Con o sin elecciones, la desconfianza gana por afano

Por haber comprado tantos buzones, lo más difícil de recuperar en la Argentina del gato por liebre sigue siendo la confianza.
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Rubén Valle

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Con o sin elecciones, la desconfianza gana por afano

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Con o sin elecciones, la desconfianza gana por afano

Aunque no sea una regla escrita, una de las variables más importantes de la economía es la confianza. Reconstituir ese frágil eslabón es hoy uno de los mayores desafíos que enfrentan los referentes económicos de la gestión de Mauricio Macri y una materia pendiente para todo el arco empresarial que aún no termina de sintonizar con la prédica oficial de ponerle coto a los aumentos. 

La inflación, pese a que registra una baja, sigue siendo la expresión más elocuente de esa falta de confianza. Los formadores de precios los suben "por las dudas" o bien para ir un paso adelante, cuestión de nunca perder. Esa bola que crece sin parar representa la imagen más fiel del virus inflacionario.

Hasta la mano derecha del presidente, Marcos Peña, reconoce que "la gente quiere gobernantes que no nos den vergüenza, sino confianza". 

Tan cierto como que "confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza", según alertaba hace siglos Juvenal. Ni tanto ni tan poco, se le podría acotar al poeta romano.

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Los argentinos vivimos en un estado de permanente vigilia porque constantemente pensamos -y ejemplos nos sobran- que alguien está agazapado en las sombras para jodernos apenas nos descuidemos.

¿Por qué siguen sin llegar al país las inversiones que, a la manera del burro y la zanahoria, el gobierno nacional utilizó hasta el abuso para sostener las expectativas de quienes habían confiado en el cambio? Alcanzaría, sin entrar en detalles, con decir que es por falta de confianza. Los que tienen la moneda no apuestan por nosotros. En otras palabras, no nos tienen fe. 

Oyentes de MDZ Radio ayer se hacían eco del debut de la empresa privada Servicios y Consultoría S.A., que a partir del 1º de agosto tiene la misión de cobrar las multas de tránsito que se labren en toda la provincia. Desde la desconfianza más visceral, especulaban con que se avecina una "cacería" de incautos infractores. 

Según lo acordado con la provincia, esa firma recibirá como pago una comisión del 28% del excedente de lo que logre cobrarle a los infractores. Ese fue el disparador para que inmediatamente las voces de la calle empezaran a inferir que seremos testigos de una maratón de operativos al solo efecto de multar a lo tonto y, por ende, incrementar significativamente la recaudación.

Razones para abonar esa desconfianza no faltan. Cada tanto, sobre todo en épocas de arcas flacas, se observa un despliegue de seguridad vial fuera de lo común y un celo para controlar que no es ni de cerca el de todos los días. 

Podemos concluir que la confianza se abona con hechos, gestos y acciones que garanticen que las expectativas que uno tiene sean correspondidas de igual forma por el otro.

Y esto bien puede aplicarse al pacto -tampoco escrito- que los candidatos establecen con el electorado, sobre todo en el camino hacia las urnas. 

Se sabe de sobra que no hay campaña ni aspirantes al voto que no se valgan de promesas. Pero estas tardan muy poco en revelar si compramos gato por liebre.

Cuando se dice que tal o cual político decepcionó, es que no hizo otra cosa que defraudar la confianza del votante. Tarde o temprano, romper ese vínculo simbólico tiene un alto costo. Así es cómo vemos caer cual King Kong del Empire State a aquellos que creían tener la vaca atada. La mala leche siempre cuesta muy cara.