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De dónde viene y hacia dónde va esto del "nuevo Estado"

El concepto lanzado por Cornejo tiene una explicación oficial. El desafío: pasar del marketing a los hechos, porque si es así, está bien.

De dónde viene y hacia dónde va esto del nuevo Estado

Si a los mendocinos se les pregunta si quieren que aquí haya una industria minera, con los controles suficientes que la hagan no contaminante y que genere empleo y movilidad social ascendente, responden en las encuestas que sí entre el 70 y el 80 por ciento, según el momento del año y el estado de la discusión en la sociedad. Contundente. Pero cuando se les pregunta si confían en los controles del Estado el resultado es igual, pero al contrario: entre 70 y 80 por ciento de los mendocinos sostienen que "no", que no confían en el Estado y su posibilidad de controlar correctamente la actividad.

En medio de toda esta cuestión que va desde la realidad hasta la percepción social, está la economía. No alcanza lo que hay para darle de comer a dos millones de personas. Menos, para generar perspectivas de crecimiento sólidas al mediano o largo plazo. No sirve el anecdotario reactivo de quienes dicen: "Bueno, probemos con otra cosa". Tampoco, los pendencieros que potencian la fractura entre quienes dicen "no" y los que dicen "sí" a la minería, con tal de ver quién gana. Esto no sirve. La discontinuidad de políticas de Estado, la fragilidad de sustento de las ideas y proyecto dentro, inclusive, de personajes de un mismo partido político, sumado a que no hay reelección del Gobernador y no se puede garantizar la sostenibilidad de los proyectos en un plazo suficiente, hacen que la apuesta sea por el fondo y no por la supercicie: hay que cambiar al Estado.

De allí surge la idea de "Nuevo Estado" lanzada como consigna en el discurso legislativo de Alfredo Cornejo este 1 de Mayo. Según explicó el analista Elbio Rodriguez, consultado por el Gobierno y también por el peronismo para definir sus cuestiones cruciales, consolidó la idea. Sostiene al respecto que "no se puede conseguir un consenso social alrededor de este Estado en el que la gente no confía a priori debido a que es siempre sospechoso de corrupción".

De allí que, más allá del marketing ocasional o la puesta en escena que siempre ve el periodismo conspiranoico, puede haber, en verdad, un concepto rector de una política pública y una apuesta en el mensaje, que el equipo de gestión tendría que conseguir que se cumpla antes de irse, para dejar sembrada la semilla en tierra fértil, a pesar del cambio politico del año que viene. Lo que está en juego es el future a largo plazo, no quien gane o pierda unas elecciones.

En ese sentido, el planteo lanzado consiste en la construcción real y también simbólica, ambas a la vez, de un "nuevo Estado" para generar consensos sociales necesarios para que algo cambie a la hora de tomar definiciones de fondo en 5, 10 años e inclusive más años. Se trata de cambiar la cultura que vincula al Estado con corrupción, descontrol e ineficiencia, y eso es bastante más que una campaña de propaganda sino un desafío multidimensional, que tiene resistencias, sobre todo, desde esa especie de entelequia que cobra vida en cada elección que es el "partido del Estado", transversal a la política, incapaz de sobrevivir sin meterle mano a lo público en provecho propio.

Tener un "Estado nuevo", un "nuevo Estado", sostiene el concepto lanzado este martes por el Gobierno, es generar confianza para que se pueda avanzar en las cosas cotidianas que el ciudadano de a pie ve lejano, pero que palpa a nivel de piel: vivir, comer, estudiar, transportarse, calcular el future de sus hijos.

Si no se confía en un Estado capaz de ser rector y regulador, ¿en quién sí? Hace falta Estado, hace falta industrias, hace falta minería, hace falta agua pura. Todo es crucial, al mismo tiempo y sin que una afecte a la otra.

Opiniones (1)
16 de agosto de 2018 | 01:29
2
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16 de agosto de 2018 | 01:29
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  1. kornejo es el pasado
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