opinión

Honestidad y probidad:¿Logros o dones?

La honestidad, en ciertas personas, es una condición innata. Si la honestidad es un don, automáticamente se descarta que sea un logro o consecución.

Honestidad y probidad:¿Logros o dones?

 Por honestidad se entiende, según la raíz latina honestitad, "calidad de decente, honrado, decoroso y razonable"

Según mi parecer, la honestidad, en ciertas personas, es una condición innata independiente de la volición, es decir nacen honestos, son "buenos". Dicho de otra manera, nacen con el hado o don de la honestidad, es decir, según la tradición clásica, con la fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos, que hace que las personas y los hechos sean como son.

Si la honestidad es un don, automáticamente se descarta que sea un logro o consecución por cuanto ésto, requiere de un propósito y de la voluntad para alcanzarlo, lo que lo transforma en una cualidad adquirida.

Al ser adquirida, y requerir de la voluntad, la mencionada cualidad se transforma en una meta.

Toda meta tiene características básicas comunes:

Es voluntaria y consciente.

Requiere una planificación

Demanda un esfuerzo

Consume tiempo

Puede no alcanzarse nunca

Si un individuo decide planificar el logro de la honestidad, es porque íntimamente se considera carente de ella y está dispuesto a revertir esa condición.

Todo esfuerzo que se haga en pro de alcanzar la honestidad, es pues meritorio y digno de destacar.

En tanto que si aceptamos mi propuesta, siendo la honestidad, en ciertos individuos, una condición innata e independiente de la voluntad, carece de méritos, por cuanto el honesto no podría no ser honesto, vale decir que su contraria, la deshonestidad, le sería imposible de ejercer en cualquiera de sus manifestaciones.

Rousseau sostenía que todos los hombres nacen "buenos" y es la sociedad que los corrompe.

Thomas Hobbes en cambio, pensaba que el hombre es "malo" por naturaleza, pues siempre privilegia su propio bien por encima del de los demás.

Schopenhauer coincidente en esencia con Hobbes, afirma que "el mal es parte esencial de la existencia del ser humano, intentar eliminar el mal es intentar eliminar nuestra propia existencia; el mal es, por naturaleza, parte fundamental del ser humano; nuestra condición humana está ligada a un conflicto entre el bien y el mal". Este pensamiento coincide con Kant y su "mal radical", puesto que también considera que el mal tiene sus raíces en la naturaleza humana universal.

La postura de Rousseau me resulta insostenible, por cuanto si todos los hombres nacen buenos, la sociedad por ellos integrada debería ser necesariamente buena, y por tanto incapaz de corromper a ningún individuo, que por naturaleza, es bueno también. En tal caso no serían necesarias ni las leyes, ni los agentes encargados de controlar su cumplimiento, ni mucho menos los sistemas de castigo o correccionales de conducta.

La simple experiencia de vivir da por tierra con esta premisa utópica del gran pensador.

Tampoco coincido totalmente con Hobbes, aunque si bien creo que la maldad es propia de la naturaleza humana, opino que la posee en calidad de condición a desarrollar y por tanto no todos los humanos resultan malos a la larga, como es fácil observar. No sólo, sino que estimo, la mayoría de los seres humanos no resultan malvados, lo que ocurre es que a pesar de ser minoría, los malos ejercen una influencia nefasta tan poderosa en la sociedad, que ésta resulta perniciosa, aunque integrada por seres en su mayoría honestos. Entonces sí resultan, no necesarios, sino imprescindibles, las leyes, los custodios de las mismas y los sistemas punitivos o correctores ante el hecho de infringir las normas.

De todas maneras, el único animal perverso es el humano, capaz de gozar con el sufrimiento del prójimo, tal el caso de la tortura, y de matar por placer, dinero o poder. Todo esto agravado por su superioridad intelectual.

Volviendo pues a la honestidad, pareciera que quien la posee, carece de su opuesta la maldad, y por tanto nunca podría llegar a ser malo. Una vez más la experiencia demuestra que individuos honestos, por razones diversas, dejan de serlo en algún momento de la vida, dando lugar a la aparición de la maldad subyacente en la naturaleza humana. Lo que sucede, es que la honestidad, cuando es innata, predomina claramente sobre los instintos mezquinos y perniciosos con los que también nace el hombre. Pero sólo en los casos de poseer el hado de la honradez.

¿Significa esto que nacemos destinados a conducirnos por la vida con uno de los mencionados opuestos: honesto (bueno), deshonesto (malo) como "modus operandi" que nos maneja cual marionetas impasibles? La respuesta es NO; cualquiera de las dos condiciones puede revertirse voluntad mediante.

En el caso del honesto nato, dije más arriba que no puede no ser honesto, lo que es en realidad una exageración por cuanto por honesto que se sea, siempre cometerá actos de deshonestidad, dado que al hombre le están vedados tanto lo absoluto como lo perfecto, consecuencia inevitable de ser por naturaleza imperfectos. Lo que sucede es que el honesto advierte su desvío y lo reconoce por la aparición instantánea del sentimiento de culpa, que lo lleva a intentar reparar el daño producido, o a plantearse firmemente la no repetición de la falta cometida. El arrepentimiento y la intención sincera de enmendarse son cualidades propias de quien posee el don de la honestidad y de quienes la logran tras meritorio esfuerzo.

En el otro extremo, el del "malo" o deshonesto innato, cuyo máximo exponente sería el famoso "Perverso Instintivo de Lombrosso", le cabe siempre al menos en teoría, la posibilidad de encausarse tomando el camino del recto proceder. Esto a su vez logrado por su propio y espontáneo esfuerzo lo cual es infrecuente, o bien mediante el sometimiento a algún sistema correccional obligatorio, justo, persuasivo y ejemplificador. Por desgracia, en nuestro medio los institutos llamados pomposamente correccionales distan de cumplir con esas premisas. Sin embargo, por bueno que sea el sistema de apoyo y modificación de conductas al que se someta, la tendencia natural lo lleva a recidivar en su accionar deshonesto, ni bien las circunstancias se lo permitan.

Por último y respecto de la Probidad, un individuo honesto es, o debiera ser, un individuo probo, en el sentido de digno de confiar. Sin embargo, la probidad es una cualificación efectuada por terceros y basada por cierto en los antecedentes conductuales del individuo así considerado. Pero el juicio puede tranquilamente ser erróneo, en el caso que se trate de una honestidad perfectamente fingida. De ahí la común expresión ¡quién lo hubiera imaginado!

El individuo verdaderamente probo, no hace nada en especial para merecer ese adjetivo, simplemente transcurre la vida honestamente. El juicio lo emite la sociedad, sobre la cual no ejerce presión alguna para ser considerado como tal. Es más, su vida transcurre sin importarle el qué dirán, por cuanto sabe que su proceder es honesto, es decir tiene confianza en sí mismo, o, dicho de otra manera, tiene consciencia de su probidad.

El falso probo, logra la cualificación mediante esfuerzo personal destinado a tal fin. En realidad se trata de las personas de doble vida: por una parte la que desarrolla en la intimidad de su yo y de su entorno privado, y por otra la que muestra ante la sociedad. Es ni más ni menos que un consumado actor. Se ve con frecuencia en los violentos, que ejercen la acción dañina sea sobre su propia familia o, camuflado, sobre terceros inocentes, pero ante la sociedad exhibe la faceta confiable. De la misma forma, son paradigmáticas las conductas duales de muchos políticos, que se presentan como candidatos probos, para luego desde el poder, actuar como delincuentes, actitud ésta última perfectamente planificada de antemano en su fuero íntimo.

En suma:

-Hay honestos natos, que, al poseer el don, no son meritorios, y son obviamente probos o dignos de ser considerados como tales.

-Hay deshonestos natos que actúan siempre en consecuencia.

-Hay deshonestos natos arrepentidos, que, espontáneamente o con ayuda, adquieren la condición de honestos y son meritorios por ello.

-Hay honestos falsos en busca de probidad para lucrar con ella.

-Los honestos natos o adquiridos, cuando se desvían del recto proceder, experimentan el sentimiento de culpa que los obliga a enmendarse.

-La maldad es una condición humana innata y natural, pero a mi juicio, su desarrollo y manifestación deletérea sobre la sociedad, depende de si goza o no del don de la honestidad, o si la adquiere adrede, y depende además del medio social en que las circunstancias de la vida lo llevan a desenvolverse.

-No existe otro animal en la tierra que pueda exhibir los niveles de maldad que alcanza el ser humano.

-El imperio de la maldad extiende sus tentáculo a todos los rincones del planeta.

-No hay maldad más terrible que la solapada o disfrazada de protección o beneficencia.

-Los ricos ejercen su maldad por poder, lo pobres por necesidad.

-Ninguna religión ha logrado erradicar la deshonestidad de entre sus feligreses.

COLOFÓN

Los milenios de historia por mí estudiados, y los tres cuartos de siglo por mí vividos, no me permiten, por desgracia, ser optimista respecto del futuro de la humanidad.

Eduardo Atilio Da Viá Moya- Julio de 2018

Opiniones (2)
21 de julio de 2018 | 03:10
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21 de julio de 2018 | 03:10
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  1. Don Eduardo, interesantísimo de leer su razonamiento. Solo agrego que en 1914, Ortega y Gasset en su libro Meditaciones del Quijote, dijo: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». La frase puede dar significado a muchas cosas, en función del punto de vista de cada cual. Y la reproduzco mas que nada teniendo en cuenta que Ud. dice que "La maldad ... depende además del medio social en que las circunstancias de la vida lo llevan a desenvolverse.". Saludos !!
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  2. Excelente artículo.....como siempre un placer , poder acceder a su lectura.
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