¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?

Hace casi una semana se realizaron las elecciones generales en el vecino país y nuevamente la disputa por el sillón presidencial será entre los mismos conglomerados. Hubo baja participación y se consolida la indiferencia hacia la clase política de un país que anda casi con piloto automático.
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Edu Gajardo

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Alejandro Guillier y Sebastián Piñera.(publicada por duna.cl)

Alejandro Guillier y Sebastián Piñera. | publicada por duna.cl

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?(publicada por Emol.com)

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile? | publicada por Emol.com

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?(publicada por La Tercera)

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile? | publicada por La Tercera

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile?(publicada por duna.cl)

¿A quién le calienta quién será el próximo presidente de Chile? | publicada por duna.cl

Una elección presidencial suele ser sinónimo de nueva dirección, la posibilidad del cambio o de la continuidad, la necesidad de mejoras o la confirmación de un camino. Sin embargo, hay un lugar en el mundo dónde a los ciudadanos no les calienta quien se siente en el sillón presidencial, porque "el lunes yo tengo que salir a trabajar igual que siempre".

Las elecciones del pasado domingo en Chile tuvieron una participación inferior al 50%, o sea, menos de la mitad del padrón votó para elegir a la persona que dirigirá los destinos de la vecina república en los próximos cuatro años.

Es que la apatía que genera la política partidaria en Chile pasó a un nivel superior y el sistema económico está tan arraigado e instalado que pareciera que se trata de un país que se maneja con piloto automático.

Es que más allá de las alianzas, con la derecha encabezada por Sebastián Piñera por un lado y la Nueva Mayoría, la coalición de centroizquierda que tiene a Alejandro Guillier como candidato, las posiciones y las visiones no son tan extremas como en la Argentina, entre un lado y el otro de la esfera política.

"¿Pero allá Bachelet es Cristina?", me decían algunos amigos. La cuestión es que al otro lado de la cordillera no existe una CFK, o por lo menos no llegó al balotaje. La actual mandataria trasandina tiene el cartel del socialismo, pero su gestión siguió adelante con el modelo económico que existe desde lo 80, el que fue implantado por los Chicago Boys durante la dictadura de Augusto Pinochet. Ese modelo, considerado exitoso, sigue siendo la columna vertebral que nunca se cambió, incluso después de la vuelta de la democracia y bajo los gobiernos de la Concertación de Partidos Por la Democracia (actual Nueva Mayoría).

El chileno sabe que más allá de los matices, gane quien gane el modelo económico y los grandes lineamientos seguirán el mismo camino de las últimas tres décadas. Esa comodidad y acostumbramiento provocó una indiferencia que se plasmó en los números cuando se modificó la ley electoral y se pasó al voto voluntario.

Así, y en sentido figurado, a nadie le calienta quién será el nuevo presidente, porque entre los que tienen que elegir a uno -Piñera- ya lo tuvieron en el Palacio de La Moneda (Casa de Gobierno) y el otro -Guillier- es una continuidad del gobierno actual, además de ser una figura reconocida porque antes de ser un referente político era un rostro del periodismo televisivo del vecino país.

La única opción que ofrecía salirse del molde era Beatriz Sánchez, periodista trasandina representante del Frente Amplio, un conglomerado que reunió a sectores de izquierda más extrema y con banderas de cambio más radicales, como la eliminación de las AFP (las AFJP). Obtuvo un sorprendente 20% que ahora es codiciado por el candidato Guillier (aunque le va a costar conseguirlo), porque de ninguna manera los que votaron a Sánchez votarán a Piñera. Esos si son extremos políticos.

Es que aunque por los nombres los dos espacios que van al balotaje de diciembre parecieran ser antagónicos, en realidad la derecha y la centroizquierda chilena se mueven en una línea que donde los extremos no son tan lejanos. De ahí que durante casi treinta años de democracia la estabilidad y la tranquilidad hayan generado en las nuevas generaciones una sensación de que todo ya tiene establecido su camino, funciona bien y no tengo que preocuparme por cambiarlo.

Quizás el último movimiento fuerte de cambio fue el de los estudiantes, con figuras como la actual diputada Camila Vallejo a la cabeza. Ella pasó de ser una alternativa a formar parte del establishment político tradicional, algo que desanimó a muchos jóvenes que la veían como un camino distinto que finalmente sucumbió a la tentación de ser parte de ese lugar de confort.

A todo lo anterior se suma que hay escasa militancia política, por lo que no existen las grandes manifestaciones y los escenario con calles de cortadas y miles de personas. Tampoco hay sectores gremiales fuertes, ni el sindicalismo poderoso -y violento- que marca también la realidad política en la Argentina. Es una sociedad que no tiene mayores remezones y que circula tranquila que sólo agitada por los desastres naturales.

Entonces, es muy probable que en la segunda vuelta del 17 de diciembre la cantidad de votantes sea igual o menor, con una nación que considera que el Estado funciona como un ente regulador de la vida cotidiana, pero que no es el factor más importante en el día a día. Para el chileno la preparación y el esfuerzo personal es lo único que le que permite surgir o caer en una sociedad donde la competencia es feroz y la desigualdad es profunda, gobierne quien gobierne.