Calidad educativa: la culpa es del otro

Los diagnósticos abundan, pero no nos hacemos cargo: funciona la democracia "delegativa". ¿Invertimos más en educación?
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Pablo Icardi

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Calidad educativa: la culpa es del otro(Thinkstock)

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  Columna del programa After Office, de MDZ Radio  

Los datos sobre calidad educativa difundidos escandalizan, pero se trata de un área donde abundan los diagnósticos y los hemos mencionado: nacionales, provinciales y por sectores. En esto me permito una reflexión. Hemos entendido mal el funcionamiento de la República en Argentina. Hay una democracia representantiva que tiende a lo "delegativo"; en dejar en manos de otro las responsabilidades. Ocurre en temas políticos generales, pero también nos abarca en la vida cotidiana y en lo familiar. 

La educación está mal y el discurso "delegativo" responde: la culpa es del otro. Los responsables son los docentes, a la escuela, la escuela pública, el Gobierno. Del lado del Estado también funciona igual: la culpa es del gobierno anterior, de la familia, de los docentes. Es una acusación cruzada que, por caótica, no llega a ningún lado.

La frase del Presidente Macri termina de cerrar un cuadro desesperanzador, al ubicar en una categoría marginal a la escuela pública por la que él debería bregar y gestionar. Además de errónea, su visión de la educación es estigmatizante. 

La educación es, sobre todo, desigual en Argentina. Pero esa desigualdad es transversal independientemente del tipo de gestión que haya en la escuela. La cifra más dramática es que la condición económica en la que vive un niño es un fuerte condicionante para su aprendizaje. Un niño que vive en una familia de bajos ingresos económicos, tiene menos posibilidades de aprender. Esos datos, incluso, ya habían sido confirmados en todas las evaluaciones nacionales hechas por el Gobierno anterior. Al Gobierno nacional hay que recordarle también que ellos ayudaron a deteriorar el sistema educativo como presidentes y ninguno se hizo cargo a fondo. Debemos recordar que la Nación no tiene a su cargo ni una escuela; ni un docente; ni una sala.

Pero no quiero cargar las tintas sobre el Gobierno; todo lo contrario. Como decía, las familias optamos por delegar responsabilidades. Coincido con lo que dijo el gobernador Alfredo Cornejo sobre la responsabilidad de las familias en la educación; en la falta de compromiso. Nos quejamos hasta por el costo de un libro y promocionamos la cultura de la fotocopia, pero ahorramos para pagar cualquier bien que nos genere placer inmediato: un celular, las llantas del auto, la ropa de moda. El conocimiento es un bien poco tangible en el corto plazo. No es atractivo. Llevamos décadas de cultura consumista donde somos según lo que tenemos o aparentamos. El mérito, el placer por saber, el reconocimiento del esfuerzo, no están valorados.

¿En qué invertimos?

Pero como estamos en un mundo en el que domina el dinero, veamos cómo invertimos. Nadie puede dudar que aumentó la inversión en educación. Pero ese crecimiento fue menor al ritmo de otros gastos del Estado. Por ejemplo: Mendoza invierte mucho más en la policía, en seguridad que en educación.

Entre 2009 y 2017 el Presupuesto provincial de educación creció un 700%. En el mismo período el presupuesto de seguridad creció un 1000 por ciento y la tendencia sigue en esa dirección. La Provincia aprobó un endeudamiento específico para equipamiento policial, para cárceles y sistemas de represión. ¿Escucharon algún plan para tomar deuda y financiar el sistema educativo? Ninguno

Pero ese orden de prioridades no es azaroso. Hay necesidad, pero también mucha presión social para volcar recursos en la coyuntura de la inseguridad; en resolver la contingencia y responder a ese temor antes que presionar para sembrar un futuro mejor con una revolución en inversión educativa.