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L. Burgoa

Y, un día, aquel enano atrevido llegó a Primera

Apenas empezó a jugar, la ropa le quedaba grande y la pelota le llegaba a las rodillas. Con 17 años cumplió el sueño de todos: jugar en Primera.

Y, un día, aquel enano atrevido llegó a Primera

En 2008 el departamento de Guaymallén estaba cumpliendo 150 años y para celebrar un aniversario tan especial llevó adelante una serie de actividades artísticas, culturales y deportivas durante todo el año. En ese marco, durante el segundo semestre se disputó un torneo de fútbol infantil en el que compitieron todas las escuelitas de la comuna.

La definición de dicho campeonato, cuyo lema era "Sólo quiero jugar", tuvo lugar en octubre en las instalaciones del Poliguay. Allí se jugaron las finales de las distintas categorías participantes y el último partido, el de la categoría 1999/2000, tuvo un sabor especial.

Boca EFI y Alianza protagonizaron un partido emotivo hasta el final. Aquella tarde no cabía un alma en el poli de la calle Gomensoro, pero no todos estaban viendo dicho partido. Sin embargo, se fue corriendo rápidamente la bola y de a poco todos fueron acercándose al alambrado y acomodándose en las pequeñas gradas para ver si los comentarios que habían escuchado eran ciertos.

Es que en Alianza jugaba un enano que causaba simpatía con sólo verlo: era bastante más bajito que el resto de sus compañeros, la ropa le quedaba grande y la pelota le llegaba casi hasta las rodillas. Pero cuando la tenía en sus pies, la descosía toda.

Agustín Manzur niño

Era rápido, habilidoso y pícaro. No había forma de pararlo, así que los rivales empezaron a entrarle un poquito más fuerte (por no decir que lo estaban cagando a patadas). En un momento fue a buscar a toda velocidad una pelota que venía picando, por lo que tuvo que saltar para intentar dominarla, y mientras iba en el aire le dieron un patadón que lo hizo revolcarse por el campo de juego de tierra. Se levantó con los ojos vidriosos pero ni se quejó, se sacudió y siguió jugando. Unos minutos después hizo un golazo de tiro libre.

Aquella final terminó empatada y se definió por penales. Y esa definición fue injusta con la figura del partido, como suele pasar habitualmente, por esas cosas del fútbol. Su disparo se estrelló en la base del palo, Alianza perdió y no había forma de consolar a esa pulguita que había sido aplaudida por todo el poli, incluso por los chicos del flamante campeón, Boca EFI, quienes fueron a levantarlo e invitaron al subcampeón a dar la vuelta olímpica todos juntos, en un gesto de juego limpio y compañerismo que es fundamental para cualquier pibe en formación.

Cuando terminó la entrega de premios le consulté a los responsables del torneo cómo se llamaba ese petiso. La diferencia que marcaba con el resto era notoria y me dio la sensación de que estaba frente a un pichón de crack y que quizás, algún día, lo vería jugando en Primera División. Hay cosas de las que me olvido muy rápido, pero el nombre de aquel enano se me quedó grabado.

Días atrás su nombre apareció en la lista de concentrados del Tomba para disputar los amistosos ante Banfield y Quilmes en Buenos Aires y, apenas lo leí, se me vino a la mente aquella calurosa tarde en el Poliguay.

Su nombre es Agustín Manzur y anoche, en la reanudación de la Superliga, cumplió el sueño de debutar en Primera, junto al defensor Brian Alferez, con la camiseta de Godoy Cruz.

Agustín Manzur

A los 38' del segundo tiempo, Diego Dabove lo llamó y lo mandó a la cancha para reemplazar a Pol Fernández. Fueron pocos minutos, pero ya empezó a escribir su propia historia.

Opiniones (3)
25 de mayo de 2018 | 08:28
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25 de mayo de 2018 | 08:28
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  1. Qué linda historia! Tiene un futuro grande por delante!
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  2. ¿Manzur? Vaya, vaya...
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  3. Crack total como jugador y más como persona.
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