Cornejo - Monzó, la fórmula deseada

El Gobernador de Mendoza y el Presidente de la Cámara de Diputados son dos figuras "díscolas" dentro de Cambiemos por su rol de negociadores políticos. Uno radical, el otro peronista. Juntos pueden hacer atragantar a Marcos Peña. Esa fórmula deseada no se cumplirá, pero es un símbolo de las tensiones internas de la alianza gobernante. Qué pasa puertas adentro. 

Pablo Icardi

Cornejo - Monzó, la fórmula deseada

Cornejo - Monzó, la fórmula deseada

Alfredo Cornejo – Emilio Monzó. Es la fórmula deseada. Y la que puede hacer atragantar a Macri, Marcos Peña y toda la cúpula amarilla de Cambiemos. Es, también, una exageración, un deseo de comité y unidad básica aggiornada que no se cumplirá, pero que representa todo lo que le falta a la cúpula de decisiones del Gobierno nacional y parte de lo que puede necesitar. Política. Ni más, ni menos.

Fue el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación el que  lo definió en una nota de opinión que puede ser tomado como manifiesto de guerra contra Marcos Peña. Monzó elogió a la rosca política como símbolo del necesario diálogo que necesita el ejercicio del poder. “La política es diálogo, es confianza, es capacidad de escucha, es convivencia y familiaridad con lo diferente. A todo eso contribuye lo que suele llamarse “la rosca”. Monzó habla de la falsa grieta entre la “vieja y la nueva política, como si lo “nuevo fuera invariablemente puro y refrescante”. Asegura que la política se está guiando más por los códigos de las redes sociales y el show y menciona como nocivo el negacionismo de la política y la ponderación del márketing.

Monzó, peronista, y Cornejo, radical, se llevan bien y tienen ese mismo origen rosquero. Ambos hicieron honor a la versatilidad y al pragmatismo. Pero ahora conviven en una alianza donde los hacen sentir sapos de otro pozo. 

Cada vez que pudo, el Gobierno nacional tomó otro camino en la alianza interna. Mientras los negociadores, como Monzó, Frigerio y el propio Cornejo, lograban éxitos en el Congreso y la federación de provincias, el Presidente y su Jefe de Gabinete se encerraban en sí mismos.

La tensión entre los “amarillos puros” y los aliados del radicalismo y del PJ ha crecido con muchas decisiones del Gobierno y se aviva en épocas de definiciones electorales. No es casual el pedido público de Cornejo de un compañero de fórmula “federal” para Macri. ¿Reclama un cargo para él? Puede ser. Pero sobre todo para eliminar el porteñocentrismo de Cambiemos, algo que no necesariamente se ha manifestado en toras las políticas (uno de los pocos logros del Gobierno ha sido darle más poder a las provincias a través de transferencias de recursos), pero sí en los temas clave. En el imaginario del radicalismo veían a Cornejo como un posible rival interno de Macri en las PASO y hasta como un posible integrante del gabinete futuro. Todo muy verde aún, con la incertidumbre política y sobre todo económica del país. 

Es real el intento de Macri para que todos lo acompañen en las elecciones de agosto y octubre. Tanto, como que le falta poder de fuego aún para exigirles a todos seguir ese camino. En Mendoza Cornejo tiene cierto agradecimiento y fidelidad con el Presidente. Pero no resigna capital político propio y por eso la fecha de las elecciones será una decisión netamente provincial y según las conveniencias. Por eso es probable que el plan primavera se mantenga y se vote en septiembre. Más aún, teniendo en cuenta que Cambia Mendoza es mucho más diversa que Cambiemos y que por ahora todo indica que el próximo presidente no será elegido en octubre, sino en noviembre en el mano a mano que representa una segunda vuelta. Claro que para un presidente no es lo mismo perder en una o dos instancias y luego intentar remontar en un balotaje. Cornejo intentará provincializar la elección, aunque le será difícil. Aunque se vote de manera separada con la Nación, las generales de Mendoza quedarían atrapadas entre las PASO y las generales nacionales.

Negociaciones

Cornejo y Macri tienen un matrimonio por conveniencia en el que se respetan, pero donde al amor nunca fue parte del acuerdo. Cuando el mendocino asumió, la ayuda de Casa Rosada fue fundamental y también un mal necesario. Es que la dependencia financiera le quitó libertad política y discursiva. Ahora, con las cuentas más equilibradas, esa atadura está más suelta y por eso desde Mendoza se animan a posiciones más duras.

Se habla del intento de Cornejo por bajar la candidatura de De Marchi. Pero desde el Gobierno aseguran que es “a cambio de nada”. Es decir, aseguran que bajarlo a cambio de ir juntos en las elecciones es un precio muy caro para una negociación. Es decir, cree que a De Marchi le puede hacer sentir el rigor sin ayuda de Macri. El lujanino confía en sus posibilidades de tensar la cuerda y cuenta con parte del radicalismo que se esconde. Entre ellos Cobos. El cobismo ha buscado un candidato que enfrente a Cornejo (hasta tentaron al propio Rody Suárez) y encuentra en De Marchi tierra fértil para “hacer ruido”. Claro que De Marchi no tiene en cuenta las máximas cobistas. Si ahora lo apoya, en poco tiempo puede cambiar. Un hombre de convicciones fuertes, pero efímeras como lo define Cornejo. A la falta de estructura para construir poder, el cobismo lo ha sustituido con negociaciones.

Cornejo miraba hasta hace poco los números nacionales y el impacto que puede tener en una elección. Ahora tiene sus propios mostruos, sobre todo con el impacto negativo del Mendotran y las repercusiones en la calle.  De manera insólita los precandidatos del oficialismo se escondieron y eligieron vacacionar en medio de la tormenta. Ninguno de los que aspira a ocupar el sillón de calle Peltier le puso el pecho o algún concepto para “bancar” al Gobernador o al menos plantear una perspectiva para cuando a ellos les toque estar en el poder. Posiblemente haya sido una decisión del propio Cornejo: inmolarse él, que aún tiene espaldas para sostener la crisis, y evitar la exposición de sus protegidos.

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