opinión

Nadie habla de aborto en el hospital materno más importante de Mendoza

Si bien no hay directivas formales que impidan a los trabajadores del hospital hablar sobre el asunto, la sola mención del mismo genera cortocircuitos. Nota de una "no nota" en el Lagomaggiore.

Nadie habla de aborto en el hospital materno más importante de Mendoza

El Lagomaggiore es el hospital materno infantil más grande de Cuyo. Por ese motivo, el aborto es una realidad que la institución debe afrontar día a día. Solo en 2017, el departamento de Perinatología realizó 727 legrados, un procedimiento quirúrgico que consiste en raspar las paredes del útero, usualmente practicado para eliminar los restos de un aborto.

Sin embargo, la discusión sobre el tema es contenida dentro de la institución y si bien parte su staff ya brindó declaraciones a la prensa en más de una oportunidad -en los últimos meses la obstetra y jefa de la Sala de Partos del hospital, Leticia Ojeda, dio a conocer en varios medios su posición en contra de la legalización, pero en reconocimiento del problema que genera su clandestinidad-, la censura sobre las voces está latente.

Arbitrariedad disfrazada de prudencia, censura en forma de averiguación de intenciones y llamados telefónicos interminables para pedir autorización, incluso, al Ministerio de Salud.

Cuando en MDZ decidimos buscar los testimonios de quienes, por su profesión, lidian de manera constante con los problemas de las mujeres por una razón u otra decidieron abortar, nos encontramos con esta barrera invisible impuesta sobre la libertad de expresión.

La semana pasada, quien sí habló del tema y tuvo trascendencia nacional fue una exmédica del Lagomaggiore, la tucumana Cecilia Ousset, quien dio detalles de lo que vivió en la sala de urgencias del hospital y del trauma que vivían las mujeres post aborto.

>La médica del Lagomaggiore que conmueve al país con su testimonio

Nobleza obliga, nadie en el Lagomaggiore dijo que el tema no se podía tratar, ni el director del nosocomio, Mario Bustos Guillén, ni las autoridades del Ministerio de Salud. Pero al momento de documentar en los pasillos del hospital, las voces de los estudiantes, trabajadores y médicos que los transitan, el primer "por ahora, nadie puede dar notas", llegó.

Reservamos el nombre de quien dio el mandato de suspender las entrevistas y después prohibió a este medio realizar cualquier tipo de nota. Simplemente actuó por orden del Jefe de Perinatología, el doctor especializado en Ginecología y Obstetricia, Ernesto Olcese. Cuando eso ocurrió, nos encontrábamos en una de las oficinas de la Sala de Partos, junto con un grupo de estudiantes de Medicina y la jefa del área, la mencionada doctora Ojeda, quien ya estaba frente a cámara lista para hablar sobre el tema.

En total fueron tres horas de espera para no obtener nada. Fue, primero, media hora de espera frente a la Dirección del hospital. Con el permiso otorgado por parte del área de Prensa del Ministerio de Salud se nos solicitó, así y todo, que aguardemos a la decisión del director Bustos Guillén. Durante treinta minutos la puerta de la oficina solamente se abrió para decir que "el doctor" seguía ocupado. Hasta que decidimos preguntar por preguntar porque, a fin de cuentas, la institución es pública.

Así llegamos a la doctora Ojeda y así cayó la primera restricción. Con la entrevista en proceso nos dijeron que "no". Ojeda no pudo hacer más que callar. Eran órdenes de su superior.

El trago amargo fue el pie para que finalmente se nos abrieran las puertas de la oficina del máximo responsable del hospital. Ya se dijo, nobleza obliga: Bustos Guillén jamás mencionó que los trabajadores del nosocomio tenían prohibido hablar. Pero lo que sí pidió el director fue que hablemos, antes que nadie, con Olcese. "El doctor ya llega a su oficina y los atiende", dijo.

Pasillos otra vez. Fracciones de horas de espera. Para entonces ya eran las 12.30. Faltaba media hora para que Ojeda dejara el hospital y la entrevista aún permanecía inconclusa. La situación estaba más que empantanada. Mientras la doctora no recibía autorización para hablar ante este medio, tampoco se hacía presente el doctor Olcese.

Treinta minutos más. A las 13.15 Ojeda se va. A esa misma hora Olcese aún no llegaba. A las 13.20 decidimos que lo mejor era retirarse, sin testimonios a favor de la legalización del aborto, sin testimonios en contra de la misma, sin las palabras de algunos de los principales actores que afrontan en primera línea esta problemática en Mendoza.

Esta es la crónica de una crónica que no pudo ser. Si fue por intenciones mentadas o por ignorancia de parte de los responsables a cargo, es algo que no interesa. Los hechos se cuentan en primera persona porque de otra manera habría resultado imposible. La conclusión, así y todo, es evidente: en el lugar de la provincia donde más se debería discutir sobre el aborto, las bocas se encorsetan "por las dudas".

Opiniones (6)
16 de agosto de 2018 | 17:01
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16 de agosto de 2018 | 17:01
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  1. Ahora parece que el legrado es sólo por abortos
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  2. Independientemente de que el legrado sea o no sinónimo de aborto, lo importante aquí es la condenable actitud de imponer censura en el pensamiento. La aprobación o no de la penalización del aborto no es algo que se pueda festejar ya que del otro lado siempre habrá alguien que piensa que ese está convalidando el asesinato o el dejar a morir a otra persona y esto creo, que no es necesariamente así, por eso es importante dejar que la gente pueda expresar lo que siente sin censura previa, que es en definitiva el aborto de la conciencia.
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  3. Y me parece bien que el personal del hospital acuda a la cautela hasta que se sepa si el proyecto que nos ocupa, será o no ley que despenalice el aborto y a la par, que obligue al Estado a facilitar esas prácticas en establecimientos públicos para dar mayores garantías a las abortantes. El problema no es institucional sino individual, Cada obstetra, ginecólogo, partero y en fin, cada profesional capacitado y matriculado que reúna las condiciones profesionales en el arte de curar para efectuar un aborto a quien lo solicite, con la garantía de una formación científica y habilitada como la ley pretende, no tiene por qué verse obligado a realizar esas prácticas, si su creencia científica o de conciencia se lo impide. Aunque quiera decirse que lo blanco es negro o cuando mucho, gris, un aborto es el asesinato de un ser humano vivo en gestación, porque tiene signos evidentes y visibles de humanidad, por decisión acertada o equivocada o por un evento imprudente de quien lo lleva en su seno. Pero que el médico del caso, esté obligado por ley a ejecutar ese sacrificio humano antinatural en razón del título habilitante y del puesto en que lo ejerce en instituciones públicas destinadas a la salud de la población, importa una norma inconstitucional y por demás aberrante. Si hay libertad de pensamiento y opinión garantida por la Carta Magna...¿cómo puede una ley obligar a ejecutar acciones contra la vida de un ser humano en gestación, cuando a quien se le pretenda obligar la ejecución de la práctica en razón de su puesto o cargo en el hospicio, su libre albedrío, sus convicciones y/o su conciencia o, todo eso a la vez, le están diciendo que NO?. La ley, si se sanciona, debe contemplar el derecho a negarse a este tipo de prácticas sin necesidad de tener que fundar la negativa y que se aclare, que ninguna orden impartida al que se niega a realizar un aborto, emanada de un superior jerárquico de su planta o hasta incluso, de un juez, puede burlar o doblegar el principio que anide en los valores que el abstencionista atesora en su conciencia y en su consciente, que le impiden interrumpir la vida de un ser humano, por el sólo hecho de haber sido decidida su ejecución, por aquella a quien el vientre en que madura, lo solicite. En últimas, la vida y la muerte, son cosas de Dios que no pueden quedar al arbitrio de los seres humanos y menos de médicos, que juraron defenderla al graduarse. Los pequeños abortados no son muertos de guerra ni víctimas de daños colaterales de una catástrofe. Son el cadáver que queda tras un crimen; su madre, la instigadora que la ley quiere amparar y el profesional que lo lleva acabo, el criminal. Eso Dios, no lo quiere. A Dios le basta con hacer que la fecundación del caso, fracase. Si ocurre lo contrario, el embrión gestado forma parte del plan divino y viene el hombre, que cada día busca disputarle al Creador su infinito poder, a querer modificarlo. Cuanto más quiera el hombre parecerse a Dios, más cerca de su desaparición se encuentra.
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  4. Que quieren que les digan? Si a los que van a obligar a sacar los bb a pedacitos es a ellos? O ustedes se creen que algún hospital público va a emplear a un médico inscrito en el registro de objetores de conciencia?
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  5. Suponiendo que esos 727 legrado sean solo evacuadores (cosa imposible ya que es un procedimiento que se utiliza para otras patologías) serían solo dos por día. Cifra que no concuerda con el relato de la medica tucumana (18 por día). Argentina, un lugar donde nos hemos acostumbrado a que nos mientan para imponernos realidades con dimensiones que no existen.
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  6. Igna, como pones ahí parece que los legrados solo se hacen para abortar y te puedo asegurar que no es así. Puede ser legrado fraccionado con fines diagnósticos para, por ejemplo, cáncer de endometrio, hiperplasia endometrial, metrorragias, entre otros. Y también legrado evacuador que sirve para los abortos espontáneos y los provocados. Es una practica muy común en hospitales
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