Discúlpeme pero no quiero hablarle del MendoTran, mejor hablamos de dignidad

El año arrancó tan movido como terminó, ya sea por una o por otra situación. La cuestión es que las señales que envían los gobernantes demuestran lo alejados que están del sentir del ciudadano en la calle. No quiero hablar del MendoTran, quiero hablar de dignidad.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

Discúlpeme pero no quiero hablarle del MendoTran, mejor hablamos de dignidad

ALF PONCE / MDZ

Somos seres de costumbres, nos vamos acomodando y más aún en un país como la Argentina. El sistema se irá ajustando y con el tiempo será la nueva normalidad. No les quiero escribir más sobre el MendoTran porque -a mi favor y ante las críticas que recibí de militantes y funcionarios- no hablo con el diario del lunes. En este mismo espacio, el pasado 25 de noviembre planteé mis dudas respecto al actual del Gobierno ante la implementación del nuevo sistema de transporte. Lo que no anticipé es que lo largarían tan desnudo, sin la señalética en las paradas o asistencia en lugares claves.

Pero lo que se generó en las calles fue una cuestión que fue más allá de un sistema de transporte, terminó por mostrar el sentimiento del ciudadano de a pie ante lo que se vive en el país hace varios meses y que tuvo en esto la frutilla de la torta. En mi análisis personal afloraron dos cuestiones fundamentales. La primera fue la solidaridad entre los que andan en micro, llámese usuarios y también los choferes (que se portaron a la altura en un momento complejo). La segunda fue un nuevo golpe a la dignidad, un golpe a ese respeto que debe sentir el ser humano por si mismo y que también merece recibir de los demás.

Cuando el Estado no cumple con su rol y, por ejemplo, deja a miles de ciudadanos desorientados buscando respuestas que no encuentran, se está afectando a la dignidad de cada uno de ellos porque se menosprecia su necesidad, se les desmerece en su reclamo e incluso se les culpa por algo que no decidieron y que deben enfrentar con falencias. Esta ultima frase no es sólo en referencia a lo que vivimos esta semana, porque se repite y se acomoda a todos los golpes que vienen dándonos desde arriba.

contenidos/2018/11/24/noticia_0039.html

Cuando se afecta la dignidad aumenta la distancia entre el ciudadano y los gobernantes, transitando caminos diferentes y realidades que no se encuentran en ningún punto. Por eso, lo sucedido en Mendoza no es una buena señal -y menos en un año electoral- y seguramente ya es analizado por los asesores políticos, tanto de los que están hoy en el poder o de los que quieren llegar este año. Por algo ninguno de los aspirantes a suceder a Cornejo se mostró en estos días, ni los propios ni los extraños. No era el momento de salir a quemarse por algo que ya tenía rostros a quien culpar.

La distancia y la falta de sintonía del gobernante con la calle se notó esta semana en el discurso oficial, que lejos de aplacar la situación, la empeoraba. Como nunca en mucho tiempo el Gobierno provincial se parece al nacional.

Se buscó un discurso optimista, pero lejano, como los del presidente -uno de los cuales hizo esta semana- pidiendo esperanza con una inflación del 50% y en medio de anuncios de nuevos aumentos que nos hacen dudar que se cumplan las nuevas metas que tiene el Ejecutivo. Un optimismo que no basa en ninguna cuestión real y que nuevamente apela a polarizar entre los K y los anti K, asegurando que el futuro será mejor y no podemos volver al pasado. Es cierto, no se puede volver al pasado, pero lo justo es que en lo que resta de gestión se vean efectos reales de mejora en la vida de cada persona.

En medio de ese golpe a la dignidad y esa distancia que se generó en Mendoza, es necesario aplicar correcciones rápidas en el corte plazo para que el ciudadano sienta que recupera el respeto del Estado hacia su persona. A esta altura da casi lo mismo que sea por una cuestión de preocupación o por el miedo del impacto en un año electoral. Que se tomen las medidas para que un cambio que claramente era necesario, no se convierta en un castigo más allá del "shock" inevitable de un cambio, especialmente en una sociedad como la mendocina que no está abierta a la mayoría de las modificaciones al status quo.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?