Al futuro de Mendoza la realidad le muerde los pies

Todos los indicadores económicos son negativos y también los datos que afectan a las familias. Pero eso no puede paralizar la intención de sembrar algo mejor. En Mendoza se forman el doble de estudiantes en ciencias sociales que en ciencias aplicadas. 

Pablo Icardi

Al futuro de Mendoza la realidad le muerde los pies

Al futuro de Mendoza la realidad le muerde los pies

La discusión por el futuro de Mendoza, como de cualquier lugar, no puede empantanarse. Ese debate no es si hay que apostar al conocimiento como eje o no. Si aceptamos la tecnología, o mantenemos solo el trabajo artesanal sin valor agregado. No. Es una realidad dada. Lo mismo que las bases institucionales. La transparencia, la independencia de los poderes (principalmente del Poder Judicial), la alternancia, el respeto a las normas, la previsibilidad legal y varios etcéteras más también son obviedades; bases no discutibles para cualquier plataforma que, sin embargo, parecen discutidas a la luz de lo que ocurre en el día a día.

Las tensiones no son sobre cómo será la nueva economía, sino qué rol se cumplirá. Es decir, Mendoza deberá, por ejemplo, ver si en el futuro inmediato va a ser un "call center" tecnológico o un centro de desarrollo basado en el conocimiento; si solo va a estrujar la roca madre para sacar petróleo, o además va a generar valor agregado y centros logísticos para expandir la riqueza que generan los recursos naturales no renovables; si va a comprar modelos chinos a medida, o puede potenciar una industria local de calidad.

Uno de los momentos más dolorosos es la transición. No es un pronóstico, pues ya ocurre. En el mundo de la comunicación la cantidad de empleos perdidos es escandalosa. También en sectores que están en pleno proceso de reconversión, como el comercio.

Un indicador sobre el futuro inmediato de la provincia puede ser proyectar en qué se están formando los jóvenes. Cuáles son las áreas del conocimiento que más desarrollo tienen en la provincia. Como ocurre en todo el país, las áreas consideradas prioritarias no son las más elegidas. Por ejemplo: en ciencias básicas hay menos de 100 graduados por año en Mendoza. En el mismo sentido, las ciencias sociales siguen siendo más elegidas que las ciencias aplicadas. Las primeras tienen cerca de 2 mil graduados por año (a los que habría que sumarle otros 800 de ciencias humanas) y las segundas 1400 (en números redondos). 

La diferencia en las tendencias vocacionales es mayor entre los aspirantes a carreras universitarias. Casi se duplica la cantidad de inscriptos en ciencias sociales respecto a las ciencias aplicadas, que tienen tendencia a la baja (en 2015 fueron 3900 y en 2016 3500).

Según las estadísticas del Ministerio de Educación hay 40800  estudiantes de ciencias sociales y humanas en toda la provincia y  19250 de ciencias aplicadas.

Pues ese esquema es nacional. En todo el país se gradúan 5300 ingenieros por año. Si la computación es la de mayor demanda laboral, pues no es la más tentadora para estudiar al parecer. Solo se gradúan 780 ingenieros en sistemas y 50 en computación en las universidades públicas (se suman otros 28 de instituciones privadas). Este concepto no sugiere que no se necesiten cientistas sociales. 

Pero si el panorama es complicado tomando en cuenta el universo de personas que se forman en educación superior en esas áreas prioritarias, la realidad es más difícil. Es que en Mendoza aún la mitad de los jóvenes no llegan a completar el secundario.

Cosecharás tu siembra 

El último año de un gobierno en Mendoza en general ha sido una cuenta regresiva para quien ejerce el cargo; una despedida lánguida del poder. Acá, por el esquema político que rige, difícilmente un gobernador pueda proyectar más allá de la próxima elección. Pero peor han sido muchos inicios de gestión: Mendoza siempre se está "refundando". Con cambio de nombres cada 4 años, todos los gobernadores se creen San Martín. Pero lo cierto es que solo hubo uno y ya hace bastante tiempo que dejó de ser Gobernador de Cuyo.

Alfredo Cornejo tuvo su turno y a diferencia de sus antecesores, lo hemos repetido hasta el cansancio, mantiene la iniciativa política aún ya dentro de esa cuenta regresiva. El 9 de diciembre del año que viene dejará el cargo y algunas dudas volverán a surgir en el balance de su gestión. Una de ellas es si pudo sembrar algún cambio para mejorar las posibilidades productivas, educativas y sociales de Mendoza.

Pero la intención de proyectar más allá de las narices de quien gobierna tiene un problema: una realidad que muerde los pies. Si la economía tiene como base el desarrollo de las familias y las empresas, ambos sectores tienen alerta roja. Ocurre con la inflación local, que superó el umbral del 50%; con el karma que provocan algunos números redondos. Ese número es devastador para cualquier proyección.

Para las empresas los datos no son más alentadores: todos los indicadores de producción cayeron y no hay crédito posible y pagable del que puedan disponer. En ese marco, las inversiones están guardadas en cuarteles de invierno.

Ese panorama complicado no puede permitir uno de los peores males que puede aquejar a una comunidad y, mucho más, a la dirigencia política y empresaria: la resignación. Si en Mendoza ha sido difícil lograr un acuerdo de “una o más personas”, pues ahora deberán agregarle creatividad e inteligencia para sacar a Mendoza del pozo. Porque hay un aprendizaje que nos dejó la última etapa de bonanza económica (reflejada más en el consumo que en el desarrollo): cuando llegan las oportunidades hay que estar preparado para cosechar. Y esa siembra no requiere de factores externos: es educación, conocimiento y valor agregado local.

Mendoza no puede cambiar de matriz productiva de manera violenta. Pero sí solapar modelos.   El ciclo evolución planteado por MDZ se propone pensar una provincia un paso adelante; desclavar las estacas para intentar sondear el futuro inmediato. Si algo quedó claro es que el lamento no es buen consejero. 

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