Cristina Kirchner, Milani y los derechos humanos usados como cotillón

¿Puede asimilarse un caso de apoyo a "un abogado de", como el de De Casas, con la entronización de un "acusado directo de", como el de Milani?
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Gabriel Conte

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Cristina Kirchner, Milani y los derechos humanos usados como cotillón(Ejército Argentino)

Cristina Kirchner, Milani y los derechos humanos usados como cotillón | Ejército Argentino

Cristina Kirchner, Milani y los derechos humanos usados como cotillón(Ejército Argentino)

Cristina Kirchner, Milani y los derechos humanos usados como cotillón | Ejército Argentino

 El kirchnerismo asumió un discurso ajeno, como les era el de la defensa de los derechos humanos, y consiguió tener una base de sustentación más allá de su oscuro pasado provinciano en Santa Cruz. Un tema tan caro para la historia argentina, como lo es que miles de personas hayan sido asesinadas por la última dictadura, pasaba a ser el cotillón de una maquinaria creada para ganar elecciones, obtener instancias de poder y repartirse el país como botín. Pero no solo eso: representan una falsedad plena. 

Son una instancia política que jamás antes se mostró atenta a la preservación de la vida de las personas y que, inclusive, en 1983 propuso amnistía para los dictadores, no quiso integrar la Conadep y les otorgó indultos junto a los Montoneros en los años 90, decidió con los Kirchner congelar un compendio fundamental de derechos sólo en el pasado, sin darle la misma relevancia durante el presente en que les tocaba gobernar, respetarlos y hacerlos respetar. Se apropiaron de unas banderas que no tienen dueño, son de todos los habitantes del planeta. Y dieron la vuelta completa, como suele pasar en estos casos cuando el tema no es propio ni sentido en serio, sino un montaje: decidieron quiénes tienen "derecho a tener derechos" y quiénes no, violando de lleno el espíritu de la Declaración Universal surgida en 1948.

La expresidenta, en ese contexto, se creyó con derecho, por ejemplo, a nombrar al frente del Ejército (y de una maquinaria inédita de espionaje como la que creó) a César Milani, un militar que, aunque acusado de delitos de lesa humanidad, es peronista y propio. Aquí vino a cuento en su entorno, seguramente, aquella frase de Roosevelt sobre Anastacio Somoza: "Será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

Y aun hoy, expulsada junto a los suyos del poder mediante el voto popular, una mayoría cuyo dictamen democrático desconoció al ni siquiera acudir al traspaso de mando, sigue creyendo que tiene el "derechómetro" para determinar quién merece tener derechos y quiénes no.

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Ha tuiteado este sábado por la noche, por ejemplo, contra la nominación de un abogado mendocino, Carlos de Casas, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Su razón es una sola: que fue abogado defensor de un represor acusado de delitos de lesa humanidad, cosa que es verdad.

Pero, ¿puede asimilarse un caso de apoyo a "un abogado de", como el de De Casas, con la entronización de un "acusado directo de", como el de Milani?

Cristina Kirchner llevó a Milani a la cima del poder e, inclusive, le ha dejado cuerda para que siga construyendo un espacio político como aprendiz de Hugo Chávez, tal como se muestra en público ahora, mientras responde las acusaciones que sobre él pesan en la justicia, siendo la de la desaparición de un conscripto indudablemente la más grave, aunque también está acusado de tener más bienes de los que lógicamente podría tener.

Más allá que estigmatizar a un abogado por el solo hecho de defender a un delincuente ya es una gran ofensa que ni siquiera su letrado amigo, Raúl Zaffaroni, dejaría pasar en boca de otro, lo que está haciendo es ridículo, atento al que fue no su prédica y disfraz, sino su acción concreta con personajes como Milani, entre otros.

El debate en el que pretende sumergirnos Cristina Kirchner no es hacia el futuro. Nos enreda torpemente en sus propias contradicciones, en sus laberintos no resueltos, en su "realidad real" tapada por "el relato" construido a fuerza de millones de pesos en propaganda y en personas que extrañan eso y lo quieren volver a tener.

Así como es cierto que aquel pasado de terror tiene que ser juzgado y condenado para no repetirse, también es repudiable y tiene que ser puesto en discusión este intento de manipulación de la realidad que nos coloca a todos en una especie de bucle del tiempo, sin salida, atontados y con opciones únicas tan maniqueas como frustrantes.

Cristina Kirchner se equivoca. Sea por torpeza, malicia o prejuicio, cualquiera de las posibilidades la coloca fuera de la categoría que una ex presidenta debería tener. Y es triste que eso suceda, pero peor es que se le rinda culto ciegamente.