El ajedrez de Francisco desde su banca en el Vaticano

De una u otra forma, el Papa nunca deja de tener una activa participación en la agitada vida política de su país. Su impronta peronista puede más que la distancia, los cargos y los vaivenes del mundo católico.
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Rubén Valle

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Además de ser el máximo referente de la Iglesia católica en todo el mundo, Jorge Bergoglio es también uno de los políticos más influyentes. Cada una de sus intervenciones, directas o indirectas, respecto de la Argentina, su país de origen, nunca son casuales, inocentes e inocuas.

Como diría una vieja feligresa, el Papa no da puntada sin hilo. Detalles, sutilezas -y no tanto- que se pueden interpretar en función de con qué cara y en cuánto tiempo Francisco recibió a la expresidente Cristina Fernández y a su sucesor, Mauricio Macri, o con qué énfasis a una de las máximas referentes de las Madres de Plaza de Mayo/Línea Fundadora, Taty Almeida. O en base a los envíos selectivos de rosarios bendecidos para, entre otros, la encarcelada dirigente social Milagro Sala y la extitular de la Procuración General de la Corte, Alejandra Gils Carbó.

En esa misma línea de singular conexión política, ayer, a través de su canal de YouTube, denominado El video del Papa, Francisco difundió un mensaje cargado de sensatez donde rescata la figura de los ancianos y su importancia como transmisores de sabiduría y experiencia para las nuevas generaciones. "Un pueblo que no cuida a los abuelos y no los trata bien es un pueblo que no tiene futuro", enfatizó el pontífice.

El sentido de sus palabras se encuadra en lo que son sus habituales reflexiones destinada al público cristiano. Sin embargo, el Bergoglio ajedrecista lo plantea en medio de la polémica reforma jubilatoria que impulsa la gestión de Mauricio Macri, con lo que su mensaje hábilmente trasciende la platea católica y termina apuntándole al mandatario y a una de sus apuestas de cambio.

En esa lógica de amigos y "no amigos" (cuesta endilgarle enemigos al Santo padre), el 8 de noviembre recibió en la tradicional audiencia pública en la plaza San Pedro al líder de los camioneros, Pablo Moyano.  

Como contracara del buen anfitrión que (a veces) es, Bergoglio no recibió en persona a dos miembros de la CGT -considerados "dialoguistas"- Juan Carlos Schmid y Héctor Daer, quienes participaron en el Vaticano de un congreso internacional de sindicalistas. Casualidad o no, días antes estos dirigentes habían llegado a un acuerdo con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, para avanzar en la reforma laboral.

Pese a los chispazos iniciales con el kirchnerismo, Bergloglio y Cristina Fernández pudieron  finalmente recomponer su relación, basada esta en cierta visión política en común. Según lo testimonia Ceferino Reato en su libro Salvo que me muera antes, fue la entonces presidenta la que rechazó enfáticamente la misa que le ofrecía el otrora arzobispo de Buenos Aires para despedir a Néstor K. Con la llegada de Bergoglio a la Santa Sede, a Cristina le incomodaba aquel desplante y debió remar bastante para acercar posiciones y poder entrar al Vaticano por la puerta grande.Ya en las legislativas del 2013 se dio el lujo de utilizar sin reparos la figura del pontífice para la campaña electoral. 

Jugaba a favor de esta particular cercanía, los orígenes peronistas del jefe de la Iglesia. Para la ensayista y escritora Beatriz Sarlo no hay dudas de su extracción: "Jorge Bergoglio es peronista. No se puede despojar de sus automatismos ideológicos". No obstante, le reconoce que cuando habla de la Argentina "interviene como peronista histórico, no como kirchnerista".

Con Macri la relación fue tensa desde el vamos, con lo cual más claro aún queda su posicionamiento ideológico. A pesar de esto, del sillón de San Martín al de Pedro fueron transitando un camino de reconciliación (interesada, política al fin) que hoy los muestra a una respetable distancia.

"Yo siempre fui un inquieto de lo político", les reconoce Bergoglio a Javier Cámara y Sebastián Pfaffen, autores del libro Aquel Francisco.

A confesión de parte, relevo de prueba.