G. Conte

Parte de guerra contra el Cartel de la Obra Pública

Hay una lucha por el Quinto Poder: ¿lo es la intervención económica del Estado, Internet o lo son las empresas contratistas enquistadas?

Las batallas estratégicas de dos guerras.  Una vez al mes, Mauricio Macri confía en la visión estratégica de un ingeniero para cotejar la propia. A lo largo de una hora, contemplan y marcan un mapa del país en el que sobresalen los cursos de los principales ríos y la división política territorial. El invitado al íntimo convite se llama Pablo Bereciartúa y se trata de un ascendente funcionario que pasó se ser subsecretario, a secretario de Estado que tiene bajo su tutela la política hídrica del país. El agua, recurso cada vez más escaso en el mundo, es el botín de las guerras del futuro. Macri y Bereciartúa tienen ante sí el desafío de anticiparse a todas las batallas y ganar terreno hoy, lo más rápido posible. Ya no se trata solamente de una cuestión de soberanía frente a las amenazas del mundo, sino un desafío interno contra otra guerra: la que debe darse contra quienes han sabido configurar un esquema de enriquecimiento por intermedio de empresas que están adheridas cual peces rémora, ese bicho marino que tiene una ventosa como sombrero y que existe gracias a que le chupa nutrientes a los animales a los que se adhiere. Empresas privadas que se transformaron en monstruos asociadas no con el Estado, sino con la línea corrupta de los gobiernos y pusieron por delante la posibilidad de ganar dinero antes que la planificación estratégica y, por supuesto, el desarrollo.

¿Algo cambió? El secretario de Política Hídrica de la Nación, fue interrogado por MDZ al respecto, en vivo y en directo, con alusión a casos que involucran a empresas mendocinas. Respondió a la consulta sobre la investigación de la Oficina Anticorrupción en torno a las antiguas prácticas si no ilegales, antiéticas de empresas que tienen información privilegiada y por lo tanto, ventajas sobre el resto y terminan ganando las licitaciones y chupándose los fondos internacionales, como los del BID. Bereciartúa, presente en el programa "Otra manera" por MDZ Radio, que conduce Santiago Montiveros, respondió lacónico: "Absolutamente". Luego, dio el ejemplo de la segunda empresa pública del país, que es Aysa, "hoy opera para 14 millones de personas". Dijo qur "con las reglas que hemos establecido, desde diciembre de 2015 para acá, se han multiplicado por cuatro la cantidad de empresas que han participado de las licitaciones. De unas 25 a unas 100. Igual -acotó el funcionario de Macri- en más de 100 licitaciones que hemos hecho en dos años, el promedio de los precios con los cuales ganan las licitaciones están en promedio un 15 por ciento por debajo de los precios". Por eso dijo que "con los recursos que se hacían tres obras hoy se pueden hacer cuatro". "También -explicó- hay que analizar la demora en las obras y que la mitad del país no tenga cloacas".

Escuchá la entrevista completa:

El esquema de latrocinio VIP. Todas las batallas por el agua del futuro tienen como condición básica la eliminación de las líneas de robo a través de las obras hídricas -entre otras- que representan casi la única política pública capaz de sobrevivir a todos los gobiernos. Obras de plazos más largos de los que la ingeniería sugiere y la realidad requiere. Precios más altos de los que el mercado tiene. Intermediarios más ladrones que los que pilla la policía en sus redadas callejeras; y más astutos, infinitamente más vinculados al poder. Cámaras empresarias que rechazan el libre juego del mercado (cosa que espantaría a su gorda vaca atada durante décadas) y requieren ser veedoras anticipadas de todo, han generado una mafia a la que se suaviza con el término "cartelización de la obra pública", que ningún juez atrapa y ningún fiscal halla las pruebas, pero que se enriquece hace ricos a muchos en la cadena política, en una lógica potencial no comprobada que incluiría -claro está- no solo a funcionarios que llaman a licitación, sino hasta a los empleados y consultores que diagraman las tareas, a los que deben controlarlos, a los que tienen que descubrirlos y no pueden y los que deberían meterlos presos.

El goce  perverso de la metástasis. No hay que engañarse: muchos de los empresarios que se quejan, se quejaron o se quejarán de la corrupción, solo estan dando cuenta de que tomaron nota de cambios de gobierno o de reglas de juego, pero han disfrutado cómodamente de la metástasis que genera en todos los órdenes el tumor maligno que representa para el funcionamiento de la República y el disfrute de todos sus ciudadanos de los beneficios de la libertad.Pero añoran y esbozan nuevas formas de extender el poder acumulado durante más tiempo. Pequeñas cosas lo dejan en claro: licitaciones armadas por empleados que trabajan en diversas instancias del Estado y, también, para empresas privadas. Licitaciones de construcción que prevén, por citar un ejemplo ejemplo, hacer 200 baños que se necesitan ya mismo, pero en dos años, porque las empresas asílo quieren para no forzar su capacidad, a pesar de que otros -que podrían sumarse al juego sin ser parte del núcleo duro ganador de siempre-  podrían hacerlo, tal vez, en dos meses. El futuro se aleja como fruto de un quiste que se agiganta. La muerte de las posibilidades de desarrollo se acerca. Pero en un país formateado para robar durante décadas, es lo que hay.

Moreno mdz

"Doy fe". El testimonio de que los gritos de triunfo por ahí son solamente deseos, lo dio el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Moreno,  en diálogo con MDZ la semana pasada. En una entrevista exclusiva demostró como la empresa brasileña Odebrecht llevó este esquema de corrupción interjurisdiccional a toda América Latina y no se animó a cantar victoria. Justamente el organismo a su cargo ha financiado muchas obras que sirvieron para el sistema de latrocinio que las empresas propusieron a los políticos o viceversa, da igual: ambos sectores están igual de embarrados. Unos para sobrevivir en un país que estuvo mucho tiempo sin reglas claras. Y otros... también, para sobrevivir, pero en una vida de lujos, riquezas e influencia que probablemente, solos, con capital propio y espíritu emprendedor, jamás hubiesen conseguido. Moreno no pudo asegurar que no haya más corrupción, pero deseó que así suceda. "Corrupción ha habido siempre; la gran diferencia hoy es que ya las sociedades, las calles, no la toleran más y eso obliga a un profundo cambio en nuestros países", resaltó el colombiano en al ser consultado en la Mesa MDZ de MDZ Radio sobre el caso Odebrecht, que días atrás se cobró una nueva cabeza con la renuncia del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski. El directivo destacó que si bien aún en Latinoamérica "hay sociedades del siglo XXI con gobiernos del siglo XIX", se nota un mayor interés social por la transparencia. Al mismo tiempo explicó que si bien el BID tiene "todos los controles posibles" sobre el camino de los fondos que asigna, buscan siempre reforzarlos y mejorarlos. La entrevista a Luis Alberto Moreno en la "Mesa MDZ":

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El poder de las empresas por sobre la política. El ministro que administra la obra pública en el país, Rogelio Frigerio, también respondió a la consulta  sobre las empresas que han asumido un poder en muchos casos mayor que el de la política, aunque la política es la que paga las consecuencias de las ansias empresarias de un sector enquistado en la obra pública. Participó del programa "Cambio de Aire", por MDZ Radio y en vivo se animó a tratar el tema que es tabú para los empresarios, pero que desde el Gobierno parece encararse, ojalá que definitivamente. "Es importante que como consecuencia de una mayor concurrencia de empresas ha disminuido entre 15 y 20% los costos de la obra pública", señaló sobre las pequeñas grietas que todavía no terminan de desarmar cierto Olimpo de contratistas de la obra pública. Mirá el video de la entrevista en vivo a Frigerio:

¿Cambiaremos todos? Será difícil que el cambio sea rotundo si ese espíritu de cambio que se reunió para dar una vuelta de página en las elecciones que terminaron con la era del kirchnerismo y todo su "modelo" de gestión, no lo asume por completo la gente, la sociedad, al ciudadanía no como latiguillo, sino como norma. Muchos de los que clamaron por "un cambio" resisten a ser parte de ello, apoltronados en la comodidad de negocios que daban rédito sin hacer demasiado esfuerzo. Un empresario consultado por MDZ -entre otros seis con los que se abordó este tema- fue gráfico al hablar del "cambio". Sostuvo algo así como que "antes te pedían el 10 por ciento antes de la obra y no te garantizaban la continuidad, por lo que siempre el empresario era la parte delgada del hilo de la corrupción. En algún caso, se les ofreció el 10% de coima al final, y lo rechazaban. Cobraban por todas partes: por coima, por sobrevalorización de terrenos y materiales, por obras complementarias. Pero tampoco garantizaban poder gozar de la construcción terminada. Las empresas fuimos rehenes de empresas mayores entongadas con el Gobierno". ¿Y ahora? "Ahora no puede decirse que todo cambió, pero está cambiando, aunque las grandes empresas no aceptan esta ´democratización´ de las licitaciones y buscan cómo seguir siendo el fiel de la balanza de costos".

Los ocultos. Una cultura de endiosamiento del empresario y de rechazo a lo político hizo que quienes respondían a esta última condición se rindieran fácilmente a los parámetros orquestado desde grupos de empresas que funcionan en sistema piramidal. Los de más arriba dejando caer migas en los de abajo y todos, comiendo, más o menos, pero en forma indigna, de lo que aportan los impuestos desde la ciudadanía, y los préstamos internacionales que también terminará pagando el vulgo, de una u otra manera, y evadiendo sino eludiendo los que tienen herramientas aquí o afuera para poder hacerlo. Se trata de los ocultos del sistema. Algunos empiezan a caer con nombre y apellido, pero el anonimato popular les ha garantizado sobreviviencia, una característica que comparten con los jueces: hagan lo que hagan, pocos los reconocerán en un supermercado, a diferencia de políticos que -bien o mal- deben poner sus rostros para revalidar su trabajo cada tanto. 

El cartel de la obra pública. No seremos la Medellín de los años ´80, pero cualquiera podrá hallar similitudes si se esfuerza un poco entre el tiempo que lleva ver las series de Netflix y la cultura y comportamiento local de empresarios y empresas a su alrededor. La aparente legalidad es el telón que los protege, pero en definitiva, se trata de un tráfico incensante de información, contactos, influencias, dinero, compromisos mutuos, eventos sociales, deportes. Poder sobre el poder. De allí lo difícil del camino que hay que recorrer. Y que estos funcionarios que hoy dicen lo que aquí mostramos que piensan y sostienen, no cambien de opinión ni cambien de bando. Se trata de una serie de batallas con muchos "quintacolumnistas" dentro de las fuerzas "del bien" y hay que saber distinguir superficie de profundidad, apariencias de realidad, para poder ganar. 

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15 de julio de 2018 | 23:00
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