M. Arce

Otro eslabón de" la revolución de lo sencillo"

Dalmiro Garay y cinco definiciones de quien sostiene que podría ser juez solo unos años, porque eso no es lo que quiere para su vida. Su idea central es la misma que la del gobernador: orden y administración, en este caso, para mejorar el servicio de Justicia.

Otro eslabón de la revolución de lo sencillo

No se vislumbra en el escenario más cercano, que el pliego de Dalmiro Garay como postulante a la Suprema Corte vaya a tener inconvenientes para sortear el filtro de la votación del Senado. Primero porque Alfredo Cornejo maneja con mano firme los votos del radicalismo en esa Cámara. Segundo porque el bloque oficialista (UCR y aliados) suman un par más de la mitad más uno de los votos requeridos para alcanzar la cantidad de bolillas blancas necesarias. Y tercero, porque el actual ministro de Gobierno podría sumar más voluntades de los senadores si, como todos admiten, todavía flota en el aire de la Legislatura el acuerdo entre el gobernador y el kirchnerismo para impulsar el juicio por jurados que agitó la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti.

Garay espera confiado la audiencia pública que se realizará el próximo 12 de junio. Desde que se conoció su nominación el lunes pasado, una serie de avales comenzaron a llegar a la mesa de entradas de su ministerio que incluye, entre otros, el apoyo de algunos dirigentes sindicales con los cuáles, en su rol de ministro, tuvo que sentarse a discutir paritarias y otras cuestiones.

Algún ruido podría escucharse mañana. El colectivo Ni Una Menos de Mendoza marchará por las calles del centro con una serie de exigencias y demandas que mezclará las cuestiones de género con las políticas. Una de estas últimas, será rechazar la nominación de Garay por considerarla que se enmarca dentro del funcionamiento de una Justicia "patriarcal y machista" en la provincia.

Precisamente por el reclamo de cubrir con una mujer el cargo que dejará vacante el juez Alejandro Pérez Hualde (planteo que la vicegobernadora Laura Montero volvió a hacer incluso después de conocido el nombre del candidato) es que Cornejo decidió apurar la designación del reemplazante. Un anuncio que estaba previsto hacer recién para dentro de un mes o más.

El gobernador optó por cortar con esta discusión para que el debate comenzara a transcurrir por las virtudes y defectos de la persona que considera como el más apto para la Corte.

En los hechos, nunca estuvo en la cabeza gubernamental proponer a una mujer para el cargo e incluso en dentro de la cartera que conduce Garay un par de funcionarios de primera línea estuvieron involucrados en denuncias de violencia de género. Y la actitud fue más de apañamiento que de condena.

La comisión de Derechos y Garantías de la Legislatura habría sido testigo esta semana de unos movimientos en ese sentido, cuando se habría intentado mandar a archivo una investigación contra el subsecretario de Trabajo, Emilio Jofré, denunciado por tres empleadas de esa repartición por abuso sexual. La movida, tenía como fin no agitar esa denuncia mientras de pone a consideración el pliego en el Senado.

Para salir rápido de la discusión de genéro, Cornejo actuó hace poco más de una semana.

Garay sabía que él era uno de los que estaba en la lista y ya tenía ensayada la respuesta ante la eventualidad de que le propusieran su paso al Poder Judicial: estaba decidido a decir que no.

- No quiero el cargo de juez. Es algo que, a mí, no me va, fue lo primero que soltó.

Cornejo lo miró sorprendido.

- ¡Te estoy ofreciendo la Corte!, le dijo, con el tono de quien trata de explicar la importancia de lo que está poniendo sobre la mesa.

-Sí, soy consciente de eso. Pero si hay algo que no quiero hacer el resto de mi vida es este trabajo.

El gobernador volvió a la carga. Y encontró la frase que terminó de convencer a su interlocutor.

-Mirá Dalmiro... vos tenés que ir allá para intentar cambiar lo que haya que cambiar. Y cuando te sientas satisfecho o sientas que no pudiste, agarrás y te vas. Estas últimas dos palabras fueron la clave.


Garay por Garay

Cinco definiciones del propio Garay, dichas públicamente desde que lo nominaron, sirven para entender para qué irá a la Corte tras el respaldo del Senado.


"Este no es un cargo que yo busqué".

Está claro que el ministro de Gobierno irá a la Corte para profundizar las reformas que Cornejo entiende que hay que hacer dentro del Poder Judicial. Cumplirá una misión, como soldado que es de esta gestión. La clave para entender a qué va es una sola: orden y administración. Una prolongación de la "revolución de lo sencillo" que el gobernador aplicó al Poder Ejecutivo, ahora en su versión judicial. En este paquete están muchas de las demandas que el propio ministro hizo durante los últimos dos años y medio: una Justicia "más cerca del justiciable", una mejor administración de la Corte con la aspiración de que los jueces que la integran estén más ocupados en sus sentencias y cuestiones de funcionamiento tales como la implementación, nunca aplicado de todo, del horario vespertino.

"No me veo toda la vida como juez de la Corte. Si tuviera que cumplir un rol después, volvería a la profesión".

Es extraño Garay. Podría convertirse en uno de los pocos, por no decir el único, de los jueces de la Corte que llega a ese lugar pensando más en el momento en que se irá, que en quedarse para poder jubilarse en el cargo. Si logra cambiar el funcionamiento de la Justicia, se podrá ir con todos los laureles. Si no lo hace, dice, terminará retomando su trabajo de abogado. La frase suena despojada y con un dejo de exceso de humildad. Una vez instalado como juez, podría terminar también arropado en los beneficios de la corporación que hoy dice estar dispuesto a combatir.

"No es necesario que un juez de la Corte provenga de la Justicia. Para mí es un plus haber sido haber sido abogado del Estado".

Con la postulación de su ministro político, Cornejo rompió el molde que él mismo había creado para cubrir vacantes importantes dentro del Poder Judicial. Y esta frase suena a justificación de ese cambio. Con las designaciones de Alejandro Gullé, como Procurador, y de José Valerio, en la Corte, el gobernador buscó compensar entre quienes comulgan con su idea de lo que hay que hacer allí (sobre todo el primero en materia de combate contra la inseguridad) y personas con conocimiento del entramado de la Justicia. Valerio trató, pero nunca pudo liderar los cambios y sobre todos de administración de la Corte como en el resto de Tribunales. Garay está convencido que su trayectoria como abogado de la Asesoría de Gobierno (estuvo allí ocho años) y fundamentalmente su magister en Derecho Administrativo lo dotan de experiencia como para encarar la tarea que tiene encomendada. Para él, el rol del Estado es brindar servicios. Y la Justicia es eso mismo, un servicio. ¿Cómo mejorarla?, gestionándola mejor. Concepto puramente cornejista. 

"Hay que aplicar soluciones distintas al litigio, que es como se maneja hoy la Corte".

Además de criticar la forma en cómo el máximo tribunal gestiona, el gobierno (con Garay al frente) siempre cuestionó la grave pérdida de prestigio y de autoridad de la Corte a través de sus sentencias. El punto clave fue, para ellos, el abandono de una línea jurisprudencial. Es decir, la imprevisibilidad del máximo órgano que lo llevó, a lo largo de los años, a no tener una doctrina. El trabajo del futuro nuevo integrante estará también en corregir esta tendencia y sus credenciales son, otra vez, su experiencia en la Asesoría en dónde se logró unificar un criterio jurídico a lo largo de los años. Sin embargo el desafío suena grande para él, una vez que esté instalado en el cuarto piso del edificio de Tribunales.

"Acá no hay que sobreactuar. Si porque me nominó un gobernador yo tengo que fallar en contra, esta mal. Y al revés, también esta mal".

Con Garay, Cornejo siguió la línea de los dos últimos gobernadores del PJ (Celso Jaque y Francisco Pérez) que buscaron colocar en la Corte a dirigentes vinculados a la política partidaria. En la cima de las encuestas, sabe que tiene espaldas como para resistir las críticas y que además no se enfrenta a un fracaso en el Senado. La pelea está en tres flancos, al menos. Uno de ellos, como siempre lo fue, es la Corte. Por eso aunque los votos todavía no están para aprobarlo, el proyecto de ampliación de 7 a 9 miembros no se archiva. El otro costado son los jueces. Y la lectura aquí es muy particular: en Casa de Gobierno están seguros de que una parte de la estructura del Poder Judicial, sobre todos los jueces más antiguos, cumple sus tareas sin el agregado de un contenido ideológico. La Octava Cámara del Crimen fue la referencia constante para buena parte de esta crítica. Pero también creen que los magistrados más jóvenes, funcionan con una ideología vinculada a la aplicación del derecho que se transforma luego en militancia política al momento de dictar sentencia. El máximo órgano de Justicia mendocino está hoy en el peor de los escenarios. No tiene poder porque sin autarquía no maneja sus propios recursos y depende del Ejecutivo. Tampoco logra encolumnar detrás de un objetivo al resto de los jueces del Poder Judicial y tampoco afirma su autoridad a través de sus sentencias.

Y aquí va el tercer elemento. Cornejo está convencido de que si no avanza a fondo con los cambios dentro de la Justicia, muchos de los jueces que hoy no están de acuerdo con su política de reformas lo estarán esperando al final de su mandato. Puede ser por alguna investigación por corrupción, aunque todavía no se ha presentado ninguna en Tribunales contra esta administración. Pero también por alguna denuncia con carga política que surja de aquí en más y que, descarta el gobierno, en algún momento llegará.

Garay difícilmente alcance a tener que fallar acerca de alguna causa de Cornejo en el corto o mediano plazo. Así como tampoco, porque nunca avanzará políticamente la idea, deberá resolver alguna cuestión constitucional vinculada a una intentona de Cornejo por lograr su reeleción. Pero sí, llegado el momento, podría tener que entender en alguna denuncia contra el actual mandatario. ¿Qué hará? Es una incógnita. Aunque cabe una respuesta lógica a la pregunta: si la denuncia tiene sustento, difícilmente termine rifando su prestigio. Aunque si se generan dudas en la causa, la mano a quien lo impulsó políticamente y lo terminó llevando a la Corte podría terminar extendida. Un filo demasiado peligroso para un juez.

Opiniones (3)
24 de junio de 2018 | 14:00
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24 de junio de 2018 | 14:00
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  1. Que muchacho más cándido.... Cuando esté apoltronado en su despacho cual Dios del Olimpo con todas las comodidades y beneficios que no tienen los simples mortales de a pie..... Ahí lo voy a querer escuchar si sigue con este cuentito de"este es un cargo que yo no busqué " subestiman a la gente... Puajjjjjj!!!!
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  2. Lo que deduzco de la nota es que también trabajó para Jaque y para Pérez.
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  3. garay . un andinista sin sombrero caminando al filo del aconcagua .
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