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El mundo del vino se llenó de glamour y se vació de consumidores

Hay que hacer vino para todos los consumidores, y no para los de la burbuja de las redes sociales o los seguidores compulsivos de puntajes internacionales.

El mundo del vino se llenó de glamour y se vació de consumidores

En el afán de la búsqueda insaciable de conocer y explorar las nuevas apuestas de los hacedores argentinos, hace más de 10 años que recorro el mundo del vino con el fin de poner en valor una bebida marcada por nuestra identidad. Y si me preguntan por qué se caracterizan estos años, sin dudarlo diría que por las mutaciones.

Es sabido que la reconversión vitivinícola generó cambios importantes en la forma de concebir nuestro vino, enfocada en la calidad, en el desarrollo de nuevas zonas, en la exploración de nuevos cepajes, en la potencialidad del Malbec y en la búsqueda incesante del máximo puntaje de críticos internacionales.

Sobre este último punto, vale decir que no quedaba muy claro el interés por estos expertos y la respuesta para nosotros ingenuos en el tema era: "los puntos altos significan muchos consumidores en el mundo". Algo así como un punto de rating televisivo representa una cantidad importante de espectadores. Dijimos, esto es muy bueno entonces. Pero la cuestión de los más 90 puntos en tantos vinos no representó tanto: pérdida de más de 3 puntos en los distintos mercados internacionales. Obvio, la culpa la tiene la situación macroeconómica mundial.

Por otro lado, ante la alerta de la pérdida de consumo en un mercado interno potente como el que tenía la Argentina y la preocupación que generaba, la respuesta para nosotros ingenuos era también asumida por la industria: "a no desesperase, perdemos en cantidad, pero vamos a ganar en la calidad". Dijimos, esto es muy bueno entonces. Luego bajamos los 20 litros per capita, pero claro es la crisis de consumo actual que afecta al número.

La gran mayoría de las bodegas del mercado se enfocaron en el "segmento específico" (del cual conocemos muy poco), pero que es interesante. Chico, pero muy atractivo. Y allí aparecieron vinculados a famosos, o a gente que quiere serlo, al lujo, a lo exclusivo, a lo glamoroso. En fin, a otro nivel: un nivel que deja afuera a la gran masa de consumidores que conforman el target del producto "bebidas". Una estrategia rara, difícil de entender para nosotros ingenuos.

Por todo esto, el mix (mercado interno, promoción externa) que ha tomado el país en materia de promoción me parece un tanto peligroso. Enfocarse en desarrollar un segmento de alta gama es muy bueno, comunicar solo eso no.

Allí la tarea de comunicadores y periodistas específicos debe tener un papel relevante. Hay que para la pelota y dejar de seguir a estas corrientes marañosas en donde anda la industria, tratar de entender a todos los consumidores (no sólo a los de la burbuja de las redes sociales o al seguidor impulsivo de puntajes) y poder acercar el vino de una manera mucho más simple.

Argentina es un caso distinto en el mundo del vino. No es un país de los considerados tradicionales (Francia, Italia o España), pero tampoco es un país con la características intrínsecas del nuevo mundo (Chile, Nueva Zelanda o Australia). Los dos modelos tienen sus lógicas propias: los tradicionales con importantes mercados internos y penetración externa producto de su prestigio y tradición. Y el nuevo mundo, con una lógica de comercio exterior de gran eficacia que logra posicionarse durante grandes lapsos de tiempo.

Por lo tanto, nuestro país debe encontrar la lógica propia que le corresponde y lograr ese famoso equilibrio que reclamamos. Si es la alta gama, los grandes terroir, el Malbec y lo asombroso de estas tierras, pues seguir en ese camino con firmeza y potencia en los principales mercados internacionales. Con vinos increíbles con los que deslumbran los enólogos día a día en la Argentina.

Pero sin dudas, el mayor desafío está dado en volver a las bases en el mercado doméstico. Que esas mismas bodegas, enólogos y propietarios puedan volver a hablar de zonas más allá del Valle de Uco. La zona Este, Maipú, San Rafael, Lavalle, mismas zonas de Luján... donde hablar de vinos de $100 pesos no sea un tabú, donde la foto vaya más allá de la pareja lookeada en los viñedos hasta la familia reunida en la mesa alrededor de una botella.

Y que el glamour esté donde deba estar, para que los consumidores sepan que de vuelta pueden descorchar sin culpa. Sin sentir la necesidad de llevar un Armani o para impresionar más que disfrutar.


NOTA DE REDACCIÓN: Las opiniones vertidas en esta columna de opinión son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no necesariamente representan el pensamiento de MDZ.  

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21 de mayo de 2018 | 00:38
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