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¿Y si volvemos al vino con hielo y soda?

El vino ha dejado de hablarle a la gente común. ¿Dónde quedaron las campañas de Crespi, Resero y tantos otros? Incluso hasta los lugares donde se publican los anuncios de las bodegas es en publicaciones a las que no tienen acceso los consumidores de $120 para abajo.

¿Y si volvemos al vino con hielo y soda?

Lo que pasa. Los que nos interesamos por el mundo del vino, vemos que se nos informa periódicamente el decrecimiento constante en el consumo. Comienzan recordando los años dorados de los '80 en que el argentino consumía 90 litros per cápita por año. Luego de golpe nos encontramos que en el 2014 consumimos 27 litros; en el 2015, 26; en el 2016, 24; y en el 2017, 23 litros per cápita.

Los análisis. Entonces aparecen los analizadores y/o intérpretes del fenómeno, que dicen: "la gente ahora consume más vinos finos y no tanto comunes o de mesa". "La cerveza arrasa con todo". "La intermediación voraz ha llevado los precios a las nubes". Es decir, los análisis excluyen cualquier interpretación que obligue a la industria a hacer algo para detener la caída. Todos son factores exógenos en lugar de endógenos lo que termina haciendo difícil revertir la tendencia.

Otros análisis. Hay expertos como el bodeguero y enólogo mendocino Ángel Mendoza que protesta por el endiosamiento de algunos enólogos que han llevado a confundir el concepto de "cliente" con el de "creyente". Aparece el experto Tim Atkins y nos dice: "creo que han dificultado el acceso de la gente común al vino al abusar del uso de términos técnicos como "fermentación maloláctica" o llamando a prestar atención al tartárico". La histórica experta en vinos Jancis Robinson les aconsejó a los productores de la Ribera del Duero, preocupados por la baja de consumo que pongan atención a los precios con que están pretendiendo colocar sus vinos, al par que los advierte de que la era de los vinos "a la Robert Parker" pasó.

Volvamos al vino con soda. Todo ha conducido en los últimos años a alejar el vino del común de la gente. Lógicamente, como en tantos otros órdenes de la vida, el espacio que se deja libre lo ocupa rápidamente otro producto.

Tanto nos dijeron que había que tener una mínima formación para tomar vino, que la gente sintió que la cerveza o el fernet eran lo de ellos. No les piden nada y les producen una gran satisfacción.

Atrás quedaron aquellos años '60 en que el barón Bertrand de Ladoucette ponía manos a la obra para instalar la bodega Chandon en la Argentina. Un viejo colaborador suyo contó que almorzando en un restaurante cerca de la oficina de Buenos Aires, el experto francés dijo: "Mire a su alrededor, todas las mesas tienen un sifón para agregarle soda al vino. Eso quiere decir que nos irá muy bien, porque nosotros le venderemos el vino blanco con el gas incorporado...".

Hoy basta ir a un restaurante y mirar las mesas vecinas. Seguramente se nos hará difícil encontrar un querido sifón que aligere el vino para poder seguir trabajando después de haberlo bebido.

El hielo. También aparecieron los sommeliers e hicieron su parte en alejar el vino de la gente común. Posiblemente ignoran que monstruos de la enogastronomía como el Gato Dumas, le encantaba tomar el espumoso en vaso de trago largo con hielo. Los tilingos de la época se lo reprochaban con dureza, hasta que llegó el día en que vino en una de sus visitas habituales el conde Fréderic Chandon. Gran fiesta en el Plaza Hotel de Buenos Aires. El Gato charlando amablemente con el conde, cuando ve que éste al ver pasar un mozo con una frapera, lo detuvo, metió su mano, sacó un hielo y ¡lo puso en su copa!...Todavía se recuerdan las exclamaciones del Gato llamando la atención sobre el gesto de semejante portador de apellido. Nadie volvió a reprocharle al Gato la supuesta herejía.

Los críticos de la costumbre de armonizar al vino con el hielo se olvidan que era habitual en el verano regalarse con un sabroso clericó, donde la pelea por la fruta que quedaba al final en la jarra solía ser de extremada dureza. ¿Y la sangría? Qué alguien nos cuente donde quedó esa maravillosa costumbre de beber un sangría bien hecha.

La comunicación. Aquí también es donde entran los comunicadores del vino. Cuando uno habla con gente que simplemente le agrada tomar vino y punto, suele quejarse de sentirse abrumada por lo complicada de la aproximación al vino que hacen algunos periodistas y no pocos sommeliers. El vino no le habla a la gente del común. Pareciera no interesarle su consumo.

Uno habla con grandes bodegueros e insisten en que la venta que sostiene los costos fijos sale de los vinos de gama media. Justamente es a este consumidor-cliente que no le llegan los mensajes. ¿Dónde quedaron las campañas de Crespi, Resero y tantos otros? Incluso hasta los lugares donde se publican los anuncios de las bodegas es en publicaciones a las que no tienen acceso los consumidores de $120 para abajo.

Estando en una presentación hace pocos días, compartía mi mesa con tres damas sommeliers que reaccionaron a este tipo de reflexiones embravecidas. De pronto, llega el turno de hablar al enólogo del vino que se presentaba y dijo: "habrán notado que el vino tiene una nariz poética y una boca vibrante...". ¿Alguien se imagina a aquellos obreros que hacían el asadito al mediodía con el tetra a la mano, tratando de encontrar la poesía y la vibración en un vino?

El vino ha dejado de hablarle a la gente común. Es la bebida nacional declarada por ley y los recursos que aportan los productores de vino para su promoción en el país se aplican a una publicidad confusa, con cantarolas dirigidas por Lalo Mir o Fito Páez, entre otras figuras, que sale al aire en el mes de diciembre como si el vino fuera un producto estacional reservado para las fiestas. ¡El vino es una bebida de todos los días durante todo el año!

Redondeando. La baja del consumo se explica más por la ausencia, por el no hacer, que por la presencia o el hacer de otros productos. Tímidas reacciones se notan como la decisión de una conocida bodega mendocina de sacar al mercado un vino moscatel con 9º de alcohol para competirle a cerveza. Los que hemos disfrutado de la pizza con moscato, sabemos que es una cepa amiga del sifonazo popular.

Pero falta mucho por hacer, recuperar los niveles de precios -¿a qué mercado apunta un vino de $5000 como se anda ofreciendo?- y volver a demistificar el vino. Don Ángel Mendoza alguna vez escribió: "Es increíble que se pretenda distinguir la buena o mediocre calidad del vino si la botella posee su "base cóncava o lisa". Peor cuando se piensa que los grandes vinos necesitan botellas pesadas. El vino emociona al ciudadano cuando invita a beber una segunda copa. Estos vinos no necesitan poesía". 


NOTA DE REDACCIÓN: Las opiniones vertidas en esta columna de opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no necesariamente representan el pensamiento de MDZ.  

Opiniones (4)
24 de junio de 2018 | 04:43
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24 de junio de 2018 | 04:43
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  1. Continuamente y sin pausa se ha decidido la cada dia peor calidad del vino debajo de (digamos hoy) los 120pe. Y 120 no es poco! Con las calidades actuales dejan mucho que desear y esperar que se sigs tomando de la misma forma que se podia tomar un termidor.....a 120.....
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  2. gerlabrador2101, tu vulgaridad me abochorna. En la´ristides ahora si querés cerveza tenés que ir a un irish-pub y más te vale pedir una pinta, porque si exabruptás con eso de "porrón", mejor andate a la juanbejusto, andate.
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  3. La diferencia q para la cerveza el local es un "patio cervecero" y para el vino es un "Wine bar", cuando te las das de concheto y no te da te vas quedando solo y tenés q ir a un patio cervecero para encontrar a alguien
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  4. exelente nota cuando lo entiendan los vendehumo la cosa va a cambiar para bien
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