El año en que recibimos un golpe de realidad, excepto los vivos de siempre

Es una cadena, una cosa lleva a la otra y todo lo que hacemos tiene consecuencias. Tuvimos un baño de realidad, pero sigue habiendo privilegiados y vivos que siempre se las arreglan para que otro paguen los platos rotos.
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Edu Gajardo

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El año en que recibimos un golpe de realidad, excepto los vivos de siempre(publicada por miningpress.com)

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Una cosa lleva a la otra, no hay acción sin reacción, lo que se hace se paga y tantos otros dichos. El 2017 fue un año en que el país vivió un baño de realidad que sirvió para mostrar cuánto nos cuesta hacernos cargo de los errores cometidos.

Quizás lo más doloroso se vivió en los últimos meses, cuando tuvimos que enfrentar un paquete de reformas económicas que sacó lo peor de lo nuestro, que mostró cómo algunos sectores de la políticas y el sindicalismo son capaces de exponer al pueblo para desestabilizar un gobierno.

Curiosamente, muchos de los que impulsaron la violencia en las calles son los responsables de que hoy se necesiten las duras medidas correctivas que se tienen que aplicar en la economía del país para poder sostener, entre otras cosas, el sistema previsional y que los jubilados puedan cobrar y no se queden sin un peso a largo plazo.

El baño de realidad llegó al final del período y de ahora en adelante en el Gobierno aplicará un plan económico bajo las reglas que ellos propusieron y que se convirtieron en leyes, por lo que también esperamos se termine el discurso de la herencia.

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Lo que dejó el populismo fue un desastre que llevó a tomar medidas impopulares y duras que ahora sentiremos por un tiempo más. Es que nada es gratis y cuando un país es presa de los grandes oradores que quieren lo mejor para el pueblo, pero hipotecan todo para mantenerse en el cargo y, de paso, robarse todo, finalmente los que pagan son los que supuestamente quieren beneficiar, o sea, los pobres.

Sin embargo, y como otro baño de realidad, el Ejecutivo también mostró lo suyo y nos recordó que sigue habiendo intocables en el país y que por más que se le pida un esfuerzo a todos para sacar adelante nuevamente a la Argentina, hay unos que la sufren más que otros y otros que de vivos siempre se salvan.

Entre los que más están pagando están los jubilados y, por supuesto, la clase media que sin ayuda del estado y sin recursos de sobra, se está comiendo todos los aumentos que pueden existir. No te recuperas de uno y te pega otro.

Entre los beneficiados están las industrias que bajo el argumento de mantener empleos pelearon para mantener sus privilegios impositivos, a pesar que muchos actores de ellas -sabemos- piensan más en su rentabilidad que en los empleos y el desarrollo sustentable de su actividad. Piensan en que no afecte sus cuentas bancarias, pero después no tienen reparos en afectar y perjudicar a los que están más abajo en la cadena productiva.

Un párrafo aparte se merecen las prepagas, que antes de cerrar el año se fueron con otro regalito y aumentarán un 4% sus planes en febrero. Eso sin considerar que durante este año aumentaron un 28% sus precios, cuatro puntos por encima de lo que se estima sería la inflación del año calendario. También Edemsa y el servicio de energía eléctrica, que incluso nos hará -de una u otra forma- financiar sus obras cuando tenés un servicio de mala calidad y llueve un poquito y se te cortó la luz.

Otro paréntesis hay que hacer para hablar de los empresarios que especulan con el dólar y los anuncios de inflación, porque no esperaron ni siquiera que llegara el 2018 para hacer que se sintieran en los precios, por ejemplo, de los supermercados.

Así, Argentina recibió un nuevo baño de realidad pero los vivos sigue haciendo lo suyo y se las arreglan para que otros paguen para que ellos sigan con sus privilegios. Eso en todos los niveles, desde el vecino que se caga al vecino y llegando hasta los empresarios que reciben beneficios del Ejecutivo para que generen buenas condiciones de trabajo y más empleo, pero suben sus precios, siguen con trabajo en negro o aumentaron los salarios bajo los niveles de inflación.

Entonces, brindemos por un 2018 con menos vivos, más solidaridad y un Estado firme que niveles un poquito más y no cargue la mano a los que más les cuesta ganarse cada peso.