opinión

La sombra de Francia sobre el acuerdo Mercosur-UE

La sombra de Francia sobre el acuerdo Mercosur-UE

Llegaba fin de año y los países miembros del Mercosur estaban listos para brindar y festejar, que tras años sinuosos se concretaría el acuerdo del bloque con la Unión Europea (UE). Las negociaciones comenzaron dos décadas atrás, aunque recién fue en 2010 cuando el tenor de las charlas cambió y se empezó a forjar el sueño de la conclusión del pacto. A fines de 2017, ese sueño parecía estar más próximo que nunca a concretarse. Mientras Argentina festejaba estar al mando de la presidencia rotativa del G20, Mauricio Macri estaba a punto de ganar otra batalla en su deseo de "volver al mundo". Sin embargo, un actor inesperado frenó nuevamente el acuerdo, imponiendo desde el viejo continente, nuevas reglas a las cuales el Mercosur debería adaptarse.

El acuerdo se dilató. Mientras expertos europeos aseguraban que no había más tiempo que perder; el mandatario francés, Emmanuel Macron, quien supo sorprender al público con su triunfo en las elecciones, volvió a causar revuelo al cambiar el rumbo de las negociaciones. Sus declaraciones fueron contundentes: para que se concluya el acuerdo, el Mercosur deberá respetar los estándares de calidad medioambientales, sociales y sanitarios por los que se rige Francia. Lo cierto es que condiciones impuestas para la posible conclusión del pacto, están influenciada por las duras críticas que recibió el presidente por parte del sector agropecuario en su propio país. El clima viene caldeado desde hace rato, aunque días atrás los agricultores se plantaron cara a cara frente a Macron, en el Salón de la Agricultura, cumbre máxima del sector, con dos reclamos explícitos: No al Mercosur y No a la prohibición del glifosato.

El primero de los reclamos tiene que ver con la amenaza que sienten los ganaderos franceses frente al aumento de las importaciones de carne bovina sudamericana. Según representantes del sector ganadero francés, las supuestas ‘líneas rojas', como definió Macron a aquellas demandas por parte del Mercosur que Francia no aceptaría, fueron cruzadas. Esas líneas representan las exigencias que el país europeo aceptaría con respecto a la importación de carne bovina. En un momento se habló de 70.000 toneladas, aunque la cifra se fijó en 99.000 Pero desde Sudamérica buscan ampliar la cifra a 130.ooo toneladas.

La cuota cárnica no es la única crítica a la que se enfrenta Macron. Otro de los cuestionamientos está relacionado con la posible decisión del mandatario, de prohibir el uso de glifosato, el herbicida más utilizado a nivel mundial, de acá a tres años. La idea del Macron, todavía no está definida, pero muestra una clara oposición a lo definido por la Unión Europea a fines del año pasado. Tras un largo debate, dieciocho Estados miembros votaron a favor de la extensión de la habilitación del uso del glifosato hasta fines del 2022. El debate se originó a raíz del estudio presentado en 2015 por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), con sede en Lyon, en el que se señalaba al herbicida como ‘posiblemente cancerígeno'. Sin embargo, la evidencia científica demostró lo contrario. Tras la publicación del estudio de la IARC, otras organizaciones mundialmente reconocidas como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas, entre otras, demostraron que no existe correlación entre el uso del glifosato y la carcinogénesis. Además, una investigación llevada a cabo por la agencia de noticias Reuters, reveló que la IARC editó su informe, eliminado aquellos estudios que no encontraban evidencia sobre la conexión entre el herbicida y el cáncer en humanos.

Finalmente, la Unión Europea priorizó la evidencia científica y decidió darle el visto bueno al uso del herbicida. Decisión que fue celebrada principalmente por el sector agrícola, ya que la prohibición hubiera provocado pérdidas enormes y hubiera generado un problema de doble estándar. Es decir, si la UE hubiese prohibido el uso del herbicida, se hubiera visto obligada a restringir la importación de alimentos cultivados con glifosato. Es por eso, que potencias agrícolas internacionales, como Brasil, Nueva Zelanda e incluso Argentina, siguieron de cerca el debate en Bruselas. En el caso de Argentina, el país no sólo estaba interesado en saber qué pasaría con sus exportaciones a la UE, sino también en el sustento científico de las acusaciones contra el herbicida. La decisión de la Comisión Europea, serviría de referencia, para contrarrestar los argumentos sin sustento científico que comenzaban a asomar en Argentina sobre los posibles y no probados vínculos entre el uso del herbicida y las malformaciones congénitas y el cáncer.

Sin embargo, mientras la UE le da luz verde al herbicida, Macron le da la espalda. La rebeldía de Macron de ir contra la decisión general de la Unión Europea, pone en evidencia un rasgo distintivo del mandatario a la hora de gobernar. Mientras el presidente francés le exige a los agricultores argentinos que se adecuen a los estándares impuestos por Francia; en su propio país, todavía persisten las contradicciones. ¿Cómo espera Macron estandarizar esas medidas medioambientales, si ni él mismo respeta aquellas aconsejadas por su bloque? El ejemplo del glifosato demuestra que mientras Macron presume sobre sus niveles de exigencia en cuestiones ambientales, aún no ha podido adecuarse a la evidencia científica sobre la cual se fundamentó la decisión de la UE. Frente a esto, el Mercosur debe seguir presionando para que el acuerdo concluya con condiciones justas para ambas partes, sin tener que someterse a las exigencias de un sólo país, que aún no logra adaptarse a su propio acuerdo.


Opiniones (1)
25 de mayo de 2018 | 15:59
2
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25 de mayo de 2018 | 15:59
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  1. A nosotros no nos conviene ese acuerdo . Van a inundar Brasil de baratijas subsidiadas .
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