opinión

La reforma en las Fuerzas Armadas

La reforma en las Fuerzas Armadas

 La actividad militar requiere, como la gran mayoría de las profesiones, una formación específica que normalmente demanda mucho tiempo, mucho esfuerzo e ingentes recursos.

Así como hay médicos cardiólogos, abogados penalistas o ingenieros mecánicos, también hay especialistas en las diferentes áreas del empleo militar.

A medida que se asciende en la escala jerárquica, suele suceder que la especificidad se diluye y lo que se requiere es más bien una visión abarcativa y general de la profesión. Es por eso que a los Generales se los llama así. Esta visión sólo se adquiere merced a la experiencia de muchos años de carrera, durante los cuales ese "generalista" de hoy, habrá servido en diferentes Unidades.

Entonces, no sólo conocerá profundamente su especialidad sino una buena parte de todas las demás, habrá adquirido destrezas de gestión imprescindibles y estará capacitado para dirigir y administrar diversas ramas del Servicio, sean estas operativas o no.

Este proceso de "dilución de la especificidad" ocurre en las organizaciones militares de todos los países del mundo.

Recientemente y por primera vez en nuestra historia, asumió como Jefe de Estado Mayor General de la Armada un oficial Infante de Marina, vicealmirante José Luis Villán. Como tal, éste no es "experto en buques", porque su área de pericia profesional reside en el combate y la maniobra anfibia. No obstante, lo que hoy se requerirá de él no es esa competencia específica sino una fuerte capacidad de liderazgo y una cabal visión institucional que le permita fijar metas realistas y prioridades sensatas. Sin dudas, cuatro décadas como marino le habrán brindado esas herramientas.

Acelerada por la tragedia del Submarino San Juan, se ha puesto en marcha una nueva reforma de las Fuerzas Armadas. Se apuntará entre otras medidas, a profundizar la incorporación de personal civil en puestos estratégicos que no constituyan funciones de comando, designando profesionales en áreas no operativas, como las direcciones generales de Personal y Educación.

Pareciera que los criterios de formación mencionados en los párrafos anteriores no podrían ser alcanzados por un funcionario civil "injertado" en una función directiva dentro de una estructura militar. Sin embargo, esta afirmación puede resultar errónea. Tal vez, un experto civil en administración de Recursos Humanos, o en Pedagogía podría extrapolar sus conocimientos para orientar a los confundidos militares por mejores caminos, dicho esto sin ironía.

Pero para ello, será necesario que esos eventuales puestos directivos sean concursados y asignados a profesionales idóneos de toda idoneidad o mejor aún, que estos civiles desarrollen dentro de las Fuerzas, una carrera vinculada con su área de conocimiento y lleguen por mérito propio a puestos directivos. 

No debería consentirse la aparición de una nueva bolsa de trabajo para la política, y que tal como sucede habitualmente, "la militancia" sea un valor más ponderado que el auténtico conocimiento.(*) Capitán de Navío (re). Veterano de la Guerra de Malvinas. 

Opiniones (3)
19 de junio de 2018 | 00:09
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19 de junio de 2018 | 00:09
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  1. Este artículo, sobre la reforma de las Fuerzas Armadas, considero que es menos que mediocre. La simplicidad con que se trata un asunto tan importante para el Estado, no hace más que dejar en la mayoría de sus lectores una idea muy vulgar sobre el tema. Quién escribe, demuestra tener muy poco conocimiento de lo que es, por dar un ejemplo, el funcionamiento de las área de Personal y Educación en una fuerza armada. Ambas, funcionan y se desarrollan bajo un concepto sistémico que abarca todos los niveles de la conducción de dicha fuerza. Y cuando hablamos de niveles de la conducción nos referimos a responsables "militares" que deben cumplir su misión de "personal" y "educación" desde lo más básico hasta la alta conducción "militar". Asimismo, Personal y Educación no son un fin en sí mismo. Su razón de ser es, y será siempre, el de apoyar a la Fuerza en su preparación para la guerra. Es así que, la participación de civiles, dentro de estas responsabilidades militares, no hace más que confundir y aborrecer el fin último de una fuerza armada.
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  2. Excelente, desarrollo lo explicitado por San Ignacio. Solo debe agregarse que los que deben hacer y estar en defensa, deben ser idóneos y con capacidad para hacerlo... no debe ser Defensa, un recinto donde van a parar algunos amigos y pinta paredes, que solo hacen calentar un sillón y recibir mensualmente, suculentos sueldos, sin tener la más puta idea de lo que es defensa y de los planes que deben desarrollar las Fuerzas Armadas, para su equipamiento y para sus actividades!
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  3. Yo creo que no puede encararse ninguna reforma de las fuerzas Armadas, sin definir que perfil de país necesitamos. Vivimos en el extremo Sur del continente americano, lo cual en apariencia y por ignorancia, nosotros no tendríamos hipótesis de conflictos, pero esa visión estrecha de la dirigencia política desde Alfonsín hasta la fecha, nos ha dejado prácticamente en un estado de indefensión sin precedentes. La Organización Militar diseñada por el General Riccheri obviamente quedo desactualizada. En primer lugar se tiene que ordenar la Política, establecer cuáles son las políticas de Estado en materia de defensa y no que cada trastornado que asume la presidencia viene y las cambia como quien cambia una prenda de vestir. Las políticas de Estado, una vez que se tenga definido eso, y conocer quién es nuestro enemigo, y de que nos tenemos que defender, recién ahí, debemos saber con quién lo voy hacer, con que diseño bélico lo voy a ejecutar y con qué elementos la voy a llevar a cabo. Mientras tanto reformar por el solo hecho de reformar o achicar el Estado como es el criterio de este Gobierno que todo lo valora o desvalora desde el punto de vista economicista entonces vamos mal. Atado a eso está la seguridad pública, que hoy por hoy hay delitos que trascienden fronteras y necesita de una posición intermedia ya que esas acciones delictivas comprometen la Defensa del País, como lo son el trafico de drogas, el tráfico de personas, el tráfico de armas el lavado de activos, y en menor medida el trafico de piedras preciosas. Estas actividades delictivas mueven una cantidad de dinero que corrompe gobiernos, policías y jueces en todas las partes del mundo, para eso y de acuerdo a nuestra organización jurídica necesitamos fuerzas federal aptas para enfrentar esa fase intermedia que está entre la seguridad pública y la defensa nacional. Pero hoy hay una gran confusión ya que para darle el gusto al Intendente de la Ciudad de Buenos Aires se traspaso la mitad de la Policía Federal a esa jurisdicción, lo cual no estaría del todo mal, sino fuera que lo que quedo como POLICIA FEDERAL, tenga el rol definido de que es lo que va hacer, cuando lo va hacer hasta donde es su competencia. Ya que se superpone con lo que hace Gendarmería fuerza que fue creada exclusivamente para cuidar de nuestras fronteras, cosa que hoy no hace pero, si dirige el transito en las rutas del país. Esta todo por hacerse en esta materia. Desgraciadamente siempre por conveniencias y oportunismos políticos en la argentina se empieza a construir una casa desde el techo y no de los cimientos. Así nos está yendo.
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