Con la educación no se jode

El boicot sistemático de una porción menor del colectivo docente, principalmente ligada a los sindicatos, es incomprensible e inadmisible.
Avatar del

José Thomas

1/2
Con la educación no se jode

Con la educación no se jode

Con la educación no se jode

Con la educación no se jode

"Con la educación no se jode" reza un cartel colgado de la pizarra de una institución de formación docente en la que sus alumnos decidieron no rendir una evaluación no vinculante, que pretende conocer sus capacidades al ingreso a la carrera. 

La evaluación, la medición y el análisis de datos son algunas de las bases fundamentales para la mejora continua. Sin información no se puede gestionar, no se puede tomar decisiones, no se puede mejorar. El boicot sistemático de una porción menor del colectivo docente, principalmente ligada a los sindicatos, es incomprensible e inadmisible desde todo punto de vista, más aún cuando el examen es para aquellos que quieren ingresar a la carrera docente. 

Sabemos que los argentinos somos los mejores en todo y que no tenemos ninguna necesidad de mirar a otros países del mundo. Probablemente uno de los grandes errores de Sarmiento fue mirar al mundo para luego diseñar uno de los mejores sistemas educativos de su época, el cual perduró por más de 100 años.

Seguimos enfrascados y atrapados en añoranzas de lo que fueron nuestros años de oro en educación y no nos permitimos mirar al mundo para volver a aprender y diseñar NUESTRO sistema para los próximos 100 años. 

Cuba, Finlandia, Chile, Brasil, Colombia, España, y podemos seguir enumerando son países que tiene examen de ingreso a la carrera docente. En alguno de ellos, los exámenes son tan o más rigurosos que los de medicina o ingeniería. En Argentina no hay ningún sistema de ingreso, la rigurosidad de las instituciones es muy dispar, generalmente no son muy exigentes y como si esto fuera poco una vez que el alumno egresa nunca más será evaluado por nadie.

Causa sonroja que quienes centran su labor en la evaluación permanente como parte fundamental de la tarea pedagógica, para generar aprendizaje en los alumnos; no quieran ser evaluados nunca, al extremo de resistirse por la fuerza a este examen no vinculante de capacidades. Desde este punto de vista en Argentina sería imposible establecer un sistema riguroso en el ingreso a la docencia, similar a los utilizados en la mayoría de los países del mundo y de Latinoamérica como Chile y Ecuador.

Las políticas públicas en educación no se cambian y mucho menos mejoran con la puja entre el gobierno de turno y el sindicato. Hace falta consenso político, hace falta que todos los partidos se pongan de acuerdo y sancionen leyes en este sentido. Esta semana en Mendoza parece que lo lograron para mejorar la justicia, pero desde el intento de sanción de la ley provincial de educación en 2014 no se ha enviado a la legislatura un proyecto de ley para mejorar la educación de los mendocinos, sólo cosmética y parches.

Necesitamos un sindicalismos que luche por los derechos docentes, por un salario acorde a las responsabilidades, por lugares de trabajos adecuados a los tiempos. Pero que también se comprometa a colaborar en la capacitación docente, en un sistema que premie a los mejores, a los más capacitados, a los que se esfuerzan. Por un sistema que piense en nuestros alumnos y nuestro futuro como sociedad y que no se acomode a los intereses de una parcialidad docente o peor aún a los peores docente. 

Para concluir, una persona que no quiere ser evaluada no debe ser docente. Quién no entienda que para mejorar hay que evaluarse continuamente no debe ser docente. Quien no comprenda que el futuro de miles de chicos, de adultos y de la sociedad está en sus manos y en sus capacidades no debe ser docente. Mendoza necesita docentes bien pagos, en lugares de trabajo óptimos, muy capacitados, con una gran vocación, con posibilidades de crecimiento y desarrollo dentro de la carrera docente. Mendoza necesita que sus docentes vuelvan a estar en un pedestal de reconocimiento dentro de la sociedad, por mendoza, por nosotros y por nuestra posteridad. Y si no lo logramos debemos saber que estamos destinados al fracaso como sociedad.