El lado más siniestro del caso Rodrigo Eguillor

Todos los programas de televisión se hicieron eco del episodio más mediático de la semana. Más allá de la condena social, hombres y mujeres arengaron en las redes al denunciado por abuso sexual. La hinchada en la web como reflejo de parte de una sociedad que sigue adhiriendo al machismo, y el peligro de aplaudir a energúmenos que no dudarían en aniquilar a sus propios fans.

Laureano Manson

Rodrigo Eguillor

Rodrigo Eguillor

En esta semana, un nuevo mediático pululó con alta rotación en varios programas de televisión. El sujeto en cuestión es Rodrigo Eguillor, acusado de abuso sexual por un evento que tuvo lugar el pasado 15 de noviembre en un departamento del barrio porteño de San Telmo. La denunciante señala que intentó escapar de una situación de acoso, mientras que él sostiene que logró salvarla de un intento de suicidio. Todo en medio de un tenso episodio en un balcón, con testigos presenciales y la intervención de los bomberos.

Mientras la causa está en curso dentro de su correspondiente canal judicial, Eguillor generó alto impacto en las redes con un live en Instagram en el que volcó una catarata de conceptos machistas y clasistas; pretendiendo ensuciar la imagen de la chica que lo denuncia por ataque sexual. El blondo ex relacionista público de un boliche e hijo de una fiscal se considera a sí mismo demasiado fachero como para tener la "necesidad de violar", y en una polémica entrevista con Mauro Viale no dudó en posicionarse como víctima de una serie de acusaciones infundadas; llegando a sostener que próximamente iniciará una causa en contra de la demandante. 

En medio del torbellino, con repercusiones de repudio en la mayoría de los programas en los que se ha hablado de Eguillor, sumado al escrache público que llevó al pelilargo a bajarse de un tren el que intentaba trasladarse; la explosión de este nuevo engendro mediático puede compararse con la de especímenes como "El Gigoló" y Camus Hacker. Lamentablemente, su configuración como un tipo cosificador y carente de sensibilidad, no es una rareza en el panorama actual. Hay miles de Rodrigo Eguillor en una sociedad como la nuestra, que lucha por erradicar un larguísimo modelo patriarcal, pero que a su vez sigue atravesada por un larvado machismo que abarca todas las clases y generaciones. 

Hasta el momento, el sujeto que ha copado las pantallas sólo ha pedido una escueta disculpa por las barbaridades que dijo en su live por Instagram. Claramente, ese perdón es sólo una formalidad, y más allá de los problemas mentales y familiares que dice tener, el estudiante de abogacía que chapea con ser un chico de Canning; se muestra más preocupado por tener hackeada su cuenta en la mencionada red social, que por la causa judicial que lo tiene como protagonista.

Mientras deambula desde hace unos días con la misma ropa, se presta a dar declaraciones frente a cuanta cámara de televisión se le ponga por delante. No es nuevo que un sujeto así de irritante, vanidoso y contradictorio se transforme en el centro de debate en todos los canales. Lo que sí todavía estamos en proceso de dimensionar es el alcance, y en varios casos, la toxicidad de las historias y lives de Instagram. Si algunos consideran que las series de streaming son adictivas, las breves cápsulas que podemos zapear en todo momento en la red social, suelen pasar ante nuestros ojos como un divertimento tan fugaz como vacío. Obviamente, hay usuarios que se caracterizan por sus posteos creativos, pero el manual de estilo de Instagram está marcado a fuego por una carrera de likes en la que poco importan la inteligencia y la sensibilidad.

De hecho, el live por el que Rodrigo Eguillor alcanza sus patéticos cinco minutos de fama, cristaliza claramente el típico patrón de prepotencia y belleza estandarizada que tanto cotiza en la red de la camarita. Más allá de las despreciables palabras del troglodita en cuestión, lo que produce una auténtica crispación es la lluvia de corazones mientras lanza su sarta de expresiones agresivas. En algunos registros de esta transmisión en la web, pueden leerse múltiples comentarios de adhesión y excitación de sus seguidores, aunque aquí compartimos una versión con esas interacciones blureadas. Incluso después de que Eguillor relata lo que él define como salvataje de una chica al borde del suicidio, hablando sobre ella con conceptos de lo más despectivos y nefastos; alguien le pide que se saque la remera.

A diferencia de los formateados debates en televisión, las redes construyen a una velocidad vertiginosa su propio mundo, con millones de personas que se conectan para encender la chispa de una escena que puede puede derivar en una una historia luminosa, o terminar al borde de la filosa baranda del balcón de San Telmo. No se trata de demonizar un sistema de comunicación que pasa cada vez más por el espacio virtual. Las redes trazan un apasionante e intrincado laberinto con un recorrido incierto que aún está en construcción. Todo perfil o cuenta, es una suerte de ensamble entre lo genuino y lo diseñado de cada persona, listo para exhibir en la enorme vidriera online. Que una tribuna 3.0 haya arengado a Eguillor, habla de una adrenalina sumamente intoxicada, pero también de un enquistado discurso machista al que aún adhiere una contundente cantidad de hombres y mujeres. 

Mientras la violencia de género sigue contando víctimas, esta  hinchada en la web es el preocupante reflejo de parte de una sociedad que promueve un presente que atrasa, y aplaude a energúmenos que no dudarían en aniquilar a sus propios fans.

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