotros mismos. Los beneficios sociales les llegan a todos. No se discrimina un aumento a jubilados oficialistas y no oficialistas. El aumento de la ayuda escolar es  para todos y todas. Y eso es una política social global y no focalizada. No es una clientela. Es una mayoría que necesita de estas reparaciones que van a terminar beneficiando también al pequeños y gran comerciante, al consumo, a la reactivación económica. ¿Y ahí qué me dicen? Para lograr tantos cambios positivos en estos últimos 10 años hubo que tener más que coraje. Más que compromiso. Y a eso yo le llamo “cojones”.

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Cojones como los que tuvieron los valientes bomberos que murieron por los demás y por culpa de la especulación de empresarios que incendian sus depósitos para blanquear a los poderosos.