ARA San Juan: Un inútil e imperdonable filicidio

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Eduardo Da Viá

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ARA San Juan: Un inútil e imperdonable filicidio

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ARA San Juan: Un inútil e imperdonable filicidio

ARA San Juan: Un inútil e imperdonable filicidio

 Enfocaré este dolorosísimo y cuasi increíble tema desde dos puntos de vista:

En primer término y desde lo afectivo, más aún en mi condición de liceísta militar, está el lamentar, con pena y con indignación, que cuarenta y cuatro hermanos hayan muerto inútilmente, en cumplimiento de una misión ignota, a bordo de una nave de guerra en tiempos de paz, y sin que se avizore ni remotamente, algún tipo de conflicto bélico que nos involucre.

Son cuarenta y cuatro valiosos e irremplazables hijos de la Patria, víctimas a mi juicio, de un verdadero FILICIDIO, espero que culposo.

Sí, cuarenta y cuatro inocentes hermanos, persuadidos de que" ninguna embarcación o aeronave de la fuerza zarpa o decola, sin estar en condiciones operativas de navegar o volar con total seguridad" según palabras textuales del Capitán de Navío Enrique Salvi, dichas en forma póstuma y cuya obvia falsedad me exime de mayores comentarios.

Cuarenta y cuatro jóvenes entrenados en el difícil arte de navegar un submarino, el que abordaron supongo emocionados, convencidos de la utilidad de su misión, sin temores, y sin sospechar siquiera, que se convertiría en su propio catafalco.

Partieron con la seguridad de su éxito y de un regreso feliz, obviando o menospreciando el gravísimo detalle de que la ufana Marina Argentina, poseedora de una de las fragatas más lujosas del mundo, carece de sistemas de salvataje para la tripulación de un submarino varado en inmersión.

Pero sí posee, la Marina, un Comando de Fuerza de Submarinos, con su respectivo Comandante, Cap. De Navío Claudio Javier Villamide, y con una dotación de 3 submarinos, de los cuales solo el San Juan, estimo, estaba operativo. Todas unidades de más de cuarenta años de construidos.

De nuevo la obviedad me exime de mayores comentarios.

El segundo enfoque es desde lo técnico, y me atrevo a opinar sin ser ni marino ni submarinista, pero soy médico, y por lo tanto tengo mentalidad científica, y además me basaré en la lógica más elemental, apelando a los conocimientos básicos sobre el tema, que brinda la mera lectura de los periódicos.

El ARA San Juan era un modesto y antiguo submarino tradicional, no nuclear ni misilístico, con una capacidad de maniobra y una potencia de fuego infinitamente inferior a las diabólicas naves de guerra de las potencias bélicas mundiales que hoy encabezan el macabro listado de las más poderosas.

¿Se justifica tener un Comando especial y entrenar personal para tripular un navío de estas características? Es evidente que no.

Este por demás lamentable episodio, no puede ni debe quedar impune; el castigo deber ser tal, que, sin que sirva para devolver las vidas perdidas, al menos evite que vuelva a suceder.

En el art. 84 del Código Penal de la República Argentina, está definido el homicidio culposo. "La culpa es involuntaria y se produce como consecuencia de un accionar negligente, imprudente o imperito del sujeto activo (quien comete el ilícito), lo que ‘produciría una lesión en el bien jurídico protegido, que en este caso es la vida".

Si yo fuese el fiscal de la causa, la titularía "En averiguación de filicidio culposo".

Ruego a los actores del Poder Judicial, sepan disculpar mi intrusión en el tema, lo que ocurre es que me duele el alma, y quizá por ello me extralimito, pero a sabiendas claras de lo que escribo.

Por cierto, me hago responsable y no pido mi Pase a Retiro como el cobarde del contraalmirante Gabriel González.

Espero no se les ocurra a quienes manejan el erario público, adquirir material bélico extranjero moderno, fabricado por asesinos de guante blanco y a precios exorbitantes.

Inviertan dinero en tecnología para preservar la vida, no para destruirla.

Denle material suficiente a Asclepios y no a Ares.

A modo de epítome, y en mi condición de orgulloso liceísta (ex cadete Liceo Militar General Espejo), despido con todo respeto y gran dolor, a mis compañeros del arma de Marina, caídos en cumplimiento de su deber.

Que descansen en paz.

Eduardo Atilio Da Viá. Argentino Nativo. 7ª Promoción- Liceo Militar General Espejo-1958

Addenda: La información de la misión consistente en la vigilancia de las aguas territoriales, para detectar piratas pesqueros, fue dada días después del incidente. Me huele a mentira.