opinión

Honrar la vida o el consumismo

Honrar la vida o el consumismo

 "Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas". Albert Einstein

"Prometemos una vida de derroche y despilfarro, que en el fondo constituye una cuenta regresiva, contra la naturaleza y la humanidad como futuro" José Mujica

Reescribo una nota que hice años atrás, porque creo que cada vez perdemos más el sentido de lo que es vital en la vida. Parece que el mundo se inclina en esta etapa, hacía la adoración del dinero y el consumo, menospreciando lo que verdaderamente da sentido a la vida y a sus necesidades básicas, como; salud, educación, trabajo, vivienda, libertad, que son los valores y derechos humanos de primera categoría. Se justifica así la frase de Eduardo Galeano, que dice "Vivimos en un mundo en donde el funeral importa más que el muerto; la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura de envase que desprecia el contenido".

Soy un hombre maduro, por no decir viejo, que intenta reflexionar sobre la vida y la sociedad. Para la mayoría, seguramente, estaré desactualizado y tal vez es verdad, porque soñé otro mundo y otra vida para las nuevas generaciones. Intenté como muchos aportar a ese cambio desde mi juventud, por lo cual sufrimos discriminaciones y persecución. Y llego a esta etapa en donde debo admitir que estoy bastante peleado con el mundo que tanto padecemos, pero no con la vida. Extraño a viejos amigos del alma, como Luis Triviño y Jorge Contreras, con los cuales solíamos juntarnos a "filosofar", pero ya no están, pero los tengo presente siempre en mis recuerdos y seguramente compartirían mucho de lo que acá trato de expresar. No me adapto a esta sociedad consumista y en donde los avances tecnológicos se dispararon de lo humano y estas nuevas pautas culturales "del todo vale", no solo en la política, sino en la sociedad, donde la ética, la moral, la solidaridad y la coherencia, solo persisten en su mínima expresión.

Antes se sellaba un acuerdo con la palabra o un apretón de mano y hoy no alcanza ni hacerlo ante abogados o escribanos. Vivimos en un stress permanente, en una vorágine de la cual pretendemos escapar con fines de semanas largos y viajes relámpagos, que nos ofrecen "en cómodas cuotas" las empresas de turismo, buscando un respiro al agobio de los problemas cotidianos. Vivimos endeudados pagando fiestas de cumpleaños que ya no se hacen más en nuestras casas, porque parece anticuado. Fiestas de 15 que parecen casamientos, que muchos pagan durante 1 o 2 años, tengan pocos o muchos recursos a costa de no tener tiempo libre para estar con sus hijos. Fiestas de fin de curso donde la tarjeta vale $ 1.000 o más pesos por persona, y como no pagarles a los hijos cuando se reciben del secundario, un viaje a Bariloche, drogas y alcohol incluidos, o a Disneywoord, aunque signifiquen inmensos sacrificios para que los "nenes" no se sientan mal y que están fuera del sistema. Ahora algunos ofrecen a sus hijas como regalo, cirugía plástica de mamas a los 15 años, niñas que a su vez ven a sus padres y abuelos que no quieren asumir su edad, como si las arrugas fueran un pecado mortal, asistiendo a sesiones de estiramiento de piel, tratamientos faciales o cirugías plásticas que supuestamente quitan años. Fiestas donde los adolescentes o jóvenes solo se divierten si consumen alcohol, drogas, buscando paraísos artificiales, muchos de los cuales terminan en una guardia de hospital, sin que los padres sepan donde están. Previas al boliche o a las fiestas, donde algunos mercaderes de la noche, que no solo negocian con el alcohol y las drogas, sino también con el agua y la vida.

Ni hablar de no cambiar celular todos los años para no quedar desactualizados y te dicen las empresas, que si no tenés 4G estás fuera de la vida. Otros que no tienen acceso por no tener dinero, se lo apropian robando para no estar fuera del mundo. Jóvenes que viven como "zombies" tecleando el celular, mientras comen, caminan, cruzan la calle o conducen y cuando están con su pareja hacen lo mismo. No hay tiempo para hablar, ni para leer. Cuando son muy pequeños los atamos a la pata del televisor y cuando crecen a la Tablet, subiendo públicamente su vida o la de familiares y amigos.

Las zapatillas deben ser Adidas o Nike; los jean no están a la moda, si no son comprados recién envejecidos con múltiples tajos y con hilachas y si no imitan a los famosos, con tatuajes que cubren gran parte del cuerpo como el inefable Tinelli o los futbolistas. Sino no estás en la onda. Sociedad en donde muchos abuelos compramos ropa en un persa o comercios sin pensar en las primeras marcas y los nietos solo conocen lo que se vende en los shopping, en donde los estafan. Ni hablar de los que tienen cierto poder adquisitivo, que como no le van a comprar un auto a su "bebe", para evitar el transporte público, inculcándoles de esa forma que solo el consumo no te margina de la sociedad.

Recuerdo cuando un viejo amigo, que no veía desde hace mucho tiempo, llegó para mostrarme su auto nuevo y que sugerí que primero me diera un abrazo.

Como no voy a estar peleado con un mundo donde el médico pide tomografías, resonancias -muchas veces útiles por cierto- pero sin ningún trato humano y que ni sabe o se olvida a los pocos minutos como se llama el paciente y en donde la relación terapeuta se canaliza solo con las recetas que incluyen abusivamente el uso de ansiolíticos o antidepresivos, sin una palabra explicativa o un apretón de manos, que demuestre que le importas.

Cansado de ver carteles en súper mercados que entre otras cosas dicen; "sonría, está ahorrando" mientras nos estafan. Ni hablar de cuando vamos a la farmacia y vemos como aumentan los medicamentos, no por los farmacéuticos, sino por los laboratorios de productos medicinales, que tantas veces aparecen como benefactores de la humanidad, cuando sabemos que ejercen un negocio cruel. Ya nadie habla de lo que significan estas multinacionales, las mismas que participaron en el golpe de Estado a Illia, en 1966, porque sacó la ley que ponía coto a sus negocios. Nadie denuncia, ni los gobiernos de antes ni los de hoy, ni las corporaciones médicas, ni los trabajadores de la salud, como si no existieran. Y hay algunos colegas que reciben prebendas y en otros casos porcentajes para recetar determinados medicamentos. Esto lo sabemos "pero calladitos y a las buenas, como dice mi papá". Cuantos guardapolvos blancos se mancharían si se supiera. Dirán que estoy desactualizado, pero lo prefiero a ser cómplice, al igual que el que compra lo robado, no es delincuente, pero es cómplice.

Y es bueno recordarles a mis colegas y trabajadores de la salud, que es correcta la lucha por los salarios, pero si a la vez no se lucha contra los factores que distorsionan el buen ejercicio profesional, estamos faltando a nuestras obligaciones. No solo se necesitan buenos recursos tecnológicos, sino también volver a humanizar la medicina. Como anécdota, me tocó ser paciente en estos días y estar internado. Un ecografista, al cual no pude verle la cara y que todavía no ha aprendido que el saludo es gratis u otro que me hizo un ecodopler cardiaco, hablando por su celular en forma permanente, 15 minutos de los 20 que duró la prueba, sin preguntarme siquiera porque me hacían ese exámen. U otro que viene a realizar un isopado anal, sin ninguna explicación y simplemente dice, dese vuelta, sin tener en cuenta la sensibilidad del paciente.

Me duelen profundamente las muertes y discapacidades por accidentes viales, porque la vorágine "la adrenalina como dicen", la velocidad y el alcohol se cobra con vidas, sobre todo de jóvenes por la insensatez que padecemos como sociedad.

Pasan también por mi mente los innumerables chismes de modelos superficiales de la farándula con aire de intelectualidad, que promueven modas, cirugías plásticas y obscenidad de lujo frente a los de abajo que remamos como burros para sobrevivir.

La cultura de la violencia extendida como reguero de pólvora, en fiestas, en las canchas de fútbol, donde conviven con ella, dirigentes, organizaciones que hacen negocios o políticos que usan los barras bravas como si no se pudieran detectar. Podría seguir hasta el hartazgo mencionando hechos de esta sociedad moderna "que tiene más de moderna que de vida" decía Mafalda; "si esta es la posmodernidad, paren al mundo que me quiero bajar".

Y pareciera que todo esto es pequeño en un mundo en donde las guerras, el comercio de armas y por el petróleo, azotan pueblos en otras partes de la tierra, Siria, Agfanistán; Giorgia; Irán. Franja de Gaza y otras, donde como no nos toca a "nosotros" simplemente miramos para otro lado, sin que se desarrollen grandes movimientos pacifistas. Países ricos con grandes dosis de racismo y discriminación en donde a pocos les interesan los refugiados y en donde tiene más valor el dinero y el consumo que la vida de nuestros semejantes

Y en todo esto tienen mucho que ver, los que detentan el poder económico; político, sindical y social y los comunicadores, que evitan debatir todos estos temas en serio, con proyección de futuro.

Para que no nos pase lo que dice José Mujica; "Ocupamos el templo con el dios mercado, él nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas de tarjeta, la apariencia de felicidad".

Quisiera ver a nuestros dirigentes de los distintos ámbitos, debatir en serio esto que hace al destino de nuestro país y de la humanidad y no los chismes de politiquería barata o de ver solo quién tiene más corruptos en su partido o en el orden político-sindical y que no sigan haciendo bufonadas en la cubierta del Titanic.

He expresado las cosas que me duelen y agobian, con la esperanza de que les sirva a los jóvenes para repensar esta forma de vivir y que puedan recuperar ciertos valores universales, sin los cuales el destino es muy incierto.

El día que nuestras escuelas, hospitales, centros de salud, guarderías, bibliotecas o jardines maternales, tengan algo del brillo y la opulencia que tienen los bancos y las financieras, será el día que el hombre habrá comprendido, que es mucho más importante resguardar la vida y los afectos, que las cosas o el dinero -muchas veces mal habido- pueden comprar.

Opiniones (4)
21 de agosto de 2018 | 19:01
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21 de agosto de 2018 | 19:01
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  1. Lamento también informar, que por ser padre joven, no sepa en su escasa experiencia, lo que les enseñamos puertas adentro, cada día puertas afuera la sociedad se los revierte. Se lo garantizo. Uno se pasa la vida esforzándose, trabajando para el bien de los hijos y hasta que salen del secundario, va todo viento en popa, con suerte y constancia suya. Pero cuando eligen la universidad, cada disciplina, cada especialidad, los moldea a esa y los transforma de los hijos dulces, cariñosos, afables, cordiales, disciplinados al estudio, amistosos con todos, empáticos hasta con quien no conocen, caritativos y hasta dadivosos; en el perfil que cada facultad necesita de sus egresados. Es por ello, que como adoledultos (hasta los treinta), uno sufre ver cómo esa casa de estudios, los transforma en lo que quieren y el sistema y sociedad los lleva. ¿Por qué cree que son todos los médicos iguales en su relación médico paciente, los abogados, los ingenieros, los contadores, etc? Viniendo de buenas familias con don de gentes y sentido común, terminan sólo pensando en "facturar"; los DDHH; llegar por la escalera de bomberos a ser CEO; o cambian su Dios, por el dios billete. Llega uno, simplemente a pensar que se equivocó en la enseñanza, pero NO, definitivamente la sociedad, las amistades, el entorno y la facultad, los transforma en lo que Chediack bien ha definido, como la bajeza de sociedad en la que vivimos. No pierda sus esperanzas conta, pero prepárese, para ver cómo transforman a sus hijos, en sus propias narices. ¡Llegará a desconocerlos! De hecho, sentirá culpa, pero le aclaro que no es así. Usted como tantos hicimos lo correcto, pero estas generaciones, mutan casi por el absurdo de lo que se les enseñó desde que nacieron. Dios libre a los pequeños nacidos en este siglo, porque los espera una lucha, de la que no creo, salgan bien parados. Dicen y yo veo, que esta nueva generación no se quiere ni ella misma, no son empáticos ni con sí, así es que el panorama, no es alentador. Futuro triste para la sociedad. Y no he tenido en cuenta, los desnutridos, ni desvalidos, ni los abandonados, ni los sin padres, ni los drogadictos, ni los que por diversas causas la sociedad los ha marginado, o se auto marginaron, me he referido a los que han recibido buena educación desde sus hogares.
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  2. Nosotros como padres somos culpables de todo esto, por no saber educar a nuestros hijos. Yo me esfuerzo porque no sea así y espero lograrlo por mis hijos. Si cada uno hace lo mismo, planificando y construyendo una familia como debe ser el mundo sería óptimo. El ser humano corrupto y débil termina en todo lo que menciona la nota.
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  3. Creí que era el único que me sentía así. La diferencia con usted, es que yo me resisto, cada vez y en cada caso, sean las veces necesarias que sean al día. Vengo de la calle, y con semáforo para los peatones una mujer pasa en rojo y casi nos levanta a todos los que cruzábamos a pié. La mayoría, alegres porque no los había matado, yo puteando mientras la conductora miraba alejándose por el retrovisor. Uno me dice, ¡No vale la pena! Y yo le dije. No sé la suya, pero mi vida sí lo vale y esa la puso en riesgo. Y todo sigue así................como que a nadie le importa nada. Lo lamento por usted, pero si su esperanza está en los jóvenes de hoy, pierde el tiempo. Ellos se importan ellos y nadie más.
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  4. Tiene toda la razón, Dr, y hace muy bien en decirlo. A los gritos, debiera decirlo, pero me temo que no servirá de mucho. Me late que esta crisis es terminal. Ud no se amargue, pocos he conocido con una vida tan plena y fructífera como la suya. Tiene todo mi respeto y el de muchos que son mucho más significativos que yo, que soy nadie. Saludos
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