El auto boicot de las clases medias

El proyecto del gobierno nacional ha llegado a un punto de inflexión importante después de la última derrota electoral.
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MARCELO PADILLA

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El auto boicot de las clases medias

El auto boicot de las clases medias

El auto boicot de las clases medias

El auto boicot de las clases medias

La Unión Democrática que enfrentó al primer Perón en el 46 del siglo pasado, recordemos, se formó más que por coincidencias ideológicas por el espanto a un pueblo y a su líder que desbordaba de las alcantarillas como agua de un caño madre hecho pedazos. Esa Unión logró articular un abanico de expresiones políticas disímiles y hasta contradictorias que iban desde la UCR, conservadores, liberales, democristianos, socialistas hasta comunistas.

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Como sabemos, la UD fue financiada y proyectada por los EEUU a través de su embajador en Argentina: Spruille Braden. El odio al peronismo nace institucionalmente allí, en formato de alianza política por donde se canalizó la alternativa electoral a un proceso inevitable de reconocimiento de derechos y transformaciones sociales que lideró Perón y que sellará por décadas un romance social entre el movimiento obrero, un gran sector del ejército nacional y los parias del interior del país.

Una alianza de clases frente a otra alianza de clases. Una división clara en el mapa social. Si bien han pasado muchas décadas desde aquella contienda social que lo tuvo al peronismo de ganador en la pulseada por dos gobiernos consecutivos hasta que la propia Unión Democrática, los EEUU, la Iglesia y sectores del ejército liberales crearan las condiciones para el golpe de Estado del 55, la idea de juntarse contra el peronismo transformador (en esta última década el kirchnerismo) reeditando aquella fórmula de biblias y calefones, sobrevive en el imaginario de las clases altas y medias y en sus expresiones políticas, hoy dispersas.

Como a ninguno de los candidatos y partidos políticos les alcanza solos para voltear al kirchnerismo en las próximas elecciones presidenciales en 2015, a varios se les ha ocurrido plantear la reedición de la Unión Democrática aunque no lo digan abiertamente en esos términos. Pero es lo mismo. No jodamos. El radicalismo y el socialismo más algunas expresiones de centro-izquierda y liberales ya están en marcha por ese camino.

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La piedra en el zapato es Massa que tracciona por derecha al peronismo bonaerense y por ahora construye más cerca del PRO de Macri. Pero los números son los números. Y las presidenciales no son las legislativas. Es un deseo más de los caceroleros y de los medios anti gobierno por ahora. Y dependerá de los intereses de los intendentes y de los candidatos a gobernadores quienes esperarán hacia dónde correrá el viento a favor para aliarse al mejor postor.

El proyecto del gobierno nacional ha llegado a un punto de inflexión importante después de la última derrota electoral. Pero si retoma su capacidad de sorpresa que siempre tuvo el kirchnerismo de Néstor a ninguno les será muy fácil derrotarlo solos en las elecciones. El gobierno se ha dedicado estos meses a procesar las críticas y preparar la estrategia. Están instalados ya dos temas que deberá abordar con inteligencia para no quedar en el debe: inflación y seguridad, banderas hoy de la oposición que arrean con fuerza y que los medios usufructúan para abarrotar diarios y noticieros.

Por supuesto que plantarse ahí, en esos dos tópicos, les permite jugar con la desmemoria de los sectores medios que en los 90 y especialmente en 2001, 2002 y 2003 se cagaron literalmente de hambre por la aplicación de políticas que los propios partidos opositores y el menemismo implementaron. Pero no basta hacerles recordar.

El veletismo es una condición cultural en las clases medias y altas argentinas. Y esto es curioso. Es una especie de autoboicot que necesitan realizar para realizarse. No pueden apegarse a un proyecto colectivo más que a condición de que el mismo les garantice siempre el beneficio individual sin tener en cuenta que hay momentos donde hay que apechugar un poco.

La ambición no descansa. La felicidad es la propiedad privada acumulada. El ascenso social es para los desmemoriados marcar la diferencia con los más pobres. Y al final del camino, cuando el autoboicot se realiza en todo su esplendor, todos terminan comiendo la misma mierda.