Cómo explicarles a los más chicos este país de desmemoriados e indolentes

El convulsionado diciembre nos deja una lección: la Argentina "normal" sigue estando muy lejos del objetivo. No estar en el bando de unos u otros se paga caro. Tanto como pensar.
Avatar del

Rubén Valle

1/2
Cómo explicarles a los más chicos este país de desmemoriados e indolentes

Cómo explicarles a los más chicos este país de desmemoriados e indolentes

Cómo explicarles a los más chicos este país de desmemoriados e indolentes

Cómo explicarles a los más chicos este país de desmemoriados e indolentes

No avalo esta reforma jubilatoria porque estoy convencido de que no es la reforma de fondo que se requiere para salvar un sistema claramente colapsado. Y por más números que se pongan sobre la mesa, lo aprobado no es otra cosa que echarle mano -como han hecho todos los gobiernos desde años ha- a los magros fondos de los jubilados.

Hecha esta aclaración, intento pasar en limpio algunas sensaciones que se me acumulan en este convulsionado diciembre. Un mes que desde aquel fatídico 2001 agita todo tipo de fantasmas y, lo peor, activa el gen golpista de unos cuantos, la intolerancia de otros tantos y la violencia de muchos. Muchísimos.

Hace bastante tiempo que dejé la docencia en los colegios secundarios, un ámbito donde a diferencia de mis años de adolescencia (dictadura en su plenitud) se podía hablar de todo, mucho más en un taller de Comunicación. Me preguntaba cómo podríamos charlar hoy acerca de lo que ocurre en el país sin caer en el trazo grueso, el revanchismo político ni apelar a la onmipresente grieta del blanco y negro de buenos y malos. 

Cómo invocar el pensamiento alternativo, los grises, el punto medio, el necesario equilibrio. La tolerancia en cualquiera de sus formas. Cómo pedirles que confíen en alguien -padres, políticos, docentes, ídolos- si nosotros, los adultos, ya no confiamos ni en nuestra propia sombra.

Especulaba también con qué sacarán en limpio de este cóctel explosivo que es la Argentina de diciembre. Cuánto de todo lo que les llega abrumadoramente por las redes sociales, los medios de comunicación y lo que escuchan en sus casas lograrán filtrar para darle forma a su propia cosmovisión de la realidad, esa otra gran construcción.

¿Qué lectura harán de toda esa violencia que se intenta justificar confundiéndola ex profeso con el justo reclamo, con el natural derecho a disentir que es parte esencial de una democracia?

Enseñarles a pensar, ayudarlos a decodificar un país cuyos habitantes violan las reglas a cada paso, es una tarea muy complicada. Hay que reconocer que todos aportamos a esa confusión. Lo que aprenden en la casa, la escuela y la calle no suele coincidir en lo básico: el respeto por el otro.  

La Argentina "normal" todavía queda muy lejos. Después de haber sido testigos de la desmemoria de algunos y la indolencia de otros en el ring del Congreso de la Nación, aquel objetivo de racionalidad se diluye tristemente.

En enero es posible que esta sensación de hartazgo cese. Lo que me resisto es a seguir el juego del "estás conmigo" o "estás en mi contra" por tener opinión propia. Así, no es posible ni sano estar con ninguno. No suma, no sirve. Me resisto al juego de los binarios.