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Guerra entre alumnos de escuelas: ¿Qué les pasa?

El enfoque ofrecido a MDZ por el Director de la Licenciatura en Psicología de la UCA, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Guerra entre alumnos de escuelas: ¿Qué les pasa?

 Intervenciones en una institución educativa desde el lugar de autoridad

(Intervención posible y posibilitadora para los adolescentes)

 En este trabajo nos centraremos en una experiencia particular, en relación con una práctica que desde hace algún tiempo realizan los adolescentes de los colegios secundarios. La misma, en función de la intervención realizada desde las autoridades escolares, pudo constituirse en una experiencia educativa compleja e interesante: la "presentación de buzos" de alumnos de 5° de un colegio de educación privada de una ciudad del interior de Argentina. 

Libro

Los alumnos del último año del nivel secundario están sumergidos en rituales o "ritos institucionalizados", como Karlen, Cicutto y Rodríguez explican detalladamente en un apartado de este libro: "Los Adolescentes ante las Paradojas Actuales". Los ritos institucionalizados marcan simbólicamente un pasaje, algo que termina, algo que comienza. Dos generaciones se reúnen, donde una cede lugar a la otra en función de transmisión. La experiencia que se atraviesa, posibilita un efecto de saber, que el rito sostiene. El acto de promoción, viaje de egresados, la cena de egresados y, en algunos casos, hasta un nombre de la promoción o lema, que los diferencie, constituyen rituales institucionalizados "del pasaje a la adultez (...), hitos significativos para el sujeto en constitución", como lo afirman los mismos autores (Karlen, Cicutto y Rodríguez, 2016).

Sin embargo, existen experiencias que no pueden ser entendidas dentro de estos ritos, al menos dentro de los ritos institucionalizados, pues no constituye un espacio ofrecido por las generaciones anteriores para que las nuevas generaciones se diferencien. "El intento de establecer nuevos ritos a menudo se transforma en actos violentos, donde los adultos no intervienen, sólo dejan hacer" (Karlen, Cicutto y Rodríguez, 2016). El fenómeno de la "presentación de buzos" no es ajeno al mundo de violencia, y también del consumo, en el que vivimos hoy. Se lo puede observar en alumnos de los últimos años del nivel de educación secundaria. Al menos, podemos localizarlo como una costumbre que se viene instalando en varias provincias de la República Argentina. Incluso, medios informativos de todo tipo tienen como titular la violencia en adolescentes, asociada a este tipo de manifestaciones. En este trabajo nos centramos únicamente en la "presentación de los buzos". 1 Bertonati, F., (2017). Intervenciones en una institución educativa desde el lugar de autoridad (Intervención posible y posibilitadora para los adolescentes). En Karlen, Cicutto, Rodriguez (Comp.). "Autoridad o sometimiento. Diferenciaciones desde el psicoanálisis (pp. 87-96). Mendoza, Argentina: Universidad del Aconcagua) 2 Nuestro primer acercamiento al fenómeno descripto es desde el lugar del adulto. Hablar de adolescentes es también hablar de adultos y, con estos, de la función de autoridad. Ésta es una función ejercida por los adultos, en referencia a los niños y adolescentes. Y ese lugar es posibilitador del sujeto cuando el adulto lo ocupa y ejerce. Un lugar en donde las palabras les dan a los adolescentes la posibilidad de ser escuchados y acompañados, ante la complejidad de la etapa que atraviesan. Adulto que, "en tanto Otro representa una generación diferente que la de los jóvenes. Y lo esperable es que su visión de las cosas se asiente en esa diferencia fundamental, que a su vez enmarca el diálogo entre ambas generaciones" (Karlen, Cicutto y Rodríguez, 2016). 

Experiencia en un colegio secundario 

Existía en el Colegio una gran preocupación por el evento de la presentación de buzos. En el año anterior se habían producido situaciones de violencia: los alumnos prácticamente habían destruido un curso, rompiendo bancos y paredes. También había habido enfrentamientos con alumnos de otros colegios de zona, en los que abundaron manifestaciones como insultos, roturas de vidrios, fuegos artificiales. Tan significativa había sido esta experiencia, que al realizar entrevistas para acceder al cargo directivo de la institución, una de las preguntas más relevantes era en relación a lo que haría, hipotéticamente, el directivo al momento de la presentación de los buzos. Si bien el fenómeno no se comprende desde una simple descripción, éstos eran los antecedentes. 

Además se presentaban críticas de parte de padres, docentes, otras autoridades e incluso vecinos. Quejas en relación a la posición que habían asumido algunos adultos en estos acontecimientos: padres y docentes que habían acompañado y promovido dichas prácticas, y que las entendían como manifestaciones "propias de la edad". Las críticas se dirigían a la función de autoridad. Lo ocurrido en años anteriores mostraba acuerdos implícitos en el que los adultos avalaban este tipo de práctica: docentes que acompañaban a los alumnos en las manifestaciones asociadas a la violencia, y padres que facilitaban pirotecnia e incentivaban a expresiones violentas, entre otras acciones que desautorizaban a los adultos en su función. Y en estos casos, cuando el lazo con los adolescentes se realiza desde las grietas, desde la pérdida de la función que cumple el adulto, siempre hay algo que se rompe. 

Descripción de la experiencia: "Hacer Lazo" 

Libro

La experiencia, al menos como se abordó ese año en la institución, fue asumida desde un posicionamiento diferente. Las preguntas que ésta genera promovieron 3 la simultánea lectura y análisis de esta temática desde el psicoanálisis y otros aportes teóricos. Esta intervención favoreció el abordaje del tema, al promover una serie de cambios. 

Lo primero que se generó fue un espacio para que circulara la palabra. Con la escucha y el diálogo, se posibilitaron lazos entre los alumnos y las autoridades. Se comenzó a "nombrar" el tema, estableciendo un vínculo con los alumnos: se les propuso dialogar sobre la presentación y se les facilitaron tiempos y lugares para que trabajaran entre ellos el diseño de los buzos. 

Se observó que a veces los adultos no estaban preparados para este tipo de trabajo ni para escuchar al adolescente como sujeto, sin perder su lugar de autoridad. Delegaban esta tarea a un área del colegio, donde los encargados trabajaron en una jornada el diseño del buzo, entre otras cosas. Pero los adultos intentaron imponer un criterio, y este primer paso, como posibilitador del lazo social, fracasó. Al no escuchar a los adolescentes, el autoritarismo irrumpió afectando el lazo social, cuando, según lo que explica Figueiredo Carneiro (2009), "el legislador intenta controlar los dispositivos sociales mediante la fuerza, sin preservar un espacio de reconocimiento por el sujeto" (p. 97). Es el paso del lugar de autoridad al de tirano. Esto generó más distancia entre los alumnos y los adultos del Colegio, figuras de autoridad. Karlen (2013), señala claramente al respecto: 

Los lazos del sujeto con la autoridad tienen que posibilitarse y no desaparecer. Estos lazos van abrir camino a la duda, al cuestionar y al cuestionarse. También surge así la transgresión y con ella, la culpa por el acto. El sujeto tiene que tener lazos con las autoridades que le abran un espacio para el reconocimiento de la culpa, para responsabilizarse de sus transgresiones. Los dispositivos del poder tienden a excluir al sujeto, dejándolo como objeto. No surge su presencia, su responsabilidad y la dimensión subjetiva de la culpa. (p.44).

Posibilitar este lugar para los estudiantes y hacer lazo social, pasó a ser el principal objetivo, dándoles lugar como sujetos, sin perder la posición de adultos que cumplen su función de autoridad. Se comenzó por tratar directamente el tema con los alumnos, generar delegados del curso para acercar lo consensuado a las autoridades, escuchando sus  propuestas. Para esto, se tomaron decisiones institucionales que formalizaron los canales de comunicación: los alumnos, más allá de dialogar sobre lo acordado, tenían que presentar notas con sus propuestas. Esto permitió disminuir la confusión y las manipulaciones que algunos adolescentes hacían hacia el interior del grupo. Se hizo necesario que llegaran a acuerdos entre sí, para tener qué proponer a las autoridades.

Mientras se trabajaba desde este lugar, también se avanzó acordando con las otras instituciones educativas de la zona. Algunas no se interesaron por la propuesta de trabajar en equipo. Con otras, se logró establecer criterios de prevención, de tal modo que los alumnos estuvieran contenidos. Se realizaron reuniones con alumnos de los distintos colegios, para reflexionar sobre los riesgos de "presentación del buzo" asociado a la violencia y el consumo, especialmente del alcohol. También se hicieron lazos de trabajo en red con otras instituciones: la policía, preventores, Dirección General de Escuelas, entre otras. 

En esta línea de pensamiento, resulta relevante la posición de Karlen (2013), quien sostiene:

Es necesario que las autoridades demuestren con sus movimientos el lugar de la autoridad y así podrán intervenir de manera eficaz, para protegerla, enseñarle, y posibilitar en este lazo la transmisión de valores de respeto, pudor, con los cuales esta adolescente pueda identificarse. Hay que dar cuenta de un discurso que la ayude a ubicarse en su lugar de sujeto. (p. 45) 

En la experiencia relatada, se comenzó por realizar entrevistas con los alumnos que presentarían el buzo, en las que se les preguntaba con qué de la presentación estaban de acuerdo. Todos manifestaron no estar de acuerdo con la violencia. Además, individualmente, pudieron expresar sus situaciones personales, por ejemplo diciendo algunos que no tenían voz en el grupo de pares (pues un pequeño grupo de alumnos se imponían mediante gritos y agresiones). Al tomar conocimiento de lo que sucedía, se comenzó también a desmitificar el lugar que le habían dado a estos compañeros. Esto generó un espacio para poner en palabras su opinión y poder respetarse, hablando y sosteniendo su pensamiento frente a sus pares y adultos. 

Se constató que existían otras voces que agitaban el ambiente y generaban un discurso que conducía, como lo afirma Legendre (1996) permanentemente a la "ruptura del sujeto". Eran las voces de los exalumnos que habían participado en otras presentaciones de buzos en años anteriores, en donde la violencia había sido la característica principal. Se había creado un grupo cerrado en Facebook para imponer esos criterios y desorganizar la presentación. Como afirma Karlen (2013, p. 45): "La dimensión de la tecnología potencia los efectos y es imposible saber lo que puede pasar." No podíamos saber qué se decía en ese grupo, no teníamos acceso, pero sabíamos que existía. Lo importante no era saber lo que se decía en el grupo. Importaba estar informados de la separación del grupo y la imposibilidad de acceso al mismo. Esto daba cuenta del sometimiento a algún mandato en este orden, que se debía cumplir. De lo que ahí se decía no se podía dialogar con otros, o recibir diferentes puntos de vista. Era un discurso incuestionable. Ganem (2013) nos dice al respecto: 

La tecnología, en tanto herramienta de la cultura, entra en esta lógica. Actualmente, tiene una importante incidencia en el lazo social. Han aparecido nuevas formas de vinculación entre los sujetos, entre ellas la virtual por medio de internet y la comunicación "personal e instantánea" a través de telefonía móvil o celular. La tecnología establece diferentes maneras de hacer lazo social. Sin embargo, estas nuevas formas de comunicación, cuando son utilizadas en exceso, sin medida, conllevan la ilusión de que es posible estar con todos en todo momento. (pp. 88-89). 

Incluso, en nuestro caso deberíamos agregar, que esto incluiría la ilusión de estar "todos de acuerdo". Es decir, el grupo de alumnos que quería imponer a sus compañeros una forma de presentación del buzo asociada a la violencia, lo hacía mediante la descalificación y la agresión verbal a sus compañeros en el aula; y mediante un discurso desubjetivante en Facebook y twitter. Se sostenía la ilusión de que era imposible desvincular la violencia del evento. Todo parecía conducir a ese lugar donde los sujetos no serían respetados en sus diferencias, se los podría someter como objetos para llegar a la violencia. Karlen (2013), retomando un concepto desarrollado por Figueiredo Carneiro, explica que "transgresión asistida" son aquellos actos en los que el sujeto encuentra una autoridad que lo ampara. En estas ocasiones el adulto se ubica como autoridad constituida, como referencia que si bien autoriza, también prohíbe mediante el estatuto de saber. Señala además que cuando esto no sucede el sujeto corre el peligro de ser incorporado por ideologías que aparecen en nombre de una autoridad caprichosa. Así, el sujeto puede dejarse capturar por la desesperación de la ausencia de límites (Karlen, 2013).

La "ausencia de límites" pondría de manifiesto la ausencia de un enlace entre la dimensión subjetiva del lazo social y la autoridad, por lo tanto, no existen posibilidades de hacer cumplir la ley. Dejando al sujeto a la deriva de una referencia que permita el reconocimiento de la culpa y a la autoridad destituida de su función, imponiendo desde la fuerza la tiranía. Para evitar ese destino y como lo afirma Figueiredo Carneiro, (2009, p. 96), se decidió mantener "el dispositivo del lazo social que es donde se sostiene el sujeto en relación al cumplimiento de la ley". Se comenzó a poner límites a ese discurso desubjetivante y se mostró que se sabía de un grupo en Facebook en donde no se respetaban las diferencias. Se trató de volver a establecer el lazo que el sometimiento y la imposición habían debilitado. Ayudar a ubicarlos en su lugar como adolescentes y trasmitirles los objetivos que se escucharon en las conversaciones y charlas con ellos. 

Estar cerca significa tiempo del adulto. Entonces algunos alumnos lograron separarse de un discurso que todo lo podía, en donde los adultos habían intervenido. Esto permitió mostrarles que no es necesario someterse si se tiene otra opinión. La tarea consistió en acompañarlos para que aprendieran, entre otras 6 cosas, a respetarse. Era un modo de romper la omnipotencia del discurso y hacer referencia al adulto como autoridad y, en tanto autoridad, proporcionar criterios que dan lugar al sujeto. 

Por último, se decidió involucrar a los padres. En algunos se advertía una postura de complicidad con sus hijos, sosteniendo un supuesto lugar de "compinches", sin saber nada del desamparo, la soledad y la vulnerabilidad. Así, quedaban sujetos a sus propios límites, reducidos al lugar de pares. Al mostrar cómo ayudar a los adolescentes, se les hizo pensar a los padres, que ellos eran los primeros responsables de poner límites a sus hijos. Se les informó de los riesgos, que algunos no querían ver ni aceptar (al punto de acusar a las autoridades de exagerados y delirantes). Por otro lado, se les recordó, que si las autoridades civiles se acercaban a la escuela a preguntar sobre el evento de los buzos -en caso de que hubiera desbordes- se les informaría que los padres estaban al tanto, y se les facilitaría la información que solicitaran. Los límites también existen para los adultos. Por otro lado, se los invitó a que estuvieran presentes y fueran partícipes -con el acuerdo de las autoridades- de todo lo que se realizara dentro del colegio en relación con la presentación de los buzos. 

Posibilitar la diferencia

El resultado fue óptimo. Algunos padres ofrecieron su casa para la "previa", en la que no estuvo permitido el consumo de alcohol. Si bien algunos adolescentes se alcoholizaron fuera de la casa, se llamó a sus padres para que los fueran a buscar. Desde el colegio se les había avisado que todo estudiante que asistiera en estado de ebriedad, sería atendido inmediatamente por un servicio médico, pero también se labraría un acta con los detalles de la situación y se les pediría a los padres que lo retiraran de la escuela. Algunos padres se ofrecieron a participar, contener y acompañar a los alumnos en las actividades. 

Si tuviera que nombrarse a este lazo social específico con los estudiantes mediante una frase, podría ser: "marcar la diferencia". La dijeron los alumnos, y la sostuvieron las autoridades. Porque las diferencias son las que permiten que subsista el sujeto como sujeto, y no reducido al lugar de objeto. También es cierto que debería pensarse la escuela de hoy como un lugar diferente para los alumnos. La escuela es hoy, el lugar donde se necesita formarse y crecer con límites. La escuela es un lugar de acompañamiento del adolescente desde el diálogo y la escucha. 

Cabe destacar que esta experiencia se realizó mientras desde la Dirección General de Escuelas de la Provincia se elaboraban protocolos de convivencia escolar para accionar en estas situaciones. Sin dudas, son de utilidad cuando se 7 usan para conocer y conocernos en un espacio de convivencia y de compartir. No se debe pretender que sea una forma casi mágica de evitar los conflictos. 

Después de dos años de esta intervención, la práctica de presentación de buzos continúa en algunos de los colegios involucrados, pero ha dejado de estar asociada a la violencia. Y hoy se vincula con la participación y el acompañamiento de los adultos, desde su lugar de autoridad. 

El final de la experiencia no se reduce a que los alumnos presentaron sus buzos, sin violencia, en el contexto escolar y haciendo lazo con los adultos, autoridades del colegio y padres. La experiencia concluye con que ellos comienzan a ser reconocidos por sus pares, tanto del colegio como de otras instituciones, por su opción de no asociar esta práctica a la violencia. A tal punto, que fueron invitados por el Ministerio de Seguridad de la provincia a una ponencia sobre sus propios logros, en donde ellos fueron los protagonistas. Como adultos y educadores algo ha quedado claro, y puede sintetizarse en tres puntos: 

1. Para "hacer lazo" no hay recetas, pero sí teorías que nos enseñan a desarrollar nuestras capacidades y sostener nuestra función. 

2. Las funciones no se protocolizan. 

3. Finalmente, los adolescentes que no encuentran un lugar de amparo, desde los límites y la autoridad, en sus padres y educadores, muchas veces lo buscan, siendo adultos, en un consultorio. 

BIBLIOGRAFÍA: -Figueiredo Carneiro, H. (2009). Culpa y acto de constitución y destitución del sujeto. En Gerez Ambertín, M. y otros (2009). Culpa, responsabilidad y castigo. Volumen III. Buenos Aires: Letra Viva. -Karlen Zbrun, H. y otros (2013). Violencia y consumo en adolescentes. Ell sujeto en perspectiva. Argentina: Letra Viva. -Karlen, H., Cicutto, A. y Rodríguez, A. L. (2016). Los adolescentes ante paradojas actuales. En VIIIº Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XXIII Jornadas de Investigación. Décimo primer encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2016. -Legendre, P. (1996). El inestimable objeto de la transmisión. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores.  

(*) Fernando Bertonati. 

- Licenciado en Psicología

- Profesor en Filosofía.

- Maestrando en Psicoanálisis.

- Director de la Licenciatura en Psicología de la UCA - Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación - Mendoza.

- Profesor Adjunto de Antropología Filosófica y Sociocultural de la Licenciatura en Psicología de la Universidad del Aconcagua (UDA).

Opiniones (3)
15 de agosto de 2018 | 12:12
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15 de agosto de 2018 | 12:12
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  1. Cunado no se respeta ni se hace cumplir la ley, gobierna el descontrol y la fuerza (por coacción, amenazas, patotas,etc,), toman su lugar y fuerzan a los más débiles a la esclavitud, sin derecho a voz ni voto.
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  2. No creo que sea para captar los medios. Es un problema de cultura entre los alumnos de escuelas públicas y las confesionales. Fíjense que los agresores van a la confesional y no al revés. De hecho, ambas autoridades escolares, son responsables de los alumnos hasta 700 metros de la escuela, una hora antes y una después de terminar el horario de clases. Deben llamar a la policía, la policía detener a los que se agreden y ya en comisaria llamar a los respectivos padres o tutores e interviene una fiscalía. Esto que hacen es un delito.
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  3. Lo de las peleas entre estudiantes, al decir de un adolescente conocido mío de Tunuyan, son al sólo efecto de salir en los medios y desde alli promocionarse como que están haciendo algo novedoso....se matan de la risa de lo que publican los medios.
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