Dudar de la sinceridad de algunos políticos

Fernando Rule cuestiona las intenciones del oficialismo con el proyecto para bajar la edad de imputabilidad. 

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Fernando Rule

Dudar de la sinceridad de algunos políticos

Dudar de la sinceridad de algunos políticos

A propósito de la idea que lanza el gobierno de Macri, la de bajar la edad de punibilidad a 15 años, con la “idea fuerza” de que eso sería hacer justicia para con las víctimas, no puedo sino pensar en nuestra propia historia, la de las víctimas directas (directas, porque víctimas fuimos todos los argentinos, y lo seguimos siendo) del genocidio del 1974 – 1983.

En principio, apelan a un sentimiento natural, que es que quien es víctima de un delito exige que la justicia – la que tenemos – haga algo para reparar el daño que sufrió. En el peor de los casos, mínimamente una reparación simbólica, ya que hay delitos cuyas consecuencias son irreparables. En este sentido, no digo ninguna novedad remitiéndome a los innumerables debates acerca de las dudas que deja la cárcel como sistema punitivo que se aplica desde hace unos tres siglos. Pero de lo que no quedan dudas es de un hecho absolutamente demostrable: los jóvenes que tempranamente son privados de su libertad son privados asimismo de las pocas oportunidades de armar su propio proyecto de vida. Dicho en términos callejeros, el que de jovencito cae en cana por afanarse un celular, sale de la cárcel como un delincuente hecho y derecho.

Pero resulta que los funcionarios que propician bajar la edad de imputabilidad se muestran ahora preocupados por las víctimas de esos victimarios adolescentes. Y es ahí donde no podemos dejarnos de preguntar si lo dicen con algún grado de sinceridad…Pues son los mismos políticos que nunca manifestaron alguna empatía con las víctimas de homicidas seriales, violadores sistemáticos, ladrones de bebés, simples rateros que arrasaban con todos los muebles de cada casa donde llegaran.

Y somos demasiado generosos al decir que no tuvieron empatía con las víctimas, porque en realidad sabemos que muchos de ellos fueron cómplices, al menos ideológicos, de los genocidas. Una de las pruebas que tenemos a mano, y no la única, es la siguiente: en 1984 iniciamos un juicio por el asesinato de Miguel Angel Gil, delegado gremial de la Comisión Nacional de Energía Atómica de Mendoza, destruido en la tortura hasta la muerte. Las investigaciones llevaron a comprobar decenas de homicidios, torturas, violaciones y abusos sexuales, sobre centenares de víctimas, la mayoría desaparecidas, y la participación de alrededor de cuarenta funcionarios del Estado. Nunca en nuestro país se habían juzgado tantos y tan horrendos crímenes. Pues bien, ninguno de los actuales políticos que hoy se muestran tan preocupados por las víctimas hizo nada para que tales delincuentes pagaran sus culpas, ni por reparar, al menos simbólicamente, a sus víctimas. Y esa despreocupación tuvo sus consecuencias: el juicio vino a resolverse treinta y tres años después…¡33 años!

No son creíbles en eso de la necesidad de hacer justicia para las víctimas, no. El único motivo es el viejo sueño de los traidores a su propio pueblo: mantener a las mayorías en un estado de indefensión, de minusvalidad, de terror. O, como dicen entre ellos, hay que mantener a raya a la negrada. En beneficio de unas pocas familias, claro.

Fernando Rule – jubilado – preso político entre 1976 y 1982 – miembro del Comité de Prevención de la Tortura.

Enero de 2019

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  • Imputabilidad