Aborto: chau al hijo y al padre

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Jorge Ferrari

Aborto: chau al hijo y al padre

Aborto: chau al hijo y al padre

Con pensamientos y acciones maniqueas (todo dividido en bueno o malo) nunca vamos a solucionar los problemas de nuestro país. No es sólo la hipocresía de nuestra sociedad, sino más bien nuestra propia incapacidad, lo que ha hecho que la discusión sobre el tema del aborto (y tantos otros) no llegue a ningún fin en estos treinta y cinco años de democracia.

Mientras los que dan la letra para las discusiones (y las leyes) sean los sectores misándricos del feminismo (que odian a los hombres) y los sectores más reaccionarios de la iglesia, será muy difícil llegar a soluciones que beneficien al conjunto de la sociedad. Todos repiten como loros, argumentos falaces y ajenos. De un lado y otro mencionan supuestos en base a estadísticas, que no las creen ni ellos.

No les importa la equidad, aunque se siente dueños de ella y ven a todo el resto como herejes, no les importa si hay gente (hombres y mujeres) que viene luchando por la equidad desde hace décadas.

Pero lo curioso es que estos extremos, tal como suele suceder, tienen un gran punto en común, tanto unos como otros ignoran totalmente a los hombres en la discusión del aborto. Según pareciera las mujeres embarazadas lo hacen por generación espontánea. Para las feministas misándricas es porque el cuerpo es de ellas y tienen derecho a hacer lo que les plazca con "su " embarazo. No sólo no tienen en cuenta los derechos del ser que se está gestando en el vientre, sino tampoco los del futuro padre. Para ellas todos los hombres son seres deleznables, todos golpeadores y violadores en potencia. Por lo tanto no hay nada que preguntarles. Por su lado, los sectores recalcitrantes de la iglesia, consideran igual que ellas, que los hijos y el embarazo son una cuestión exclusiva de la mujer, por eso, el hombre tampoco tiene nada que opinar. Con que el hombre pague el aborto clandestino, está todo bien

Todo el siglo pasado y en particular en sus últimos 50 años, la sociedad en su conjunto hizo un esfuerzo enorme para desterrar la costumbre de que los hombres se borraran de su progenie, y que no sólo se hicieran cargo con dinero (o el apellido) sino que estuvieran cada vez más presentes en su crianza. Se logró que ahora participen cada vez más de todo el proceso de la crianza, desde el mismo embarazo. Hoy la mayoría de los papás están tan ocupados y preocupados por sus hijos como la madre y reparten sus tareas cada vez con mayor equidad.

Todo esto se va al demonio con la discusión actual del aborto, los hombres no existen, no tienen nada para opinar. Si la mujer quiere interrumpir un embarazo, el hombre no puede decir absolutamente nada. Si la mujer con que se casó o con quien está compartiendo su vida o su cama, decide abortar una, dos o tres veces, el no podrá decir ni jota.

Para la iglesia reaccionaria, el feminismo misándrico, y el último proyecto de Ley presentado, sólo la mujer existe.

Yo le pregunto a estos "ninguneadores" que presentaron ese proyecto, qué sucederá, cuando un futuro padre quiera defender el desarrollo de su hijo en gestación. La ley no lo contemplará. Tendremos una nueva situación que traerá desavenencias terribles en el seno de la pareja. O sea, en vez de avanzar, retrocedemos: Más violencia familiar, menos equidad.

Salvo excepciones de laboratorio, para lograr un embarazo se necesita un hombre y una mujer, por qué esta aberración de ignorar supinamente al hombre, durante el embarazo o en caso de aborto. Las leyes que dan la espalda a la realidad, y no contemplan su complejidad, traen más problemas que soluciones. Pero qué les importa, si no ven más allá de sus narices.


Jorge Luis Ferrari

DNI: 11486743