Cornejo, con el orgullo político herido

Pagó un costo bajo por el escándalo de Giacchi, pero quedaron al desnudo las fragilidades de su equipo. Las decisiones demoradas.
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Pablo Icardi

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Cornejo, con el orgullo político herido(Alf Ponce / MDZ)

Cornejo, con el orgullo político herido | Alf Ponce / MDZ

Cornejo, con el orgullo político herido(Alf Ponce / MDZ)

Cornejo, con el orgullo político herido | Alf Ponce / MDZ

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Cornejo, con el orgullo político herido | Alf Ponce / MDZ

Alfredo Cornejo intentó dar rápidamente vuelta una página oscura de su gestión y por la cual ha pagado un costo político mínimo teniendo en cuenta la magnitud del escándalo. Rubén Giacchi está imputado por violencia de género luego de haber agredido a su pareja y en un contexto comprometedor desde lo político: fue en una fiesta privada rodeados de funcionarios, ex funcionarios y personas influyentes. Ahondar en lo que pasó esa noche no solo pondría incómodo al violento Giacchi. 

En el Gobierno conocían las denuncias informales previas que había contra el ex ministro y sin embargo lo sostenían. Tuvieron, incluso, el mismo error de enfoque que con la crisis generada por los casos de violencia de género que sacudieron a Mendoza: que se trata de temas de la vida privada, como si la violencia no fuera tema de Estado.

También había sido en Salud donde habían aparecido signos de alerta por conflictos internos, en muchos de los cuales tuvo que ver el "temperamento" del ex ministro. Cornejo dijo que es un "caso cerrado" lo de Giacchi, pero es más una expresión de deseo. Con su salida también cruje un modelo de gestión que genera tensiones. Giacchi no era un funcionario nacido políticamente junto al Gobernador. Llegó recomendado y a pesar de su dudoso prestigio en la actividad privada. Sin embargo se posicionó como uno de los favoritos. Antes de cerrar el año Cornejo destacaba a Salud como el área con mejor desempeño en cuanto a la mejora de los servicios.

Cornejo, alejado físicamente de la agenda diaria, tuvo que resignarse a algo que detesta: reaccionar ante un "estímulo" no previsto; tener que tomar decisiones apurado por las urgencias. No estaba en su radar sacar a ningún ministro. Pero también fue víctima de su propia siembra. Como concentra todas las decisiones y hasta lo que se debe decir, no tiene reemplazo. Aunque tiene algunos alfiles de confianza, el jefe Cornejo no tiene quién lo secunde. Por eso ante la crisis, no alcanzaban las llamadas de larga distancia. Una semana de silencio oficial que en otro contexto político hubiera complicado más.

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Para dar esa vuelta de página sí hubo un golpe de efecto: Claudia Najul es lo contrario a Giacchi. Tiene un perfil político más trasparente, preside la comisión de género y fue una de las referentes del radicalismo en materia de prevención de la violencia de género. Todo lo que el Gobernador no tuvo en cuenta para designar un ministro de la Corte, lo tomó ahora para reemplazar a Giacchi.

El cambio de conducción en ese ministerio también ocurre en medio de decisiones trascendentes. El Gobierno tenía previsto para el verano anunciar una medida postergada por años: adherir al protocolo de acción para abortos no punibles; haciendo caso al mandato de la Corte Suprema de la Nación. El tema era analizado en privado y la intención era anunciarlo en enero. Ahora la nueva ministra aún debe decidir si sigue o no con el mismo equipo y cambia el orden de prioridades. En Desarrollo Social había quedado a medio camino el proyecto de reforma de la Dinaf, otra de las reformas estructurales que en el Ejecutivo consideran clave.

Lo que pasó es un golpe al orgullo político de Cornejo, quien ostentaba tener todo bajo control. Por primera vez desde que asumió su equipo muestra las debilidades que tiene.