F. Croce

Los patoteros, amos y señores: cuando un derecho se usa para dañar al otro

Otra vez, los que se notan son los violentos. Los argentinos nos llenamos la boca hablando de "democracia" y "respeto por las instituciones", pero no aprendemos más. Una reflexión a la luz de los últimos hechos vividos en nuestra provincia.

 La protesta social, así como la libertad de prensa, son manifestaciones del derecho a la libre expresión, y tengo la certeza de que, dentro de la lista de derechos fundantes de nuestra Constitución Nacional, son de los esenciales.

Especialmente -y no desde lo jurídico, pues sabemos que todos somos iguales ante la ley, sino hablando desde el plano emocional- pienso que hay que proteger con pronunciado ahínco este derecho de protesta cuando quienes se manifiestan son los trabajadores, los más vulnerables, los que sufren, o los que no tienen la posibilidad de acceder fácilmente -por "x" motivo- a un espacio en el que su voz sea escuchada.

Pero... ¿Qué pasa cuando el derecho de peticionar a las autoridades choca o se encuentra con otros derechos igualmente establecidos en nuestra Carta Magna, como el de transitar libremente por el territorio nacional, el de usar y disponer de la propiedad, o con los derechos reconocidos en los tratados internacionales con jerarquía constitucional que garantizan la integridad y la seguridad física y psíquica de las personas?

¿Qué pasa cuando, aduciendo que se está ejerciendo un derecho, se perturba la paz social?

Cuando un individuo procede de tal manera en que su accionar concuerda con una norma legal que le concede una facultad, pero al hacerlo se extralimita y a sabiendas causa daños a terceros, está incurriendo en abuso de derecho. Esto sucede, por ejemplo, cuando pretendidamente se manifiesta el acto de ejercer un derecho, el de protesta en este caso, solo con el fin de disimular la intención de causar un perjuicio sobre una persona o bien ajeno.

Estos últimos días me ha tocado estar presente en situaciones complejas de discusión, y todas mal resueltas, cuyo objetivo -hacer oír la voz disconforme- no llega a cumplirse por actitudes imprudentes. Me refiero particularmente a la intolerancia, a la crispación, al patoterismo que lleva a la agresión física y al insulto. Me refiero a los que sin argumentos para departir simplemente denigran llamando a una ex presidenta "yegua" o a un presidente "gato" en un reclamo colectivo; y a los que con actitudes desbordadas y todo tipo de insultos desacreditan frente a un gobernador o un intendente un petitorio o una manifestación.

Me refiero a los que, animados solo por las ganas de provocar un escándalo, se lanzan sobre un auto poniéndose en peligro. Me refiero a los que apedrean un colectivo que lleva materiales a un hospital en el marco de un corte de ruta para manifestarse en contra del fracking. Me refiero a los que eliminan la instancia de debate y la posibilidad de comprensión y llaman "asesinos" a los que bregan por el aborto legal, y también a los que llaman "chotos" a los que están en la otra vereda y no quieren respetar su creencia religiosa -más allá de que esta deba o no influir en su decisión ciudadana-.

Me refiero también al que retira tironeando de un brazo a una periodista que está trabajando en un edificio público porque no le gusta o no le parece el lugar en donde ella se ha ubicado para hacer su tarea, a los que se ríen de vos porque no podés ir a retirar tu dinero al banco durante varios días, y también al que en vez de expresar una preocupación rompe o altera, dejando invisible su objetivo debido a su accionar vandálico.

Charlando con colegas y amigos, surge un postulado: jamás se debe criminalizar a quien protesta. Estoy absolutamente de acuerdo: pero controlar y regular no significa criminalizar. Si no se ejerce un control, se castiga a quienes sí cumplen las normas legales y de convivencia dándole "perdones" y concesiones a los infractores o abusivos. En cualquier sociedad moderna, sin ordenamiento no existe convivencia. Y por supuesto que la solución no es la exaltación de la represión, sino la ponderación del razonamiento.

Un reclamo, una marcha o una medida de fuerza de un ciudadano no puede dañar a otro ciudadano. Un argentino no puede prohibirle a otro el paso hacia un centro de salud, o la posibilidad de ir a trabajar o a educarse. Un argentino no puede ser rehén de otro. Un argentino no puede agredir gratuitamente a otro e irse de lo más campante. La Justicia, cuando permite esto, es simplemente una "compinche" del patotero en cuestión.

Opiniones (10)
16 de julio de 2018 | 23:10
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16 de julio de 2018 | 23:10
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  1. Yo sigo insistiendo, en un pais donde el 80 % de la poblacion cobra 10.000 pesos y los punteros politicos y tongueros de comite y unidad basica devenidos en respresentantes y egregios diputados y senadores 25 veces mas ( 250.000 ) NO EXISTE DEMOCRACIA ALGUNA, lo unico que hay es una partidocracia de medio pelo dirigida a consagrar la riqueza de una elite politica a la que siempre le va bien y que tiene el monopolio del acceso al poder constituionalmente. En ese contexto ninguna accion de estado efectiva que implique un costo politico puede ser emprendida y menos respecto del orden publico, que protesten todo lo que quieran, palos no va a haber, que nada ponga en peligro ese statu quo , el de la felicidad politica,
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  2. ORDEN es la palabra clave, el orden no es mas que el respeto y acatamiento colectivo de la norma, el antagonismo del orden es el caos y este país ha privilegiado por cobardía de sus dirigencias, especialmente el politicaje carisimo e inútil que lo gobierna, el caos con sus propias acciones, En este momento en este país cualquier 4 de copas cree que puede ir a una marcha a protestar por lo que no le gusta e incluso por la sandez mas insolita negándoles derechos a los demás en nombre de su protesta y si alguien se lo impide también tiene derecho a agredirlo, es el resultado de un país dominado culturalmente por el izquierdismo que ha decretado tonteras tales como ? donde hay una necesidad hay un derecho? o ?el ejercicio del derecho de protesta se antepone a cualquier otro derecho? y a esto le suma la diabolizacion de la represión que ordena y el efectivo que lo hace solo por ser uniformado, el resultado es el caos en que vivimos, Pocos lo recuerdan, a mi se me quedo grabado, en Mendoza tuvimos un piquete de la hinchada de la lepra cortando Acceso este y Costanera porque no les gustaba el horario programado de un partido, a eso llegamos??.. En la medida que no se restaure la lógica y el ordenamiento jurídico, en la medida que no se ponga el sofá en el living y el inodoro en el baño, este país es INVIABLE.
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  3. Excelente nota. Los patrones de la protesta imponen sus reglas sin fijarse en los demás. Autoritarismo puro. Encima, algunos dicen que hay que agradecerles por su esfuerzo y lucha. Nada de eso. Hay que sancionarlos, como la ley dispone.
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  4. El periodismo debe hacer respetar la libertad de expresión, pero no fogonear. A favor o en contra de cualquiera. El miedo al escrache de este gobierno, ha dado alas a los delincuentes, sí delincuentes, que no nos permiten la libre circulación, descripta nada más y nada menos, que en la Constitución Nacional, al destrozo de propiedad ajena y a la agresión física real además de la verbal. Apadrinados durante 12 años y medio por el dictatorial gobierno k. Muy buena la nota. Clarita y concisa
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  5. Impecable la nota, felicitaciones Federico.- Hoy es el país de todos derechos y ninguna obligación y los gobernantes y sus fríos pechos dejan hacer, por el temor de los votitos y así cuatro o cinco te cortan una ruta o calle por cualquier motivo que les parezca válidos.- Lo triste, es tarde, caímos en el ridículo y "del ridículo no se vuelve".-
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  6. Si el periodismo no se pone firme, estamos al horno.... Fíjate nomás que acá, donde te estás quejando, dices: "no criminalizar la protesta". Cuando hay delito, no hay protesta que valga, crimilaza el delito y sanciónalos con la ley y luego que protesten como y donde corresponde.
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  7. Si una agrupacion politica se define como "movimiento piquetero" significa que su razón de ser es justamente, piquetear, o sea obstruir la libre circulación, transgrediendo lo consagrado por la constitución. En cualquier país, un grupo así, establecido para generar un delito, sería un "escándalo" con todo el arco político en contra y tomando acciones concretas para castigarlos. Aquí, piqueteros y barrabravas constituyen el brazo armado de la clase política argentina. El peronismo es el responsable mayor de fogonear esas prácticas, sacralizando la figura del delincuente como un producto de la exclusión. Pero el peronismo no es el único responsable de esta barbarie, la decadente izquierda argentina, que obtiene paupérrimos resultados electorales, pretende hacerse oír tomando banderas que no le pertenecen, como el feminismo o la ecologia. Así, todo es buena excusa para hacer quilombo en las calles. Y por el lado de la derecha, les cabe la responsabilidad por omisión y cobardía, que hacen la "vista gorda" cuando la víctima es la clase media, incluso cuando un dirigente radical o ganso, en Mendoza quieren ganar poder "territorial" han recurrido a "referentes" de hinchadas o punteros (delincuentes) para llevar gente a actos o apretar a alguien. Por delincuentes al servicio de la política, estamos como estamos.
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  8. La protesta "social" es pura política. Siempre la hace el "peronchaje" en alguna de sus fascetas. SON ESPECIALISTAS EN PROTESTAS Y DESESTABILIZACION DEL GOBIERNO. En setenta y tres años ( desde 1945 ) los "peronchos" han gobernado la mitad del tiempo y la otra mitad han molestado o desestabilizado al gobierno de turno. LOS RESULTADOS ESTAN A LA VISTA . . .
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  9. Una cosa son los derechos y otra muy lejana es el patoterismo y la barbarie! Mucho de los problemas argentinos es debido a que el periodismo ayuda y da piedra libre a la barbarie con sus apoyos en los medios y como son demasiadas las muestras de estos actos vandálicos que se producen sin razón de ser, fogonados por las banderas del anarquismo de izquierda que no traen nunca soluciones, solo problemas al país... una cosa es una manifestación pacifica y otra es el vandalismo, el cual, últimamente se ha convertido en moneda corriente...
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  10. Totalmente de acuerdo. Desde hace un par de décadas venimos soportando esta suerte de sublimación de los derechos. La libertad de expresión, sin límites, nació con la tolerancia, y la defensa pública en muchos casos, de los grafiteros o tribus urbanas que, aerosol en mano, empezaron a pintar cuanto frente de edificio público o privado había. Y también con los escraches. La espiral ya hace tiempo que está a la altura de la agresión física.
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