opinión

Donald Trump y Kim Jong Un, similares pero muy diferentes

El anuncio de una cumbre entre los presidentes no solo tomo por sorpresa a la opinión pública, sino también a miembros del propio gabinete de Trump.

Donald Trump y Kim Jong Un, similares pero muy diferentes

 El mandatario estadounidense Donald Trump aceptó reunirse con su par Norcoreano Kim Jong Un en el mes de mayo, en un lugar aún próximo a definirse.

En un intento predictivo sobre las posibilidades de dicha reunión, intentaremos imitar algunas herramientas similares a las que utilizó Ian Kershaw, en su libro "Decisiones Trascendentales", donde realiza una interesante comparativa entre los líderes de cada potencia durante la segunda guerra mundial, para explicar qué factores influyeron en el desenlace de la guerra. Desde lo psicológico y lo cultural, por supuesto.

Bajo esta premisa, debemos comenzar asumiendo lo obvio, y es que ambos líderes son personas radicalmente diferentes. Kim Jong Un proviene de una línea sucesoria en el máximo cargo del poder estatal, tal como su padre y su abuelo, Ostenta el poder desde hace 6 años, los cuales han estado marcados por una impronta más "violenta" o menos medida que la de sus antecesores. A los pocos años de asumir, declaro el "estado de guerra" a ante Corea del Sur, además de impulsar con mayor fervor su retórica anti-norteamericana.

En materia de opinión pública, debemos considerar que posee control absoluto de los medios de comunicación en su país. No debemos ignorar que, durante generaciones, el pueblo ha estado sometido a una fuerte campaña de propaganda gubernamental, persecución de desertores y hasta asesinatos de aquellos que se mostraron "enemigos del régimen".

Su fortaleza proviene de ser un líder indiscutido en su territorio. La exacerbación nacionalista enaltece su imagen, y esto lo logra a través de pruebas nucleares y balísticas que han terminado configurando su cuota de poder a la hora de sentarse a negociar. Su histórica alianza comercial y diplomática con China, han sido el sustento para mantener su inmunidad en el sistema internacional. En clave geopolítica, no podemos dejar de lado que ser vecino de China ha sido su "escudo" frente a una intervención militar. La guerra de la década del 50´ es evidencia más que suficiente.

En contrapartida, Trump es el presidente de una Nación históricamente democrática, donde su elección ocurrió con cierta sorpresa tanto en lo doméstico como en el sistema internacional. Proviene de ser un exitoso empresario inmobiliario, además de mostrarse como un "showman" tras el gran éxito en su reality.

A diferencia de su par norcoreano, comienza su mandato con un importante problema en materia de opinión pública, ya que la mayoría de los medios de comunicación no confían en su liderazgo, y aún menos en asuntos sensibles como este.

Gran parte de sus promesas de campaña no han podido llevarse a cabo por dos aspectos que marcan fuertemente su agenda: las limitaciones que le impone el congreso y el "establishment" que desaprueba sus (a veces insólitas) propuestas. En segundo lugar, la presión que sufre por parte de la opinión pública y los medios. Ante este escenario, resulta un líder impredecible, mayormente verborrágico (inclusive contra Kim Jong Un a través de twitter) y poco diplomático, a pesar de su carácter fuertemente negociador.

Su mayor fortaleza reside en conducir los destinos de una de las potencias más importantes del mundo. Esta carta parece no ser muy efectiva para seducir a China, el aliado que más necesita en esta contienda y que relación se ha debilitado fuertemente en los últimos años.

Teniendo en cuenta dichos aspectos, podemos concluir que la posibilidad histórica de un acuerdo, puede quedar en manos de líderes que no están a la altura de la situación. Trump, como negociador llega con las manos atadas por su propia administración. Kim, inflexible y sin posibilidades de dar marcha atrás de su programa nuclear, pasará cualquier tipo de factura a China, el actor que parece sostener el peso de una situación no deseada.

Los temas que probablemente se aborden ya tienen una fuerte impronta desde Washington, donde se subrayó que está descartado el levantamiento de sanciones. Las expectativas de Corea del Norte arrancan en un contexto inflexible y hostil por parte de Estados Unidos. Por ende, su mejor carta, la amenaza nuclear, tampoco será retirada de la mesa. Todo parece indicar que debemos prestar atención a los guiños que los presidentes hagan sobre China, y no tanto al avance formal que puedan tener en materia diplomática.

Ante un Trump que mencionó "todas las cartas están sobre la mesa", haciendo clara referencia al abanico de posibilidades de disponer de acciones diplomáticas hasta militares, pasando por un Kim Jong Un "dispuesto a todo", Pekín aparece como el promotor de la paz en la región. Imponiendo su doctrina de congelamiento: es decir, que ambos pongan en pausa su retórica belicista, quiere que la tensión en la península coreana disminuya. Off the record, China quiere a Pyongyang desmantelada en términos de amenaza nuclear, pero sin desconsolidar su régimen. Es por esto que ha sido históricamente ambivalente, y por este motivo, será la que siente las bases y marque el ritmo de la negociación. 

Cesar Sola

Analista internacional

Miembro Fundador de la Fundación Globalizar




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15 de julio de 2018 | 23:03
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