Crucificar a Paco, una vez más

El radicalismo se remonta otra vez al epílogo tormentoso del último gobernador justicialista, quien a fines de 2015 se fue chiflado por empleados públicos, proveedores e intendentes. La idea es comparar la "deuda mala" de Francisco Pérez con la "deuda buena" de Alfredo Cornejo. Este ejercicio busca demostrar con números que lo que se debe a los acreedores no explotó tanto como dice el peronismo, ni es tan grave, y que el escenario actual es mucho mejor que el "desastre económico" que dejó la gestión anterior. 

Juan Carlos Albornoz

Franciso Pérez y Alfredo Cornejo, en el momento de la sucesión. Vuelve el juego de las diferencias, cerca del inicio de la campaña electoral.

Franciso Pérez y Alfredo Cornejo, en el momento de la sucesión. Vuelve el juego de las diferencias, cerca del inicio de la campaña electoral.

El peronismo mutó aceleradamente esta semana. De plegarse una buena parte disciplinadamente a todos los pedidos de endeudamiento que Alfredo Cornejo hacía cada año, saltó a frenarle (todos juntos ahora) en la Legislatura cualquier autorización. Incluso el permiso al que habían accedido siempre los gobernadores mendocinos: la refinanciación de deudas antiguas y no tanto.

Este bloqueo se precipitó, más que nada, por cálculo político. Los bloques legislativos del PJ están divididos entre kirchneristas y antikirchneristas. Los kirchneristas quieren ejercer una oposición firme, mientras que los antikirchneristas juegan el rol de "justicialistas racionales". Pero ninguno de los dos se puede dejar arrebatar la bandera opositora por parte del rival interno. Y la necesidad de ser críticos, esta semana, eliminó los matices.

Así fue que el justicialismo se tuvo que unir el miércoles en contra del gobernador. Los dos bandos (Unidad Ciudadana y peronismo orgánico) han decidido convivir en Mendoza bajo un mismo techo partidario. Pero es un matrimonio por conveniencia que deja ver a cada momento los recelos y diferencias que existen entre los integrantes de esta incómoda pareja.

De hecho, el diputado Javier Cofano, quien es soldado de los hermanos Félix, reconoció el miércoles a la noche que había conversaciones con el Gobierno para sacar el Presupuesto 2019. "Si hubiéramos tenido una semana más de debate sobre algunos temas, podríamos haber llegado a un acuerdo con el oficialismo", expresó en su intervención al micrófono.

Pero no hubo "una semana más" para el PJ dialoguista. "No hay ningún interlocutor, hay que hablar con diez personas y ninguna ordena", dijeron en el Gobierno. Cornejo cortó abruptamente la rosca, pocas horas después de que arrancara, a pesar de la señal que emitían por lo menos algunos de los intendentes peronistas.

Que las cuentas públicas no estén en emergencia, lo ayudó a tomar la decisión: poco más de la mitad del superávit proyectado para 2019 alcanzaría para hacer los pagos que le obligará a afrontar el PJ. En efecto, el pedido de refinanciación de deudas era por 3.695 millones de pesos, mientras que el superávit proyectado asciende a 6.773 millones.

Ahora, en medio de amenazas de ajustes y restricciones, por las cuales responsabiliza a todo el PJ, el oficialismo encara otra etapa: la militancia de la "buena deuda".

La "deuda buena" de Cornejo se contrapone en esta estrategia a la "mala deuda" de la última administración justicialista: Cornejo y su equipo saben que las tribulaciones financieras del PJ en el pasado reciente representan un flanco débil para atacarlo. La misión consiste en crucificar a Paco, una vez más.

La historia es conocida. Francisco Pérez se fue a fines de 2015 sin poder pagar los últimos sueldos de los empleados estatales. Por falta de fondos, había paralizado la obra pública, tenía grandes deudas con los proveedores y hasta los intendentes de su partido le reprochaban que les retenía la coparticipación municipal.

Fue un caos que el radicalismo, sin dudas, planea rememorar, en defensa del supuesto incremento de casi 400 por ciento (de 10.000 a 50.000 millones de pesos) que experimentó la deuda pública en los últimos tres años, de acuerdo con los cálculos de Unidad Ciudadana.

Un primer punto para defender la "deuda buena" de Cornejo es achicar sus montos. En los borradores que prepara el oficialismo se resalta que el 10 de diciembre de 2015, cuando tomó el poder Cornejo, había, efectivamente, una "deuda consolidada" de 10.800 millones de pesos. Pero a la par, recuerdan que existía también una "deuda flotante" por 7.700 millones.

Esa deuda flotante estaba compuesta por sueldos impagos, atrasos con proveedores, falta de aportes a la ART y a OSEP, descubiertos en el Banco Nación y adelantos transitorios de coparticipación, entre otras cosas.

Todo eso es la "deuda mala" con la que el Gobierno quiere polarizar: la deuda flotante genera mayores tasas de interés, produce descontento de empleados públicos y encarece los servicios de los proveedores, que se cubren con precios más altos frente al seguro atraso posterior de los pagos. La deuda "consolidada", en cambio, formaliza el acuerdo con el acreedor y fija condiciones de pago.

En los 20 días que faltaban para completar aquel diciembre de 2015, debido a una devaluación, las deudas que había dejado Pérez saltaron de 18.500 a 20.100 millones. O sea, el punto de partida de la deuda de Cornejo fue prácticamente 20.000 millones, es decir, el doble de los 10.000 millones que denunció Unidad Ciudadana esta semana.

¿Alcanzan estos argumentos para dictaminar que la deuda de Cornejo ha sido "buena"? No, pero en el radicalismo tienen más datos para exponer a su favor. 

Los cuadros que preparan en los laboratorios del oficialismo indican que la explosión nominal de la deuda mendocina en la era Cornejo (unos 30.000 millones de pesos) no es tal si se la compara con el Producto Bruto Geográfico de la Provincia (PBG).

Vista de este modo, la deuda era el 10,7 por ciento del PBG en 2015 y representa para 2019 el 11,1 por ciento. Muy poco más, en cuatro años.

Los adherentes de Cornejo agregan que, de ese 11.1 por ciento, sólo 0.6 por ciento es "deuda flotante"/"deuda mala". En cambio, Paco Pérez dejó la provincia con un 10,7 por ciento de deuda sobre el PBG, en el cual la parte flotante/mala ascendía a 4,5 por ciento.

Los radicales también se preparan para revivir las críticas al déficit de Pérez. Paco, a pesar de tomar "deuda mala" y de la otra también, dejó la Provincia con un rojo de 6.8 por ciento sobre los recursos totales. En cambio, gradualmente, Cornejo fue convirtiendo ese déficit en superávit corriente.

Le tomó tres años. En 2016 bajó el déficit al 2,2 por ciento; en 2017 lo bajó de nuevo al 0,9 por ciento; y este año, por primera vez, saltó de la cifra negativa a la positiva: hay un superávit del 1,3 por ciento.

Para 2019, el superávit corriente (más plata en la caja que la que se va a gastar) ha sido calculado en 5,7 por ciento. Ese dinero "de más" tendrá como destino la inversión pública.

Los técnicos radicales admiten que hay muchos puntos de debate más, entre ellos, si se podrá pagar o no una deuda tan abultada como la que generó Cornejo.

Habría que agregar a la discusión, probablemente, el peso importante de los intereses por más de 7.000 millones de pesos que habrá que enfrentar por la deuda de Cornejo. 

Pero lo que no tiene discusión para los radicales es "el desastre económico y financiero que dejó la gestión anterior". Y este es para ellos el mejor punto de arranque para la campaña electoral que está por venir.

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