Déjà vu: cobrame a $50 la Coca de medio litro y no vuelvo más

Un nuevo episodio de esos que demuestran que Mendoza está lejos de ser una ciudad que se preocupa del consumidor y del turista. Esta vez en plena Arístides.
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Edu Gajardo

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Déjà vu: cobrame a $50 la Coca de medio litro y no vuelvo más

Voy a hacer una especie de catarsis por un nuevo episodio de esos que de vez en cuando te pasan y que seguramente no sólo me pasó a mí. De paso, me hizo recordar la columna que escribí protestando por el cobro de una gaseosa de un litro y cuarto a $140.

Ayer después de salir de la redacción de MDZ me fui a buscar un lugar donde almorzar para luego seguir con una serie de trámites que debía realizar. El lugar elegido fue un restaurant de sushi muy cerca del diario y que tenía una buena promoción: una gaseosa de medio litro y 15 piezas de sushi por $150. Buen precio y un menú que parecía prometedor, considerando los precios que se manejan en calle Arístides Villanueva.

De inmediato me tomaron el pedido y me trajeron la gaseosa (a las 14.15). Mientras esperaba me puse a ver videos en el celular y cuando me di cuenta pasó media hora. Le consulto al mozo y me dice que están demorados, que en 10 minutos sale mi pedido. Pasó media hora más y me paré para decirles que me iba, que había esperado demasiado (eran las 15.20).

"Cobrame la gaseosa y me voy", le dije. "Son $50", me dice el mozo. De inmediato protesté porque después de una hora de espera aún así querían tener rentabilidad excesiva a costa mía. Eso porque una gaseosa de 500cc (aún en un kiosco de la Arístides), cuesta mucho menos y sólo la tomé allí porque venía con la promesa de una promoción que nunca llegó. No me dieron la opción de que fuera gratis o por lo menos al costo, señalando que era lo que estaba señalado en la carta. La cuestión es que yo no vi la carta, pedí lo que estaba en una pizarra en el ingreso del local. Molesto por la situación y sin ganas de seguir protestando, los pagué, pero ni siquiera fueron capaces de darme un ticket.

Pedí el libro de quejas y dejé plasmada mi molestia, pero la cuestión va más allá. En este caso no hay respeto por el consumidor (el cliente) y -además- se puede considerar una falta que va a ser denunciaba hoy en Defensa del Consumidor. Eso porque fui por un servicio que no me dieron y tuve que pagar un precio excesivo que no estaba establecido entre las partes al momento de llegar al lugar.

Entonces, si esto pasa en plena Arístides, un lugar que debería dar el ejemplo de atención y de cuidado de los clientes, consumidores y turistas, ¿qué queda para el resto? Seguramente no soy el primero y no seré el último.